Educación: un virus que hizo cambiar mucho, pero no los problemas de fondo

María Elena Polack
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La pandemia de Covid-19 cambió casi todo, pero no logró modificaciones de fondo de los problemas educativos argentinos. Desde hace tres meses está vacante la Secretaría de Educación la Nación, casi el corazón pedagógico del ministerio nacional, y la discusión sobre reabrir las escuelas no estuvo basada en debates sobre los beneficios y los perjuicios de siete meses sin ir a las aulas, sino en posiciones políticas sobre el manejo sanitario de cada distrito.

El próximo ciclo lectivo no resolverá los problemas de este año tan particular ni servirá para pensar en cómo debería ser la educación del siglo XXI: la virtualidad no es garantía de modernidad.

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En estos meses de suspensión de presencialidad se profundizaron los problemas básicos que se arrastran desde hace décadas: los chicos siguen con inconvenientes severos de comprensión de textos y de resolución de cálculos matemáticos.

La libertad de que cada provincia elija cuándo empieza las clases parece un hito novedoso, aunque varias lo deciden hace años por cuestiones climáticas. Tres ejemplos de 2020: Chubut y Mendoza iniciaron las clases el 26 de febrero, y Misiones, el 3 de marzo, sin que ningún funcionario nacional alzara la voz o el dedo para marcar diferencias. No era parejo el calendario del receso invernal ni tampoco el cierre del ciclo -nueve provincias lo tenían previsto para el 11 de diciembre y Neuquén dos días antes de Navidad-.

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Aunque al anunciar el ciclo lectivo 2020, se planteaba garantizar 180 días de clases, el almanaque mostraba que, sin ningún inconveniente, los chicos iban a lograr ir a la escuela 179 jornadas. Después vino el Covid-19 y todo quedó en suspenso. La virtualidad, una posibilidad indispensable para que los siete meses de encierro fueran lo menos nocivos posible para los estudiantes, no permite medir el tiempo y la calidad de los aprendizajes.

Y para los gremios, fue un año que les permitió evadir la responsabilidad de ver qué provincias pudieron ofrecer un mejor servicio educativo, aunque sea en cantidad de días de clase, y cuáles, no. La última clasificación de ese ítem la lideraba, en 2019, Chubut, donde los chicos apenas pudieron ir a la escuela 65 días, el resto del tiempo los gremios lo dedicaron a luchar por sus salarios.

Muchos expertos ya no hacen hincapié en la cantidad de días, sino en las horas reales que reciben los estudiantes y en la calidad de lo que aprenden. En la Argentina, ese debate tampoco llegó.