Desesperanza entre los sudaneses ante marcha de Hamdok y la crisis económica

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Jartum, 5 ene (EFE).- Tras la reciente dimisión de Abdalá Hamdok como primer ministro de Sudán, muchas familias de este país africano viven entre la desesperanza y la incertidumbre por las consecuencias de este vacío político en medio de una gran crisis económica en uno de los países más pobres del mundo.

Aunque el acuerdo que había alcanzado Hamdok con los militares en noviembre para volver a formar gobierno un mes después haber sido depuesto por un golpe de Estado, este fue considerado una traición por quienes rechazaban la asonada.

La renuncia del primer ministro no tiene visos de acabar con las continuas protestas que convulsionan al país desde hace dos meses.

Salma Ezz al Din, una ama de casa de Jartum, indicó a Efe que las condiciones de vida en el país ya están insoportables debido a la continua subida en los precios de los bienes y servicios y criticó a los convocantes de las protestas por no incluir en sus marchas demandas para mejorar las condiciones de vida de los sudaneses.

AL Taher Ali, miembro de los comités de resistencia de Jartum que convocan las marchas contra los militares, defiende las protestas, en las que ya han muerto al menos 57 personas por la represión, según la oposición, e indica estas buscan por un estado liderado por civiles que logre justicia social para los ciudadanos y les proporcione una vida digna.

Han sido el gobierno de Hamdok y los militares en el poder quienes no se han preocupado por la vida de los ciudadanos, sostiene.

Sudán, que ocupa el puesto número 170 de 189 países en el índice de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), sufre desde hace años una crisis económica crónica que ya hizo caer al exdictador Omar al Bashir en 2019, derrocado por el Ejército tras varios meses de protestas en las calles.

A la escasez de productos básicos y una inflación disparada de más de tres dígitos se unió la crisis mundial provocada por la pandemia de covid-19.

Ahora muchos temen que la situación generada por la renuncia de Hamdok y la continuación de las manifestaciones causarán un mayor aumento de precios.

"Hay escasez de bienes por las protestas que estallaron en el país desde hace días, sobre todo porque los productores han reducido la producción como consecuencia de el cierre que se produce cada dos días en los puentes que unen el estado de Jartum debido a las manifestaciones", afirma Abdullah Ibrahim, de 55 años.

Cada vez que se convoca una protesta contra el golpe militar y en favor de un gobierno civil, las fuerzas de seguridad cortan los puentes que unen Jartum con las ciudades vecinas para dificultar el tránsito de manifestantes.

Además, agrega Ibrahim, "muchas personas ahora buscan almacenar materiales básicos, por miedo a una crisis de seguridad que afectaría negativamente el tráfico comercial y aumentaría aún más los precios".

Los sudaneses temen también el regreso de las sanciones económicas contra Sudán.

Con el fin de la dictadura de Al Bashir y, sobre todo, la salida de Sudán en 2020 de la lista negra de países patrocinadores del terrorismo de Estado Unidos, se fueron levantando las sanciones contra la nación africana y la comunidad internacional se había comprometido a ayudar a Jartum.

El golpe de Estado militar del 25 de octubre congeló esas promesas, como los 700 millones de dólares que ya había aprobado Estados Unidos para apoyar la transición.

Con la restauración de Hamdok como primer ministro para liderar un Gobierno civil pero formado exclusivamente por tecnócratas que no pudo llegar a concretar, la cúpula militar, que se reservaba el control del máximo órgano de poder de la transición, el Consejo Soberano, había recuperado temporalmente una pátina de legitimidad.

La marcha del primer ministro daña aún más el proceso de transición y recrudece la presión internacional sobre la cúpula militar, que insiste en excluir de la toma de decisiones a los partidos políticos y los representantes de la sociedad civil con los que compartía el poder hasta octubre.

El mundo les exige a los militares llegar a acuerdos con todos los actores de la sociedad civil y la denominada "troika sudanesa", compuesta por Estados Unidos, Reino Unido y Noruega, y la Unión Europea ya ha advertido que no reconocerán un gobierno designado unilateralmente por los uniformados.

Al Nur al Zaki

(c) Agencia EFE

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