EE.UU. encara los días “más peligrosos” de la evacuación de Kabul con un Biden debilitado

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Biden, durante si discurso de ayer en la Casa Blanca
JIM WATSON

WASHINGTON.- Un día después del sangriento ataque terrorista en el aeropuerto de Kabul que dejó al menos 170 muertos, incluidos 13 militares norteamericanos, según el último recuento, Estados Unidos apuró el final de la evacuación de Afganistán en un estado de máxima alerta ante el riesgo de un nuevo atentado cuando quedan apenas cuatro días para terminar de sacar a miles de personas del país antes del retiro final de las tropas norteamericanas.

Los talibanes dijeron en Twitter que habían tomado el control de una parte del aeropuerto, pero el Pentágono lo desmintió después categóricamente al reafirmar que continuaba bajo el mando de las tropas norteamericanas.

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El gobierno de Joe Biden dijo que los próximos días de la misión de evacuación serán “los más peligrosos”, y el Pentágono indicó que sacará gente hasta el final en medio de amenazas “específicas y creíbles” de un nuevo ataque Estado Islámico de Jorasán, o EI-K, la filial afgana del grupo terrorista. Aunque el ritmo de la evacuación ha menguado, y la Casa Blanca dijo que espera sacar cada vez a menos gente, miles de afganos aún se agolpaban fuera de las entradas del aeropuerto internacional de Kabul custodiados por soldados norteamericanos, una imagen calcada al blanco del atentado que una cifra de muertos.

“Esperamos que esos ataques continúen”, dijo a la prensa el general Kenneth McKenzie, jefe del Comando Central de Estados Unidos, quien aseguró que los militares tienen “la capacidad” de incluir evacuados hasta los últimos vuelos que despeguen desde Kabul.

Biden, que intenta capear la peor crisis de su presidencia, recibió en la Casa Blanca al primer ministro de Israel, Naftali Bennett, un día después de la fecha original prevista para la cita: el encuentro debió suspenderse debido al ataque en Kabul. Biden se reunió antes, a primera hora, con su equipo de seguridad de nacional y prometió “terminar con la misión”, pero evitó responder preguntas sobre Afganistán en un breve intercambio con los periodistas en el Salón Oval.

Biden, con el primer ministro israelí, Nafalti Bennett
Evan Vucci


Biden, con el primer ministro israelí, Nafalti Bennett (Evan Vucci/)

En Washington, la crisis política desatada por la caótica retirada de Afganistán crecía sobre el gobierno de Biden. Dos congresistas republicanos presentaron un pedido formal de juicio político contra el secretario de Estado, Antony Blinken, en la Cámara de Representantes, una movida que tiene casi nulas posibilidades de prosperar ya que los demócratas controlan el Congreso, pero que ofreció una señal política sobre la ofensiva de la oposición. El líder republicano en la Cámara baja, Kevin McCarthy, dejó abierta la posibilidad de llevar a Biden a un impeachment.

“Si querés ser presidente de un mundo libre, debes tener fe y confianza y seguridad. El presidente Biden perdió eso. Habrá un día de ajuste de cuentas, y tenemos un derecho constitucional”, advirtió McCarthy en una conferencia de prensa en el Capitolio cuando se le preguntó acerca de los pedidos republicanos para que Biden renunciara, o para que sea llevado a un juicio en el Congreso.

La pelea política entre republicanos y demócratas por la retirada de Afganistán puso en el centro del debate al vínculo con los talibanes. Los republicanos criticaron al gobierno de Biden por dejar en mano de los insurgentes la seguridad en los alrededores del aeropuerto de Kabul, y por haber entregado a principios de julio la base aérea Bagram, cerca de la capital, que sirvió de base de operaciones para los militares norteamericanos. Biden y sus funcionarios han repetido que no confían en los talibanes, pero dada la situación en el terreno no tienen más remedio que cooperar con ello para terminar la evacuación.

Los demócratas han cargado además contra el gobierno de Donald Trump por el acuerdo que negoció con los talibanes, y que marcó el principio de la retirada de Estados Unidos de Afganistán. El acuerdo original preveía que la salida final se realizara el 31 de mayo, y Biden luego postergó esa fecha, primero, al 11 de septiembre, y después al 31 de agosto. Biden ha reiterado que cumplirá con esa fecha, aunque a la vez pidió al Pentágono y al Departamento de Estado que preparen planes de contingencia en caso de que sea necesario estirarla.

Represalia

La Casa Blanca reafirmó que Estados Unidos irá en busca de los terroristas responsables del ataque para asesinarlos. La vocera presidencial, Jen Psaki, dijo que Biden “dejó en claro que no quiere que sigan viviendo en la Tierra”.

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El Pentágono aclaró que solo una bomba fue detonada en el atentado en uno de los ingresos al aeropuerto, y no dos, como se informó previamente. La última cifra de muertos que brindaron autoridades locales era 170, con al menos 200 heridos, un trágico saldo que colocó a la masacre entre las más sangrientas de las dos décadas de guerra en Afganistán. Los militares de Estados Unidos intentaron reforzar la seguridad en el perímetro del aeropuerto en conjunto con los talibanes, una relación forzada y teñida por la desconfianza. Hasta el viernes, alrededor de 110.000 personas, norteamericanos y afganos aliados, habían sido evacuados del país, y otras 5400 esperaban un vuelo.

El cierre de la misión de evacuación ocurría en medio de amenazas “específicas y creíbles” de un nuevo atentado, y McKenzie dijo que estaban haciendo “todo lo posible” para estar preparados.

La retirada de Estados Unidos y sus socios occidentales y el retorno de los talibanes al poder en Afganistán desató una nueva crisis de refugiados que continuará aun cuando el último avión norteamericano haya despegado de Kabul. La agencia para refugiados de las Naciones Unidas estimó que hasta medio millón de afganos podrían huir del país para fines de este año, y pidió a todos los países vecinos que mantengan abiertas sus fronteras para los que busquen seguridad.

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