El año en que el mundo vio con orgullo a los Millennials

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Han sido catalogados con características poco halagadoras, de hecho se les tacha de apáticos e indiferentes ante la situación social que les toca vivir.

También se les califica de incrédulos, las encuestas los valoran como el grupo de mayor descontento, sin una causa política o religiosa definida, sí con grados de educación superior, pero sin tanto poder económico, consumidores de tecnología que han hecho de las redes sociales su forma de vida. Sin embargo, este año ese sector de jóvenes entre 15 y 29 años le cerraron la boca a todos sus detractores, al reaccionar y tomar acción en momentos críticos donde su sociedad necesitó de ellos y con valentía, imaginación e ímpetu supieron responder. Y eso fue más que evidentes en tres lugares del mundo.

Millennials al grito de guerra / Por Ivon Alvarez Rojas

El fatídico 19 de septiembre los puso a prueba. Así como 32 años antes un terremoto se insertó en el pánico colectivo de sus padres y abuelos, esta vez un sismo de 7.1 grados en su país, México, los tomó por sorpresa pero no sin energía, pues los jóvenes, como podemos ver en los videos y fotos fueron los primeros en llegar y apoyar dispuestos a todos y sin la experiencia que tenían las generaciones antes que ellos.

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Como siempre, el gobierno llegó tarde y ellos tomaron su lugar. Organizaron brigadas de rescate en lo que llegaban los profesionales, también de inmediato apoyaron a las víctimas con carpas improvisadas que luego se convirtieron en centros de acopio al ver la magnitud de la destrucción.

Trabajaron día y noche, con sol, con lluvia para recaudar víveres y dar servicios a los damnificados, así como apoyo a los brigadistas en diversas zonas de la ciudad.

En el caso específico del sur de la ciudad, más allá de Xochimilco donde la ayuda no estaba llegando ellos fueron los precursores al organizar el envío de ayuda por medio de bicicletas y motocicletas pues los autos no podían pasar. Ese modelo se replicó a lo largo y ancho de la ciudad y se veían largas filas de chicos con sus bicis o motos esperando poder transportar víveres a alguno de esos pueblos olvidados y apartados donde la desgracia se ensañaba aún más.

Los centros de acopio con alimentos y medicinas fueron coordinados casi en su mayoría por jóvenes. Los llamados millennials pusieron sus talentos a favor de una emergencia que claramente había superado a las autoridades locales y federales.

Ellos tenían el control. Incluso semanas después del temblor ellos se repartían tareas para mantener abiertos centros de acopio y albergues para los nuevos damnificados.

Por las principales avenidas se podían ver camionetas tipo pick up llenas de ellos con sus palas y sus picos, sus cascos y una enorme disposición para ir a ayudar a donde los requirieran. Se avisaban por las redes sociales dónde se necesitaba gente o materiales. Así llegaban las cosas.

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Y la mirada de la gente de otras generaciones cambió, se acercaban mujeres y hombres que podía ser padres de cualquiera de ellos para ofrecerles comidas, agua, lo que les hiciera falta, hasta cargar su celular para que continuaran haciendo sus labores. Las miradas negativas cambiaron por miradas de orgullo y reconocimiento, de apoyo y gritos a favor. Por fin, sus padres, sus vecinos, su tíos se podían sentir orgullosos y decir a su conocidos “mi hijo, mi sobrino están ayudando”.

Y es que al ser una generación descreída no les hizo falta el papá gobierno para organizarse y sentir esta tragedia también como suya; muchos no habían pasado un sismo de este tamaño y sin embargo supieron cómo responder a la emergencia.

Porque encima de todo nos demostraron que la apatía con la que los califican no es otra cosa que hastío hacia las clases políticas, hacia la economía que tanto les ha prometido, hacia los cambios sociales que siguen siendo utopía.

Según Datavoz, quien realizó una encuesta para medir sus opiniones, los millenials “valoran positivamente la participación ciudadana”, de hecho, creen que ayudaría a disminuir conflictos en un 76 %, las marchas en un 37 % y un 26 % para consultas ciudadanas, pero increíblemente solo un 10 % para campañas virtuales.

Un chico de 22 años, de nombre Aldo, que estuvo organizando un centro de acopio en el hospital ABC al poniente de la ciudad cuenta por qué le fue imperativo salir a ayudar.

“Afortunadamente todo bien con mi familia pero un amigo que trabaja en la Condesa me llamó y me dijo que se habían caído edificios y que había gente atrapada, así que tomé mi moto e intenté dirigirme hacia allá para ver qué podíamos hacer. Pero ya no dejaban pasar”.

