Cómo el ejercicio afecta al metabolismo y a la pérdida de peso

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Un nuevo análisis de datos de "Perder para ganar" subraya las maneras complejas en que el cuerpo compensa cuando perdemos kilogramos. (Kendrick Brinson para The New York Times)
Un nuevo análisis de datos de "Perder para ganar" subraya las maneras complejas en que el cuerpo compensa cuando perdemos kilogramos. (Kendrick Brinson para The New York Times)

Muchos de nosotros recordamos “Perder para ganar”, el programa de telerrealidad medio popular que se transmitió durante más de una década a partir de 2004, en el cual los concursantes competían de manera vehemente para perder muchísimo peso en un corto periodo. Una de las mayores lecciones de la emisión parece haber sido que el ejercicio extremo, en conjunto con una restricción calórica draconiana, llevaba a una enorme pérdida de peso.

No obstante, la cobertura mediática de los concursantes años después parecía contar una historia diferente, sobre volver a ganar peso, un metabolismo más lento y la futilidad de intentar perder peso a largo plazo.

Ahora, un nuevo análisis científico del programa y de sus efectos, publicado el mes pasado en la revista Obesity, indica que muchas creencias sobre “Perder para ganar” podrían estar equivocadas. El análisis intenta desenmarañar lo que en realidad sucedió con el metabolismo de los participantes y por qué algunos de ellos se mantuvieron mejor que otros. También examina el papel complejo del ejercicio y si seguir activos físicamente contribuyó a que los concursantes mantuvieran su peso bajo control durante años o no.

Para aquellos que tal vez lo han olvidado, o intentaron hacerlo, “Perder para ganar” se transmitió en la cadena NBC con altos niveles de audiencia en general durante más de doce temporadas. Los participantes competían para perder la mayor cantidad de kilogramos mediante el uso de restricciones calóricas extremas y horas diarias de ejercicio agotador. En general, los “ganadores” se despojaban de decenas de kilogramos en unos cuantos meses.

La pérdida de peso tan rápida y extrema captó la atención de Kevin Hall, un investigador sénior en el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales, que es parte de los Institutos Nacionales de la Salud. Como experto en metabolismo, Hall sabía que cuando las personas pierden mucho peso en un periodo breve, suelen enviar su tasa metabólica en reposo (las calorías base que quemamos cada día tan solo por estar vivos) en caída libre. Una tasa metabólica en reposo más baja puede significar que quemamos menos calorías en general.

Antes se creía que este efecto era causado, en parte, por la pérdida de músculo durante el régimen alimentario. Al ser un tejido relativamente activo, el músculo quema más calorías que grasa y más músculo en general significa una tasa metabólica elevada. Así que Hall se preguntó: ¿los niveles desenfrenados de ejercicio durante “Perder para ganar” ayudaron a las personas que seguían una dieta a mantener su tejido muscular y conservar su metabolismo en reposo en un nivel alto, incluso cuando redujeron su ingesta calórica?

Desde hace más de una década, Hall y sus colegas comenzaron la primera serie de experimentos para descubrirlo. En un estudio de 2012, compararon a dieciséis hombres y mujeres que habían perdido mucho peso al reducir calorías, gracias a una operación de derivación gástrica, y a dieciséis concursantes de “Perder para ganar”, cuya pérdida de peso extrema implicó ejercicio y régimen alimentario. Como era de esperarse, el grupo con la derivación perdió músculo y grasa, mientras que los participantes de “Perder para ganar” conservaron la mayoría de su tejido muscular y perdieron grasa, principalmente. Sin embargo, la tasa metabólica en reposo de todos cayó a alrededor de la misma cantidad, sin importar si conservaron una buena musculatura o no.

Hall mencionó que él y sus colegas se sorprendieron con los resultados. Además, su confusión se intensificó cuando, para un estudio de 2016, volvieron a analizar a catorce de los mismos concursantes seis años después de su competencia y esperaban ver que sus metabolismos hubieran rebotado para ese entonces. El metabolismo en reposo de la mayoría de las personas que se someten a un régimen alimentario se eleva un poco después de que dejan de perder peso de manera activa y en especial si han recuperado algunos kilogramos. Las personas más corpulentas queman más calorías base que las que son más esbeltas. Para esa fecha, la mayoría de los concursantes había recuperado peso. Sin embargo, su metabolismo en reposo seguía obstinadamente lento y quemaban un promedio de 500 calorías diarias menos que antes de que aparecieran en el programa.

El año siguiente, un estudio de seguimiento concluyó que la actividad física había ayudado a algunos concursantes a evitar el aumento de peso. Si se movían o hacían ejercicio durante alrededor de ochenta minutos casi todos los días, recuperaban menos kilogramos que si se ejercitaban en pocas ocasiones. No obstante, su actividad física no estimuló su metabolismo en reposo. Quienes se ejercitaron, de hecho, mostraron los mayores declives en relación con su tasa metabólica en reposo.

