Un ejecutivo de Nike cuenta haber asesinado a un hombre. Pero esto es lo que omitió.

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Mariah Green, de pie, cerca de donde yace sepultado Edward David White, su tío abuelo, en West Chester, Pensilvania, el 6 de noviembre de 2021. (Kriston Jae Bethel/The New York Times).
Mariah Green, de pie, cerca de donde yace sepultado Edward David White, su tío abuelo, en West Chester, Pensilvania, el 6 de noviembre de 2021. (Kriston Jae Bethel/The New York Times).

FILADELFIA — La noche del 30 de septiembre de 1965, Edward David White, de 18 años, iba caminando hacia la casa adosada en la que vivía su familia en el barrio West Philly de Filadelfia después de haber salido de trabajar de un restaurante suburbano. David, como lo llamaban su familia y sus amigos, tenía un hijo de ocho meses de edad y su novia estaba embarazada de su hija. Pensaban casarse en la primavera.

White no llegó a su casa. Un pandillero de 16 años, tras haberse embriagado con licor barato y en busca de venganza por el asesinato a puñaladas de un miembro de su banda, le disparó con una pistola calibre .38, perforándole el corazón y el pulmón derecho. White, quien iba desarmado y no tenía antecedentes policiacos, falleció en la calle.

Su asesino logró alcanzar una vida próspera como ejecutivo en los deportes y la mercadotecnia. Su nombre es Larry Miller, quien ahora tiene 72 años y fue presidente del equipo de los Trail Blazers de Portland y director de la marca Michael Jordan de Nike. Durante más de medio siglo, mantuvo en secreto su pasado criminal, pero lo dio a conocer en fechas recientes en una entrevista con la revista Sports Illustrated y en un libro que está por publicarse.

Casualidad

En este libro, Miller se maravilla por haber tenido la suerte de salir de su antiguo vecindario. Pero, en una versión preliminar del libro a la que tuvo acceso The New York Times, nunca da el nombre de su víctima y le dedica poco espacio a considerar las devastadoras repercusiones para White, quien no llegó a tener la oportunidad de abrazar a su hija, de ver a su hijo convertirse en estrella de basquetbol de la preparatoria, ni de consentir a sus nietos. Cincuenta y seis años después de la muere de White, sus familiares afirman que Miller los ha vuelto a dejar conmocionados y desconsolados, y que los tomó por sorpresa que fueran a ser publicados el artículo de la revista y el libro.

Uno de sus familiares vio el artículo de Sports Illustrated por casualidad en internet. En el artículo se mencionaba el nombre de White, y Miller decía que pensaba comunicarse con la familia. Pero su familia afirma que aún no ha tenido noticias de él. Los familiares están molestos de que en el libro no mencionara el nombre de White ni ningún detalle de su vida. White aparece apenas como una víctima anónima, un extraño, “otro chico negro”.

White, quien fue lobato o miembro de la rama menor del Movimiento Scout, se había ganado el dinero para sus gastos ayudando a los clientes del supermercado a llevar los comestibles a su casa. También hacía travesuras. Había veces que, aunque todavía no tenía licencia para conducir, manejaba el Chevy 1960 de su hermana y una vez, después de un viaje nocturno, tuvo que explicarles a sus padres cómo había conseguido, de pronto, una canasta de comida de la casa de su abuela que vivía en Maryland. En ese entonces, sus padres mencionaron que, seis meses antes de ser asesinado, había obtenido su empleo en el restaurante por medio del programa de agrupaciones juveniles de la ciudad y que quería llegar a convertirse en chef.

A la familia le gustaría que en el libro de Miller apareciera, como mínimo, el nombre de White y su historia, de ser posible, antes de su publicación. “Jump: My Secret Journey From the Streets to the Boardroom”, escrito por Miller y su hija mayor, Laila Lacy, está programado para que William Morrow, un sello editorial de HarperCollins, lo publique en enero.

“Sabe cuál era su nombre, hónrelo; sobre todo porque usted le quitó la vida”, dijo Mariah Green, sobrina nieta de White y quien trabaja como maestra en una escuela primaria de Filadelfia.

