El alto costo de morir en Venezuela

Por Pedro Pablo Peñaloza.  Antes de impartir la bendición final, el sacerdote apela a la caridad de la feligresía y organiza una colecta especial, la segunda de este domingo de marzo. “No acostumbro a hacer estas cosas”, se excusa el padre, pero la situación obliga.

La recaudación extra busca paliar los costos del servicio funerario de la hija del señor José Calderón, el humilde bedel de la iglesia Nuestra Señora del Valle, ubicada en la parroquia El Paraíso del oeste de Caracas.

Cementerio del Este en Caracas, Venezuela (Foto: REUTERS/Marco Bello)

A las puertas del templo, Calderón, delgado, canoso y de baja estatura, escucha la petición y agradece. “Todo es muy caro, es terrible”, se queja. Dice que su hija de 39 años, enferma de epilepsia, falleció por “falta de pastillas”, atribuyendo el deceso a la escasez de medicinas que sacude a Venezuela. “Solo por llevar el cuerpo desde la morgue de Bello Monte hasta El Junquito (unos 39 kilómetros) me cobraban 4 millones de bolívares y por enterrarla otros 30 millones”, relata este hombre de 65 años en voz baja, aún estremecido por la pérdida.

En el país de la inflación más alta del mundo, es tan difícil vivir como morir. “Nosotros no escapamos de la crisis”, comenta Luis Mora, dueño de la funeraria El Cristo afincada en Catia, un barrio popular del oeste de la capital. “Esto es una cadena y cada vez que aumentan los insumos, el transporte y los salarios de los trabajadores, tenemos que trasladar esos costos a los clientes”, explica Mora, con 34 años de experiencia en este negocio.

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En el último año el índice de precios al consumidor se elevó hasta llegar a 6.147%, según la medición del Parlamento venezolano.

Aunque desde 2003 el régimen chavista impuso un férreo control de cambio, toda la economía real está sujeta a los vaivenes del mercado negro, donde un dólar norteamericano se cotiza en 230 mil bolívares. El sueldo mínimo integral que perciben trabajadores como José Calderón apenas llega a 1.307.646 bolívares al mes, equivalente a 5,68 dólares.

“En este momento un servicio funerario que incluye ataúd, traslado, preservación del fallecido y servicio de café cuesta entre 20 y 30 millones de bolívares”, estima Mora, integrante de la Cámara Nacional de Empresas Funerarias. Calculado en dólares negros, quizás no sea mucho: unos 130. Sin embargo, ese monto representa el salario de 23 meses de un obrero venezolano.

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Dolor y dólar

Los medios locales reseñan las dificultades que enfrentan los deudos. Un vocero de la federación de pensionados del estado Zulia, en el occidente del país y fronterizo con Colombia, reveló que un compañero tuvo que meter a un pariente fallecido en una bolsa negra para “tirarlo en una fosa común” por no contar con un seguro funerario.

Los entierros y las cremaciones son impagables en Venezuela (Foto: Getty)

En el llanero estado Portuguesa, en el centro del país, trascendió la noticia de un cadáver que fue dejado a las puertas de una alcaldía en señal de protesta y “desespero” porque las autoridades municipales no ayudaron a cubrir los costos del velorio y la inhumación.

La página web Runrunes ha registrado que la crisis no solo lleva a las familias a fabricar féretros artesanales, sino que ha provocado un aumento del número de personas que donan sus cuerpos al Instituto Anatómico José Izquierdo de la Universidad Central de Venezuela para sortear “los altos precios en gastos funerarios”.

Los entierros y las cremaciones son impagables en Venezuela (Foto: Getty)

“Cuando la gente acude al servicio funerario, ya tuvo que pasar con su pariente por el pago de hospital, medicinas y exámenes de laboratorio, por eso llega al final sin dinero”, argumenta Mora.

En el Cementerio del Este, el mejor de Caracas, un entierro cuesta 18 millones de bolívares (78 dólares) y la cremación 11 millones 200 mil (49 dólares). “Muchos ceros, para un asalariado es muy difícil”, reconoce el comerciante.

Un empleado de una importante red de supermercados en el país –que prefiere resguardar su identidad- cuenta que pudo hacer frente al velorio y entierro de su hijo de 14 años en diciembre de 2017 gracias a su póliza de seguros y el apoyo de la compañía donde labora desde hace dos décadas. “Sin ese respaldo, habría tenido que invertir una suma equivalente a cinco meses de mi sueldo”, apunta.

A pesar de todo el dinero consumido, el padre del adolescente fallecido destaca que “las instalaciones de la funeraria y el cementerio están deterioradas, los servicios de comida y cafetería traían porciones reducidas en comparación con el pasado, y también el horario del velorio fue restringido”.

La colecta especial de la iglesia es un testimonio de solidaridad que, en la práctica, poco resuelve. Al igual que alimentos y medicinas, en Venezuela el efectivo o papel moneda escasea y desaparece tragado por la espiral inflacionaria. El billete de mayor denominación, de 100 mil bolívares, no se ve en la calle y ha perdido 75% de su valor desde su lanzamiento en noviembre de 2017. Hoy no compra ni seis huevos.

Sin embargo, el señor Calderón tuvo suerte. La alcaldía de Caracas, controlada por el chavismo, corrió con los gastos de la cremación de su hija. “Si no es así, para mí era imposible”, confiesa aún abrumado.

La inflación no da tregua, ni permite descansar en paz.