Más tarde, llegó a su trabajo, un famoso café dentro del hospital ABC y fue ahí donde él y sus compañeros al ver la magnitud del problema, armaron y organizaron ahí mismo un centro de acopio o de ayuda.

El centro de acopio estuvo trabajando por dos semanas en las que las motos y bicis llegaron a ser
más de 50 repartiendo víveres y comida.

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Como Aldo, cientos de jóvenes salieron a las calles de su Ciudad, de su colonia, a rescatar, cuidar y hasta llorar por lo que había y por lo que yano. Recordemos que las colonias donde más se concentran los lugares en donde los millennials conviven son justamente la Condesa y la Roma, que sufrieron bastantes daños.

Tras todo esto, muchos incluso los catalogaron como los salvadores de la ciudad, incluso generaciones por siempre aguerridas como las que se reúnen para conmemorar el 2 de octubre (la matanza estudiantil de Tlatlelolco), este año pidieron establecer un puente con estas nuevas generaciones.

El líder del comité 68, Félix Gamundi les dijo “ya levantaron la bandera, no la bajen, tenemos que reconstruir este país y es un esfuerzo sostenido”, señaló al terminar la marcha en la Plaza de las Tres Culturas.

Los millenials no son apáticos, puntualizó, simplemente están hartos de un modelo que deja poco espacio para la participación política, ahora somos testigos de su esfuerzo solidario y generoso”.

No obstante, hay voces que no son tan optimistas respecto a la participación de los jóvenes. Ese es el caso de Carlos Puig, periodista y titular del espacio informativo “A las 10, con Puig”, de Milenio TV, quien es más cauteloso en cuento la participación de dicha generación en lo sucesivo, pues afirma que ellos son igual que nosotros, que las otras generaciones, sin mucha continuidad, con mucho entusiasmo por participar en una emergencia y pertenecer a en ese momento específico. Pero no cree que sean factor de peso durante y después de las elecciones de 2018, por ejemplo.

 

Millennals en el proceso de paz / Por Sebastían Aguirre

Los millennials jugaron un papel fundamental en las negociaciones de paz entre el Gobierno y la guerrilla de las Farc, que concluyeron con la firma del acuerdo y el fin de conflicto entre ambas partes en noviembre de 2016, y ahora en el posconflicto su rol se ha hecho aún más preponderante en la construcción de una nueva sociedad.

REUTERS/Jaime Saldarriaga

No hay cifras que cuantifiquen la participación de los jóvenes en la votación del plebiscito por la paz que convocó el Gobierno el 2 de octubre de 2016 para ratificar los acuerdos alcanzados con la Farc, en el que el No obtuvo el 50,23% para derrotar al Sí, pero la Marcha por la paz, promovida tres semanas después por estudiantes de quince universidades de Colombia, detonó una presión ciudadana que culminó con la refrendación del acuerdo por parte del Congreso y la posterior firma del mismo en el Teatro Colón entre el presidente Juan Manuel Santos y el líder de las Farc, Rodrigo Londoño “Timochenko”.

En Colombia, el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas proyecta que cerca del 13% de la población se encuentra entre los 15 y los 29 años.

Históricamente, los jóvenes colombianos han tenido un comportamiento apático en las urnas; en una encuesta previa al Plebiscito, elaborada por la firma Napoleón Franco contratada por algunos medios de comunicación, el 53% de los encuestados entre 18 y 25 años manifestó no tener intención de salir a votar en esa jornada.

El politólogo de la Universidad Nacional, David Roldán, considera que los millennials colombianos son muy activos en discusiones mediadas por las nuevas tecnologías, pero que no respaldan sus afirmaciones con el voto.

Ellos “toman posición, pero con escasa formación, permitiendo la violencia en el discurso, el autoritarismo del lenguaje y la banalidad de lo público. Su participación está más mediada por emociones guiadas por la estética de los discursos de las personalidades mediáticas, que por un criterio razonado”, dice Roldán, y agrega que uno de los factores que incide en este contexto es que el sistema educativo no ha privilegiado la formación ciudadana, ni el reconocimiento de la historia como un reto estratégico para transformar la sociedad.

“Son jóvenes con amplio acceso a la información disponible en internet y redes sociales, pero con pocas capacidades de análisis para interpretar la historia sociopolítica de Colombia”, concluye el politólogo.

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Pero si en las urnas hay apatía, en otros ámbitos hay jóvenes que han asumido el posconflicto como la oportunidad para que la paz permee sectores no politizados, algunos incluso desde antes que se hablara de proceso y negociaciones de paz.