Miller no contestó los mensajes del jueves en los que le solicitamos que hiciera algunos comentarios. Cuando nos comunicamos por teléfono, su asistente ejecutiva le pidió al reportero que enviara un correo electrónico, al cual no respondieron ni ella ni Miller. Un representante de William Morrow, la editorial, tampoco contestó los correos electrónicos en los que le solicitábamos sus comentarios.

Culpable

Miller fue arrestado la noche del asesinato. Se declaró culpable de homicidio en segundo grado, fue enviado a una prisión para delincuentes juveniles y fue liberado cuatro años y medio más tarde. Luego estuvo preso otros cinco años por una serie de asaltos a mano armada. Pero a la edad de treinta y tantos años, encontró una estabilidad en su vida descarriada, obtuvo un título de licenciatura, una maestría en Administración de Empresas y comenzó a ascender en la carrera empresarial al codearse con estrellas del deporte como Jordan y Derek Jeter y al producir desfiles de moda en los que Miss Universo y Tyra Banks trabajaban como modelos de Jantzen, la empresa de trajes de baño.

Se considera un beneficiario de la redención que es posible cuando las autoridades de las correccionales les ofrecen a los internos la capacitación, rehabilitación y esperanza y no solo un lugar donde amontonarlos.

En su libro, Miller demuestra remordimiento. Reconoce que el asesinato fue algo injustificado y sin sentido, y que no conocía a su víctima ni sabía si pertenecía a una pandilla rival. Su dolor por el asesinato “nunca disminuiría… ni debería hacerlo”, escribió Miller, “Toda la vida lamentaré su muerte”.

'Devastada'

Según Miller, al escribir el libro, comenzó a liberarse de sus pesadillas y sus migrañas. Tiene la esperanza de que ayude a que los jóvenes entiendan que las encrucijadas turbulentas de la vida no tienen por qué llevar a un callejón sin salida. Pero, aunque Miller logró seguir adelante, los familiares de White afirman que se encuentran atados al pasado.

Josaphine Hobbs, de 75 años y la madre de los hijos de White, comentó que estaba tan devastada por la muerte de White, que en el funeral intentó meterse en su tumba. Nos mencionó que dejó la escuela de enfermería para criar a sus pequeños hijos como madre soltera y que no pudo obtener, para los niños, las prestaciones del Seguro Social otorgadas a los sobrevivientes. Además, como no tenía certificado de bachillerato, no le duró mucho el empleo administrativo en una compañía de seguros.

Ha reprimido tantos recuerdos sobre el asesinato, que no se acuerda de que hubiera un acusado ni de que se hubiera dictado una sentencia.

“Creo que mi mamá nunca superó ese trauma”, comentó Azizah Arline, la hija de White y Hobbs, quien ahora tiene 55 años, es propietaria de una guardería y vive en Pennsauken, Nueva Jersey. “Eso cambió todo su esquema de vida”.

Barbara Mack, de 84 y hermana mayor de White, señaló que, al igual que otros miembros de la familia, no entendía cómo pusieron en libertad a Miller después de estar en prisión por homicidio durante solo cuatro años y medio, aunque hubiera sido menor de edad cuando cometió ese delito.

"A nadie le importan los crímenes de negros contra negros"

“Eso demuestra que en realidad a nadie le importaban los crímenes de negros contra negros”, afirmó Mack.

Comentó que por muchos años evitó pasar por la esquina de las calles 53 y Locust de ese barrio de Filadelfia, donde murió su hermano. Era demasiado doloroso para la familia incluso hablar del asesinato. Hasan Adams, de 56 años e hijo de White, quiso hacerle un homenaje a su padre al ponerle David como segundo nombre a su hijo, también llamado Hasan. Hasta que leyó el artículo de Sports Illustrated el fin de semana pasado, solo sabía que su padre había sido baleado cuando regresaba de trabajar.

“Es apabullante”, comentó Adams, quien trabaja como empleado postal en Filadelfia. “Lo que menos me imaginé es que el asesino de mi padre fuera un empresario acaudalado y exitoso y que estuviera escribiendo un libro”.

