Hacer ejercicio en el trabajo podría ayudar a prevenir las cardiopatías y el cáncer

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Pablo Martínez trabaja en una obra en el barrio de Mott Haven, en el Bronx, el 19 de mayo de 2021. (Desiree Rios/The New York Times)
Pablo Martínez trabaja en una obra en el barrio de Mott Haven, en el Bronx, el 19 de mayo de 2021. (Desiree Rios/The New York Times)

¿Es bueno para nuestra salud y nuestra longevidad levantarnos, agacharnos, subir, pasear o hacer cualquier otro tipo de esfuerzo durante las horas de trabajo? ¿O las ocupaciones extenuantes son perjudiciales para nuestro cuerpo y nuestra salud?

El sentido común podría decirnos que estar en movimiento en el trabajo debería ser beneficioso para nuestro corazón y nuestra salud, del mismo modo que salir a correr, andar en bicicleta o hacer ejercicio en el gimnasio es bueno para nosotros. Sin embargo, algunas investigaciones recientes han sugerido que el trabajo manual suele aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y muerte prematura de los trabajadores, lo que significa que los efectos de la actividad física relacionada con el trabajo podrían ser diferentes y menos saludables que los de los entrenamientos que elegimos hacer en nuestro tiempo libre.

Sin embargo, el estudio más reciente y de mayor tamaño hasta la fecha sobre la actividad física en el trabajo y la mortalidad tiene algunas buenas noticias para quienes tienen trabajos físicamente exigentes. El nuevo estudio, en el que participaron casi medio millón de trabajadores, concluye que las personas cuyos trabajos implican moverse y levantar objetos con frecuencia tienden a vivir más tiempo que aquellas cuyas ocupaciones son de escritorio. Los resultados refutan la idea de que los esfuerzos en el trabajo son de alguna manera diferentes del resto del ejercicio y, en cambio, sugieren que, siempre que sea posible, deberíamos estar en movimiento mientras trabajamos.

Algunos científicos especializados en el ejercicio físico empezaron a preguntarse hace unos años si la actividad física en el lugar de trabajo, que puede ser obligatoria, podría producir efectos fisiológicos diferentes y potencialmente menos deseables en las personas que el ejercicio en el tiempo libre. Para averiguarlo, comprobaron los datos de las encuestas sobre la actividad física laboral con los registros de mortalidad.

Según un análisis de 2018 de más de una decena de estudios relevantes, los hombres cuyos trabajos exigían levantar, cargar y realizar otras labores físicas agotadoras con frecuencia tenían un dieciocho por ciento más de probabilidades de morir de manera prematura que los hombres cuyos trabajos eran menos exigentes físicamente. (Los estudios no encontraron ninguna asociación entre las actividades laborales de las mujeres y la longevidad).

Los autores de este estudio y otros científicos calificaron sus hallazgos como una “paradoja de la actividad física”, en la que el hecho de tener que moverse en el trabajo parecía socavar la salud y la esperanza de vida de los hombres, mientras que la elección de hacer ejercicio durante las horas libres las mejoraba.

No obstante, algunos investigadores del ejercicio se mostraron escépticos. Estos científicos sospechaban que cualquier relación entre el trabajo duro y la muerte prematura podría deberse más a la vida de las personas fuera del trabajo que a sus esfuerzos en sus labores y que las investigaciones anteriores no habían controlado de manera adecuada el estilo de vida.

Por ello, para el nuevo estudio, publicado en abril en The Lancet Public Health, los investigadores de la Escuela Noruega de Ciencias del Deporte de Oslo y otras instituciones decidieron profundizar al máximo en el estilo de vida, así como en el trabajo y la duración de la vida.

Empezaron por recurrir a los datos ya recogidos por los organismos sanitarios noruegos, que, en el marco de estudios continuos, llevan décadas midiendo la salud de cientos de miles de noruegos. Esos datos incluían información detallada sobre sus historiales de trabajo y ejercicio, educación, ingresos y otros aspectos de su vida.

Los investigadores extrajeron los registros de 437.378 de los participantes en estos estudios y los clasificaron por tipos de trabajo. Algunos, como los oficinistas o los inspectores, caminaban y levantaban algo en el trabajo; otros realizaban trabajos manuales pesados, y el resto estaba más o menos sentado en sus escritorios todo el día. A continuación, los investigadores hicieron una verificación cruzada de los registros de las personas con bases de datos de décadas de seguimiento de enfermedades y muertes en Noruega.

En un primer momento, sus resultados reforzaron la idea de que los trabajos activos acortan la vida. En el transcurso de casi 30 años, los hombres con trabajos sedentarios sobrevivieron a los que a menudo caminaban o hacían algún otro tipo de esfuerzo en el trabajo. (Al igual que antes, no hubo vínculos significativos entre las profesiones de las mujeres y su longevidad).

Pero cuando los científicos controlaron escrupulosamente la educación, los ingresos, el tabaquismo, los hábitos de ejercicio y el peso de cada uno, las asociaciones cambiaron. En este análisis más completo, los hombres que eran activos en el trabajo desarrollaban enfermedades cardiacas y cáncer en menor proporción que los hombres que permanecían en el escritorio. Tanto si tendían a caminar bastante por el trabajo como si realizaban otro tipo de trabajo más extenuante, los hombres activos vivían, en promedio, aproximadamente un año más.

El estudio demuestra que “cada movimiento cuenta, independientemente de si se es activo en el trabajo o en el tiempo libre”, explicó Ulf Ekelund, profesor de la Escuela Noruega de Ciencias del Deporte, que supervisó el nuevo estudio. En cambio, los resultados también nos recuerdan, dijo, que estar sentado, incluso en cómodos escritorios o en mullidos sofás, no es saludable.

Lo que este estudio no nos dice es qué aspectos de nuestra vida, fuera del trabajo, pueden afectar más nuestra salud y longevidad ni por qué la duración de la vida de las mujeres parece no verse afectada por los esfuerzos del tiempo de trabajo. Ekelund y sus colegas esperan estudiar algunas de estas cuestiones en futuras investigaciones.

Sin embargo, por ahora, dijo, hay que suponer “que toda actividad física es beneficiosa, independientemente de si se realiza durante los tiempos de ocio, en el trabajo, en casa o durante el transporte”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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