El proyecto Piece Makers fue una de las iniciativas que ejecutó Aiesec, organización juvenil con presencia en 128 países, y que en Colombia trabaja en temas de liderazgo y emprendimiento.

Elizabeth Jaraba es la presidenta ejecutiva de esta entidad en el país. En diálogo con Yahoo Noticias explicó que Piece Makers es solo uno de los proyectos que han trabajado por la paz del país, pero que su propósito no solo es hablar de paz en sí, sino participar en la construcción de una nueva sociedad desde diferentes campos: ambiental, cultural, social, justicia, entre otros.

Son 2.500 voluntarios, de distintos países inscritos en la organización, los que han arribado a Colombia para compartir sus experiencias con comunidades de los estratos sociales más vulnerables, en programas de seis a ocho semanas.

Elizabeth expone como ejemplo un proyecto en el que impactan a jóvenes que han estado en la cárcel, con quienes trabajan temas de reinserción a la vida civil.

“La paz es más que un estado en Facebook. Son acciones”, es su mensaje.

“Pasar del dicho al hecho”

Como jóvenes que invitan a otros jóvenes a trabajar por la paz se presentan los integrantes de la Red Colombiana de Jóvenes, Recojo, que tuvo su origen hace doce años, y que en la actualidad trabajan con el lema “la paz no se firma, la paz se construye”.

Bakongo Paz es el nombre de su iniciativa, que retomó el nombre de un campamento de verano que organizan todos los años, y con el que pretenden, con los jóvenes participantes, buscar maneras de resolver conflictos en el día a día de la sociedad colombiana.

Lo cuenta Diego Mantilla, del equipo directivo de Recojo, y uno de sus programas más sólidos es el de formación de agentes de paz. El pasado jueves 30 de noviembre tuvieron una charla en Bogotá, y allí fundamentan a los asistentes con herramientas que los conviertan en protagonistas del cambio.

En enero de 2017 recibieron un reconocimiento en el Foro de Davos. Allí el proyecto sobresalió por su trabajo con víctimas del conflicto, pero también con desmovilizados de los grupos guerrilleros. “Todos somos iguales”, recalca Diego Mantilla.

Los jóvenes colombianos creen en la paz, pero también con sus acciones la fomentan.

 

Millennials, entre la calle y la diáspora / Por Carlos González Nieto

“No lucho por la Venezuela que fue, sino por la que será”. Así rezaba una de las tantas pancartas que los jóvenes venezolanos enarbolaron durante los cuatro meses de protestas de 2017 en contra del Gobierno. Lo que los ha motorizado no es la añoranza de un pasado supuestamente mejor, sino más bien, gracias al poder de la información y la interactividad en las redes, saber que sus pares de otras latitudes están viviendo un presente con perspectivas reales de crecimiento individual y colectivo, a diferencia del caótico contexto donde les ha tocado crecer.

REUTERS/Jorge Silva/File Photo

Esa realidad ha empujado a muchos a la dura aventura de emigrar en busca de un mejor destino, engrosando así la cada vez más numerosa diáspora venezolana, o bien los lanzó a las calles del país para ejercer su derecho de manifestar por un cambio y resistir la feroz arremetida de policías, militares y civiles oficialistas armados. Se trata, pues, de jóvenes que toman riesgos para sortear un presente minado de problemas, aunque el precio a pagar sea el destierro o en muchos casos hasta su propia vida.

Durante los cuatro meses de protestas que enlutaron al país con más de 130 jóvenes muertos, estos millenials hicieron despliegue no solo de coraje: demostraron también que saben cómo conectarse y organizarse; dominan los
recursos comunicacionales a su alcance –en especial las redes sociales– para difundir información, compartir ideas y coordinar actividades; su discurso es tan presencial como digital, por lo que debaten con la misma habilidad con la que montan y divulgan videos en los medios 3.0. Con sus acciones supieron generar un fuerte impacto en la opinión pública mundial.

REUTERS/Carlos Garcia Rawlins TPX IMAGES OF THE DAY

Forzados por las circunstancias a madurar muy pronto, miles de jóvenes venezolanos han dado un ejemplo de lucha contra la adversidad, más allá de los resultados, en una sociedad con crisis de confianza. Su persistencia y entrega en las calles contra la brutalidad de la represión oficial les ganó la admiración de propios y extraños. Organizados en muchos casos en torno al movimiento estudiantil, los manifestantes de este 2017 se expresaron en las calles junto a los primeros millenials que alzaron su voz hace diez años contra las arbitrariedades del régimen chavista y que hoy constituyen una nueva dirigencia política, perseguida y cercada, pero llamada a liderar eventualmente la redemocratización de Venezuela.