Cuando Adams intentó contárselo a su esposa, sintió que se ahogaba y no logró que le salieran las palabras.

“Ya la estaba asustando”, comentó.

Mack, la hermana de White, ha escrito a William Morrow para decirles que volver a hablar de “este acto impío hace resurgir las heridas, el sufrimiento y las lágrimas” por lo que sucedió hace décadas. Mack quiere que la editorial, y Miller, sepan que su hermano no fue solo alguien a quien un extraño le disparó sin consideración alguna, sino un adolescente a quien sus padres y sus cuatro hermanos amaban.

Barbara Mack, la hermana de Edward David White, en su casa de Filadelfia, el 5 de noviembre de 2021. (Kriston Jae Bethel/The New York Times).
Barbara Mack, la hermana de Edward David White, en su casa de Filadelfia, el 5 de noviembre de 2021. (Kriston Jae Bethel/The New York Times).

La familia de White dice que desea que Miller haga algo más que arrepentirse. Quiere algún tipo de resarcimiento: una disculpa formal, una carta, una reunión con la familia, una beca que lleve el nombre de White, tal vez alguna indemnización económica para los hijos de White otorgada con las ganancias del libro.   

A Miller se le reconoce por haber reconstruido su vida, comentó Willie Gray, un viejo amigo de la familia White de 79 años de edad y ex celador del centro penitenciario Holmesburg en Filadelfia. Pero “si en verdad quería redimirse antes de ponerse a escribir, se habría comunicado con los familiares que quedaban para contarles lo mal que se sentía y preguntarles ‘¿Pueden perdonarme de corazón?’”.

Tanto Miller como White pertenecían a familias numerosas de clase media y vivían a seis cuadras de distancia. El padre de Miller trabajaba en una fábrica que manufacturaba paneles de yeso; su madre era ama de casa. El padre de White era un pintor que trabajaba por su cuenta y que también colocaba papel tapiz; su madre era enfermera. A ninguno de estos adolescentes les gustaba la escuela.

Otra vida

Miller se describe como un alumno modelo que encontró un sentido de pertenencia y aventura dentro de una pandilla y no en un aula. Dos años después del asesinato, fue nombrado el mejor estudiante de los 157 adolescentes recluidos que recibieron el certificado de bachillerato en la institución penitenciaria.

White no se graduó del bachillerato y prefirió trabajar. Era famoso por su estilo elegante: sombrero de fieltro ladeado, gafas oscuras, pantalones de vestir con los pliegues muy marcados, botines que en la localidad eran conocidos como “la comodidad del hombre mayor”. En su teléfono, Adams guarda una fotografía de su elegante padre. 

El 30 de septiembre de 1965, de camino al trabajo, White se paró a comprar dos suéteres. Cuando regresaba a casa esa noche, se topó con Miller y algunos otros miembros de la pandilla de la avenida Cedar. Ese mes, un integrante de una banda rival de las calles 53 y Pine había matado a puñaladas a un miembro de esa misma pandilla. Miller buscaba venganza.

Miller escribe que llevaba una pistola calibre .38 que le había dado su novia. Él y tres de sus compañeros rodearon a White en la esquina de las calles 53 y Locust.

White les juró que no pertenecía a ninguna pandilla y levantó las manos. Miller le disparó en el pecho y siguió caminando, pensando que “ya había caído uno” y que “seguiría a la caza” de otro miembro de la banda rival. Pasarían décadas antes de que se reconciliara con lo que había hecho cuando asesinó “a un chico que era igual a mí”.  

Declararon muerto a White en un hospital que se veía desde la casa de sus padres. Fue enterrado a 30 kilómetros de distancia en el Parque Memorial Rolling Green en West Chester, Pensilvania, y está sepultado cerca de sus padres, George y Pearl White, y de un hermano mayor, George, hijo.

Murió antes que todos ellos. El 21 de noviembre habría sido su cumpleaños número 75.

“Yo nunca lo conocí y eso no es justo”, precisó su hija, Arline.

© 2021 The New York Times Company

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