Perplejo, Hall comenzó hace poco a reconsiderar los estudios de “Perder para ganar” en vista de un nuevo concepto sobre cómo el metabolismo humano funciona en esencia. Esta idea partió de un estudio influyente de 2012 que muestra que cazadores recolectores muy activos en Tanzania queman más o menos la misma cantidad relativa de calorías al día que el resto de nosotros, incluso a pesar de que ellos se mueven mucho más.

Los científicos que participaron en esa investigación postularon que los cuerpos de las personas pertenecientes a tribus deben compensar en automático algunas de las calorías que quemaron mientras cazaban en busca de alimento al reducir otras actividades fisiológicas, como el crecimiento. (Los integrantes de las tribus tendían a ser de corta estatura). De esa manera, los investigadores piensan que los cuerpos de los cazadores podían mantener bajo control el número total de calorías que quemaban al día, sin importar cuántos kilómetros anduvieran en busca de tubérculos y presas. Los científicos llamaron a esta idea la teoría del gasto energético total limitado.

Consciente de esta investigación, Hall comenzó a ver posibles paralelismos en los resultados de “Perder para ganar”. Así que, para el nuevo análisis, volvió a revisar los datos de su grupo en busca de indicios sobre si el metabolismo de los concursantes se había comportado, en la práctica, como el metabolismo de los cazadores recolectores. Encontró pistas en sus tasas metabólicas en reposo. El número se desplomó al principio del rodaje de “Perder para ganar”, notó Hall, cuando recortaron lo mucho que comían, por lo que sus cuerpos, de manera comprensible, redujeron las calorías que quemaban para evitar la inanición.

No obstante, en años posteriores, cuando los concursantes volvieron a comer como lo hacían antes, su metabolismo se mantuvo deprimido, porque, según concluyó Hall (y esto fue clave), la mayoría de ellos todavía se ejercitaban. De manera contradictoria, escribió en el nuevo análisis, la actividad física frecuente parece haberle indicado a su cuerpo que mantuviera baja la tasa metabólica en reposo, para que el gasto energético total diario pudiera ser limitado.

“Todavía es solo una hipótesis, pero parece que lo que estamos observando” en los datos de “Perder para ganar” es “un ejemplo del modelo energético limitado”, afirmó Hall.

Así que, ¿qué podría significar este replanteamiento de la historia de “Perder para ganar” para el resto de nosotros, si tenemos la esperanza de mantener nuestro peso bajo control? Lo primero y más fundamental, expresó Hall, es que indica que la pérdida abrupta y colosal de peso en general rebotará, ya que esa estrategia parece enviar a la tasa metabólica en reposo a precipitarse más de lo esperado, dado el tamaño más pequeño del cuerpo de las personas. Cuando las personas pierden peso de forma gradual en experimentos de pérdida de peso, señaló, sus cambios metabólicos tienden a ser menos drásticos.

Lo segundo y más desconcertante, si has perdido una cantidad importante de peso, al estilo de “Perder para ganar”, es probable que el ejercicio sea tanto un aliado como algo que sabotee tus esfuerzos para evitar ganar de nuevo esos kilogramos. En la nueva interpretación de Hall del control de peso a largo plazo de los concursantes, el ejercicio frecuente mantuvo baja la tasa metabólica en reposo de los participantes, pero también les ayudó a evitar el volver a ganar grasa. En esencia, los competidores que se ejercitaron más terminaron ganando menos peso, incluso a pesar de que su metabolismo en reposo relativo también era más lento.

No está claro exactamente cómo y cuándo el ejercicio les ayudó con el mantenimiento del peso, aseguró Hall. Sospecha que el ejercicio afectó el apetito de las personas de maneras que tal vez las hizo menos propensas a comer en exceso, mientras que también quemaban algunas calorías extra. Confía en desarrollar experimentos futuros para averiguar cómo el ejercicio influye en el metabolismo, para bien o para mal, comentó.

Por ahora, la lección más reverberante de “Perder para ganar” puede ser que la pérdida de peso a largo plazo, aunque desalentadora, no es inviable. Sí, la mayoría de los concursantes de “Perder para ganar” volvieron a ganar peso, aseveró Hall, pero no necesariamente cada kilogramo que perdieron. Después de seis años, la mayoría todavía pesaban alrededor del 12 por ciento menos que antes de participar en el programa, una diferencia significativa, y los exparticipantes más exitosos fueron aquellos que todavía se ejercitaban.

© 2021 The New York Times Company

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