Educación. ¿Se puede recuperar el año sin presencialidad?

Silvina Vitale
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Vuelven las clases por Zoom y los encuentros a través de la pantalla
Gentileza Fotógrafos @festivalesgcba

La educación en la Argentina está concebida para la presencialidad y la suspensión de las clases durante el año pasado supuso un gran desafío para todos los niveles, desde el inicial al universitario. La educación a distancia para muchos alumnos se trató de clases dictadas a través de plataformas virtuales, para otros, tareas que llegaban por email o un video de WhatsApp, y para otro tanto, ir a buscar un cuadernillo a la puerta del colegio.

Durante 2020, si bien las escuelas priorizaron la enseñanza de contenidos, se presentaron dificultades para el aprendizaje en todos los niveles. Ya con la vuelta a la presencialidad en 2021 -a excepción de las universidades-, el sistema educativo se encuentra en plena etapa de diagnóstico, evaluando qué se aprendió en 2020, qué hay que volver a ver, qué es prioritario y qué hay que dejar a un lado y cómo integrar los contenidos propios de este año en la grilla escolar.

“No hay un relevamiento sobre cuáles fueron las áreas de mayor dificultad para los estudiantes en 2020, pero está claro que hay niveles que tienen una mayor dependencia para con los docentes, como el inicial y el primer ciclo de la escuela primaria”, señala Gabriela Azar, directora del departamento de Educación de la Universidad Católica Argentina (UCA). Además, advierte que, tanto en primaria como en secundaria, la comprensión y producción de textos, la aplicación de técnicas de estudios que facilitan la interpretación, así como la resolución de situaciones problemáticas y algoritmos operatorios son los que requieren de una mayor comprensión, explicación y ejercitación. Estos suelen ser los temas que más dificultades presentan en el aprendizaje, en especial para incorporarlos desde la virtualidad.

Sin supuestos

Para Andrea Pelliccia, directora del nivel primario del Belgrano Day School, necesariamente hay que tomar 2021 como una continuación de 2020. “No se pueden dar supuestos, no se pueden considerar contenidos propios de un nivel como aprendidos y mucho menos pensar que fueron consolidados durante el año pasado”, explica. Pelliccia asegura que, por ejemplo, el año pasado se trabajaron prácticas del lenguaje como desarrollo del lector, comprensión lectora y fue un ciclo lectivo atípico en el que todos los grados tuvieron como nunca la necesidad de la expresión oral. “Por el contrario, la escritura fue una habilidad muy difícil de abordar en la virtualidad, se perdió el papel y el lápiz, el proceso del escritor, como reedición, escritura compartida, todo eso no se pudo hacer”, sostiene. Además, asegura que los más chicos presentan hoy dificultades en el manejo del lápiz, del cuaderno, y aclara: “hoy los alumnos de segundo grado están absolutamente alfabetizados, pero muchos no aprendieron la cursiva”.

Los colegios están evaluando cómo adaptarse a la nueva realidad
Shutterstock


Los colegios están evaluando cómo adaptarse a la nueva realidad (Shutterstock/)

En cuanto a nivel inicial, para Carola Barrio, piscopedagoga del jardín de infantes del mismo colegio, la motricidad fina es lo que más se perdió, así como hay poco lenguaje en sala de dos años y en general, 2020 afectó todo lo socioemocional y vincular. “Todo esto se irá recuperando a medida que los chicos estén en el jardín con sus pares”, plantea.

Desde la escuela primaria Nro. 7 del Distrito Escolar 8, Niñas de Ayohuma, de Parque Chacabuco, Mónica Almada, su directora, sostiene que sobre todo el año pasado faltaron certezas. “El maestro presentaba actividades, pero la certeza de que eso fuera aprendido y comprendido no estaba”, afirma. “Sin embargo, el diagnóstico que hicimos este año es alentador”, añade.

Según Almada, en esta primera etapa del año el trabajo de primer grado es muy grande porque los chicos no tuvieron prácticamente jardín y hay que trabajar los hábitos, las habilidades como el uso del cuaderno, la manera de tomar los útiles escolares, “en estos aspectos notamos una diferencia importante respecto a años anteriores”, explica. “Creo que en dos meses ya va a estar recuperado, con esta presencialidad, con el compromiso de las familias y docentes, siento que se va a poder. Lo que no se pudo hacer el año pasado es recuperable, si pensáramos que no, como educadores tendríamos que corrernos de este lugar”, enfatiza.

Evaluación

Esta etapa actual de diagnóstico que se lleva a cabo en los colegios es de gran trascendencia para evaluar dónde está parado el alumno respecto a las expectativas y logros planteados para el año pasado, rever lo pendiente y avanzar. “Es muy difícil establecer cuánto puede llevar recuperar el año perdido en la presencialidad. Eso está definido por la manera en que cada escuela resignifique el proceso de enseñanza, establezca qué contenidos son relevantes para la presencialidad y cuáles hay que traccionar usando la tecnología”, explica Azar.

Si bien se trata de estudiantes ya jóvenes adultos, las mayores dificultades se evidenciaron en las áreas prácticas y en los que recién se iniciaban en la vida universitaria. Con una población de 310.000 jóvenes y adultos en sus carreras de grado y 26.000 en posgrados, en la Universidad de Buenos Aires (UBA), los problemas surgieron en las asignaturas predominantemente prácticas. “Por eso se priorizó el dictado a distancia del componente teórico y pospusimos su parte práctica. Este año, tras la aprobación de protocolos, comenzamos a dictar presencialmente estás prácticas”, asegura Alberto Barbieri, rector de la UBA.

Mientras que un segundo grupo de dificultades se manifestaron en los ingresantes. “El primer año es un momento crítico de transición, pero los cambios abruptos suscitados por la emergencia sanitaria adicionaron una nueva dificultad, tener que aprender a ser estudiante universitario en la virtualidad”, explica el rector de la UBA. Para eso, casa de estudios fortaleció sus programas de orientación y creó el sitio enlace.uba.ar, para acceder a cursos cortos.

Por su parte, el doctor en educación y profesor e investigador del área de educación de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), Marcelo Rabossi, sostiene que el impacto de la pandemia en la universidad es de una escala muchísimo menor a lo que ocurrió en las escuelas primaria y secundaria: “estamos trabajando con adultos y la capacidad de concentrarse y conectarse e incorporar los conocimientos es mucho mayor y más fácil”.

“No se ha visto una deserción en los niveles en que, si ha ocurrido en el primario sobre todo en la población de bajos recursos”, advierte. Coincide en que al principio hubo problemas con las carreras y materias que incluían prácticas en talleres o laboratorios, pero esto se fue incorporando y recuperando. “Creo que, en definitiva, para la universidad está siendo una experiencia positiva. A la universidad la pandemia le hizo dar un salto temporal de diez años”, sentencia Rabossi.