EEUU vuelve al mundo, al multilateralismo y a reglas del juego; no será fácil

Agencia EFE
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Madrid, 7 nov (EFE).- La victoria de Joe Biden hace presagiar una vuelta de Estados Unidos al panorama internacional alejado de las disrupciones y bravuconadas de Donald Trump, pero también que no será fácil la vuelta al multilateralismo, a las instituciones, a las reglas del juego político y económico; el mundo ha cambiado demasiado, vaticinan analistas y expertos consultados por Efe.

Con una nueva Administración liderada por Biden, Estados Unidos tiene una oportunidad para volver al mundo, reconduciendo sus principales alianzas y reconfirmando el vínculo trasatlántico, la importancia central de la OTAN y la relevancia de la Unión Europea (UE), todos fuertemente contestados por Trump, asegura el secretario general del Aspen Institute España, José Areilza, en una entrevista con Efe.

Así, tras cuatro años de improvisaciones y desplantes, todos confían en que Estados Unidos volverá al acuerdo de París sobre el cambio climático, al acuerdo sobre el programa nuclear de Irán, a apostar por la OTAN y la UE, y a impulsar los acuerdos de libre comercio e inversiones en Europa y el Pacífico.

Se pone así fin al “repliegue de EE. UU. sobre sí mismo en una ola aislacionista que ha provocado un vacío de poder en zonas del mundo como Oriente Medio o el Pacífico que han sido ocupadas por otras potencias y que ha debilitado el multilateralismo y sembrado la desconfianza entre sus aliados”, explica.

Por eso, Areilza pronostica que la tarea a la que se enfrenta Biden “va a ser muy grande y puede ser muy importante” para Europa y para intentar afrontar de manera eficaz los grandes retos globales como la emergencia climática, el comercio, las reglas de juego de la globalización o la disuasión nuclear.

En su opinión, Trump no ha tenido una política exterior como tal, “lo que ha hecho ha sido funcionar a base de intuiciones, de gestos a veces muy erráticos” porque era algo que “nunca le ha interesado, creía que se podía gestionar con la misma mentalidad con la que se compran y vende inmuebles”.

Ahora, “cualquier gobierno que se identifique con los valores constitucionales y de la democracia tendrá mejor sintonía con Biden que con Trump, que era una anomalía: un presidente que no compartía los valores de su propia constitución”, afirma.

También Pedro Rodríguez, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas coincide en que, a lo largo de su mandato, Trump “ha ignorado por completo al 'establishment' y a los especialistas, ha hecho de su capa un sayo, ha improvisado, ha establecido vínculos con todas clase de dictadores y ha hecho cosas muy extrañas al margen de la tradición en términos diplomáticos”.

Con Biden, las cosas serán distintas, reconoce Rodríguez, quien sin embargo advierte que "nadie espera un giro copernicano", que los cambios no serán tan drásticos, ya que en su opinión, muchas de las ideas que ha introducido Trump “están ahí para quedarse porque las frustraciones a las que ha respondido son preexistentes”.

Rodríguez apunta, por ejemplo, a la rivalidad con China, la idea de que EE. UU. no puede implicarse en todas las guerras o "el que las élites no prestan atención a las verdaderas necesidades de los americanos y no les protegen con acuerdos comerciales justos. Todo eso no va a cambiar, no hay vuelta atrás, estas ideas están para quedarse".

Así, este profesor universitario cree que "va a costar volver a la 'vieja normalidad'" en materia de relaciones comerciales: "Como haya una empresa en EE. UU. que se beneficie de las tasas a las aceitunas negras, ya verás lo que va a costar", exclama.

Las negociaciones comerciales y los aranceles perderán el "espíritu punitivo de Trump, EE. UU. podrá volver a la Organización Mundial del Comercio, volver a negociar, pero les va a costar, porque la idea de que el libre comercio es una invención de las élites cosmopolitas que no tienen en cuenta al americano olvidado, es una narrativa muy poderosa que va a ser difícil de olvidar", vaticina.

Tampoco el regreso de EE. UU. al escenario multilateral será tan fácil, considera Carlota García Encina, investigadora del Real Instituto Elcano, para quien Trump ha provocado entre sus aliados "mucha incertidumbre y desconfianza que no será fácil superar".

Como tampoco es el mismo el panorama mundial hoy dominado por fenómenos que han cobrado fuerza o incluso aparecido en estos cuatro años: la voluntad decidida de liderazgo mundial de China, los nacionalismos y populismos, la pandemia y la crisis económica global “hacen imposible volver a lo que había”, apunta García Encina.

“El mundo ha cambiado mucho y EE. UU. ha perdido mucha primacía, ya no tiene la capacidad de convocar a aliados para hacer frente a una gran crisis; y habrá que volver a los cauces de antes, a la negociación, a las instituciones, a los procesos de toma de decisiones, a las reglas del juego que había antes de que Trump las hiciera saltar por los aires”, dice.

Además, la Europa que se va a encontrar Biden ha cambiado: “En estos años la UE ha construido una cierta autonomía, ha empezado a encontrar su camino como actor, con sus propios intereses, no va a volver a seguir a EE. UU. digan lo que digan; habrá que construir una relación diferente, más madura entre ambos”, considera García Encina.

Precisamente para la UE Areilza identifica otra ventaja: sin Trump, al primer ministro británico, Boris Johnson, le va a ser más difícil conseguir un acuerdo de libre comercio con EE. UU., sobre todo si no llega antes a un acuerdo razonable con la UE que proteja la unidad económica de Irlanda y los acuerdos de paz del Viernes Santo.

En este contexto, el líder británico tiene un magnífico aliciente para llegar a un acuerdo razonable con la UE que cumpla los términos del pacto de retirada, señala Areilza.

“Todavía hay margen para hacerlo y eso es una buena noticia para los europeos, incluidos los británicos”, asegura calculando que “hay tiempo porque la parte técnica está casi hecha y dependemos ahora de la voluntad política, contrarreloj, pero hay tiempo”, concluye esperanzado.

Por Cristina Lladó

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