El ejemplo de que Ayuso puede acabar engullida por Vox

Asier Martiarena
·3  min de lectura
Rocío Monasterio (d) apoyó con los votos de Vox la investidura de líder del PP de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (i). (Photo by Europa Press News/Europa Press via Getty Images)
Rocío Monasterio (d) apoyó con los votos de Vox la investidura de líder del PP de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (i). (Photo by Europa Press News/Europa Press via Getty Images)

Cuando Vox decidió saltarse las reglas del juego democrático para figurar en una campaña en la que estaba desaparecido e, incluso, amenazado con quedarse fuera de la Asamblea de Madrid, el PP, con su candidata a las elecciones de Madrid a la cabeza, decidió mirar para otro lado. Secundando las provocaciones de la extrema derecha con un tuit que intentaron hacer borrar de inmediato, y resistiéndose a condenar categóricamente las amenazas de muerte recibidas por la cúpula de interior y por el candidato de Unidas Podemos al 4-M, Pablo Iglesias y que la extrema derecha pone en duda.

Lo primero lo intentó arreglar su líder nacional, Pablo Casado, señalando que el famoso 'Iglesias, cierra al salir' se refería a la necesidad de estar en los debates. Algo que por cierto su candidata, Isabel Díaz Ayuso, ha rehuido a excepción del de Telemadrid.

Y lo segundo lo trató de maquillar su portavoz nacional, José Luis Martínez Almeida, condena las amenazas a Fernando Grande-Marlaska, María Gámez e Iglesias, pero pidiendo al líder de Podemos "no aprovecharlas para criminalizar".

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El fin de semana, el equipo de Ayuso se dio cuenta del error y, tras entender el toque de atención de la sociedad que le alertó de los peligros de arrimarse a Vox, volvió a su táctica inicial de confrontar con el presidente del Gobierno como si éste se presentara a las elecciones regionales de Madrid. Y pidiendo el voto para gobernar en solitario. Es decir, cruzando dedos para no depender de Vox. 

Porque hoy mismo ha habido otra amenaza de muerte. Con una navaja que simulaba estar ensangrentada y enviada a la ministra de Industria y Turismo, Reyes Maroto. Isabel Díaz Ayuso ha actuado rápido expresando su "condena" a los "incalificables últimos actos" y recalcando que "las amenazas a los representantes públicos no tienen sentido en un país en libertad". 

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Pero el presidente del PP, Pablo Casado, en una conferencia sobre los fondos de recuperación europeos, ha rechazado “cualquier amenaza o agresión" de forma genérica. Sin citar ni a Maroto ni al resto de afectados. Y, claro, después de lo ocurrido, sus condenas de los hechos ya no suenan tan rotundas como si las hubieran expresado el viernes.

Los populares pensaron que era una polémica zanjada, pero hoy vuelve a estar encima de la mesa. Y, sin darse cuenta, en el PP ya son un poco más rehenes de Vox. Porque ya no pueden sumarse al cordón sanitario existente. Ya no pueden desmarcarse de algo que han fomentado ellos mismos. Cada día que pasa se escoran más y se quedan sin socios con los que pactar, a excepción de la extrema derecha.

Porque, por muy grande que sea la victoria electoral de Ayuso el próximo 4-M, su única forma de retener la presidencia apunta a ser la de firmar con sangre un acuerdo de coalición con Vox. Los mismos que no paran de engullir, uno tras otro, a los dirigentes que se sumaron a ellos para la foto de Colón.

En vídeo | Ayuso aspira a un Gobierno "monocolor" con posibles fichajes de Vox y Cs

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