El ejército venezolano atacó a rebeldes de las FARC para defender a jefes disidentes aliados del chavismo

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Los heridos, la mayoría por arma de fuego, fueron trasladados al Hospital Militar Guillermo Hernández Jacobsen, en San Cristóbal, estado Táchira, Venezuela
Agencia AFP

VILLA DEL ROSARIO, Colombia.- La Fuerza Nacional Armada Bolivariana (FANB) perdió este domingo a un mayor y a un teniente durante los violentos enfrentamientos contra “grupos irregulares armados colombianos”, registrados en la frontera con Colombia, en los que llegó a emplear aviones de combate y helicópteros. Varios soldados resultaron heridos y 32 guerrilleros fueron capturados mientras destruían seis campamentos y los atacantes decomisaban armas de guerra, municiones, explosivos, vehículos y drogas.

Cientos de pobladores de La Victoria, El Ripal, Guafitas, Arenales y los alrededores cruzaron el río Arauca para ponerse a salvo en el suelo colombiano. Organizaciones de derechos humanos denunciaron que los grupos irregulares secuestraron a 30 campesinos.

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“¡Su muerte no quedará impune! La FANB siempre lista para cumplir su deber constitucional, proteger al pueblo venezolano y defender nuestra soberanía”, clamó el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa.

Las autoridades venezolanas informaron que “El Nando”, uno de los cabecillas de los irregulares, fue “neutralizado”, mientras continúa el despliegue militar, con operaciones de escudriñamiento y persecución sobre el terreno.

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“En pleno desarrollo la operación Escudo Bolivariano en la frontera con Colombia, cero tolerancia a grupos armados que vengan desde Colombia, esa guerra es de ellos, ya contribuimos bastante a la paz y bien malagradecidos que son”, justificó Nicolás Maduro.

Tanto el “hijo de Chávez” como sus generales se han negado a desvelar quiénes son los “grupos irregulares colombianos” a los que han enfrentado con tanta contundencia para proteger a sus aliados, pero expertos sobre el terreno lo han revelado: se trata de grupos rebeldes que confrontan en el seno de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, Segunda Marquetalia) a los jefes disidentes Iván Márquez y Jesús Santrich, aliados del chavismo y que huyeron de Colombia tras abandonar el proceso de paz. Ambos han trasladado sus operaciones al santuario venezolano, al igual que el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que lleva años instalado al otro lado de la frontera. El gobierno colombiano denomina “Narcotalia” a estos disidentes.

“Es una acción focal contra los que no están aliados al chavismo. Se trató de la actuación contra un grupito de las FARC, no contra las FARC en conjunto ni contra el ELN, que por cierto son quienes comandan y controlan estos territorios desde hace años. Resultado lamentable al morir un oficial de la FANB tras (pisar) una mina antipersonas. Nuestro país infringe tratados internacionales como el de Otawa. Ya en 2018 denunciamos cómo en Zulia cayeron militares venezolanos por la acción de las minas del ELN”, explicó Javier Tarazona, director de la ONG Fundaredes, que define estos conflictos como una “guerra híbrida”.

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“La FANB debe explicar su política de neutralidad frente a la actuación del ELN y las FARC en territorio venezolano. ¿Por qué sólo se ataca a las disidencias de las FARC? Los tres grupos armados actúan al margen de la ley. Esto terminará arrastrando a la FANB a un conflicto armado”, advirtió Rocío San Miguel, presidenta de Control Ciudadano para la Defensa y la Fuerza Armada Nacional.

“Esta situación es consecuencia de la complicidad de Maduro con grupos armados a las que ha ofrecido refugio en Venezuela para actividades criminales”, criticó Julio Borges, quien desde el exilio funge como canciller de la presidencia encargada.

El ELN y las FARC están presentes en 20 entidades del país, con pistas clandestinas, con emisoras de frecuencia modulada, con explotaciones mineras en Amazonas y Bolívar, según FundaRedes. Diputados opositores han denunciado en reiteradas ocasiones que guerrilleros protegen las minas de oro y coltán de distintos jerarcas chavistas.

La frontera entre Venezuela y Colombia es hoy el escenario de mil batallas, el territorio más sangriento del continente, donde a la violencia habitual se añade la disputa sin cuartel de un buen número de grupos: la guerrilla del ELN, las nuevas FARC, los rebeldes de los nuevos comandantes de las FARC, Los Rastrojos, Los Pelusos (antiguos paramilitares), cárteles del narcotráfico, las hampas locales y las fuerzas armadas y policías de ambos países.

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La guerra a muerte por el poder ha obligado a los antiguos paramilitares colombianos, perseguidos por el Estado, a unificarse para luchar contra el todopoderoso ELN, que suele dejar una “firma” sobre sus víctimas: les cubre el rostro con su propia camiseta.

Sólo en 2020 se produjeron 555 enfrentamientos con 855 víctimas mortales y 208 desapariciones o secuestros, según los cálculos de FundaRedes, la ONG que ya hace años advirtió que los guerrilleros colombianos aliados de Maduro operaban con impunidad en zonas limítrofes. Tal es su vinculación con el chavismo que hasta repartían cajas de comida de los CLAP (la adaptación bolivariana de la libreta cubana de racionamiento), vigilaban los lugares en cuarentena y cobraban peaje del lado venezolano en los pasos fronterizos clandestinos.

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