Eduardo López. “Las escuelas deberían ser lo último en cerrar y lo primero en abrir”

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El infectólogo Eduardo López
ALEJANDRO GUYOT

Eduardo Lopez no necesita Linkedin porque solo su nombre es sinónimo de respeto en el ambiente médico. Es infectólogo, tiene 75 años y casi una vida trabajando en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, al que entró como residente y hoy considera su segundo hogar. Es titular de la Cátedra de Vacunas en la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador y director de la carrera de Médico especialista en infectología de la UBA. Desde marzo pasado es también, como lo fue en el 2009 con la gripe A, miembro del comité de expertos que asesora al gobierno nacional en el manejo de la pandemia de coronavirus COVID-19.

-Dentro del comité de asesores médicos y científicos que aconsejan al gobierno, usted siempre fue partidario de una cuarentena veloz cuando había relativamente pocos casos en el país. ¿Por qué?

-En un principio fui muy partidario de la cuarentena para ordenar el sistema de salud, que estaba realmente desmantelado, y también para poder ver exactamente qué estaba pasando en Europa y cómo nos podía impactar. De hecho, me pareció que había que cerrar los aeropuertos antes de lo que se hizo. Por otro lado creo que durante mucho tiempo tuvimos una pandemia en la que se testeó menos de lo que se debería testear.

Escuelas
Mauro Alfieri


El infectólogo López cree que hay que abrir las escuelas aunque no haya vacuna (Mauro Alfieri/)

Fíjese que ahora se están haciendo muchos más tests y el índice de positividad bajó. Nosotros hemos llegado a tener índices de positividad cercanos al 45%, cuando ahora está en 15% a nivel país. Y si testeáramos un poco más, se va a dar cuenta de que empiezan a a bajar los casos porque se empieza a aislar a individuos que antes no estaban identificados.

-En retrospectiva, ¿cree que se aplicó correctamente la cuarentena total el 19 de marzo?

-Creo que, sobre todo los primeros dos meses, fue bien aplicada y después se fue manteniendo básicamente en el AMBA. La Argentina tuvo un fenómeno interesante: tal vez bajaban los casos en Buenos Aires y al mismo tiempo subían espectacularmente en el resto del país, como si fuera un sistema bimodal. Y hubo provincias como Jujuy, Salta y Santa Fe que tuvieron brotes tipo España. Me parecen más adecuadas las cuarentenas focalizadas y el aumento de testeos

-¿Cómo evalúa la situación actual?

-Estamos en la primera ola, descendiendo de un rebrote que se dio en la primera quincena de enero. Los casos habían empezado a bajar en diciembre (rondaban en menos de 4000 diarios), cuando se dieron muchas manifestaciones en las que hubo mucha gente sin barbijo. Luego se sumaron las reuniones de las fiestas de fin de año llegaron a 14.000. Ahora mismo se puede ver el descenso de eso: estamos en una meseta alta pero con tendencia a la baja. Los casos van bajando lentamente, por eso es clave que vacunemos lo más rápido posible a la población vulnerable, porque si no lo hacemos antes de que llegue el invierno vamos a tener el riesgo de un rebrote. Todavía no se fue la primera ola: para hablar de eso deberíamos tener menos de 200 casos por día.

-Como infectólogo, ¿está de acuerdo con el regreso a las clases presenciales?

-Creo que ya se ha demostrado la lección aprendida: que las escuelas deberían ser lo último en cerrarse y lo primero en abrirse. Especialmente las escuelas primarias y los jardines de infantes. Y por supuesto que debe hacerse con todos los cuidados necesarios. Pero si uno trabaja con protocolos bien definidos, la escuela es un sitio bastante seguro. Es también una herramienta de equidad social.

-¿Pueden las escuelas generar un rebrote por sí solas?

-Las escuelas no son el factor que inician esta pandemia ni el brote, porque los chicos no son los grandes contagiadores ni los grandes transmisores de este virus. Ya se ha visto que la escuelas simplemente reflejan los brotes de la comunidad. Entonces cuando la curva de casos está muy alta, hay que cerrarlas por corto tiempo: abrir y cerrar como un bandoneón. Luego volver a abrirlas rápidamente cuando los casos están controlados

-¿Los niños se enferman menos y contagian menos? ¿Por qué?

-Los chicos no son grandes transmisores debido a que el receptor del virus no está adecuadamente desarrollado en los niños y adolescentes: cuando el virus llega no tiene donde adherirse en la célula. Esto es diferente del virus de Influenza (el de la gripe) en el que los chicos sí son grandes desparramadores en su edad escolar y preescolar.

-¿Qué protocolo sugiere para el regreso a clases presenciales?

-Uno que arranque desde el transporte: antes de llegar a la escuela hay que mantener distanciamiento social desde el micro. Ahí dentro los chicos mayores de tres años deberían usar barbijo todo el tiempo e ir con las ventanas abiertas. Luego hay discusión acerca de si vale la pena o no tomar la temperatura cuando llegan a la escuela porque no es un elemento extremadamente importante. Sí lo es el uso de barbijo, mantener la distancia personal y lavarse frecuentemente las manos. Los chicos no deberían compartir juguetes, materiales ni comida. Luego se debería trabajar en burbujas o semicírculos con el docente frente a los alumnos, de modo que si se enferma uno se aísla un pequeño grupo. Y luego tratar de que los docentes hagan sus propias reuniones lo más reducidas posibles: si se juntan todos en la dirección corren más riesgo de contagio que con los alumnos en el aula. Los docentes habitualmente no se contagian de los chicos en estas situaciones.

-Los gremios docentes reclaman vacunas para volver a las aulas. ¿Está de acuerdo con ese concepto?

-En ningún lado del mundo se cerraron las escuelas teniendo en cuenta el estado inmunitario de los docentes. Dicho de otras palabras, no es imprescindible ni mandatorio que estén todos vacunados para iniciar la actividad. Creo que el Ministerio de Salud con buen criterio los puso a los docentes con nivel esencial para que tengan prioridad en la vacunación. Pero supeditar el comienzo de las clases a la vacunación de todos los docentes no tiene demasiado sentido.

-La realidad argentina es que los docentes suelen tener más de un trabajo en distintas escuelas. ¿El protocolo contempla esta situación?

-El protocolo para las escuelas tiene que ser universal y el docente que trabaja en dos lados tiene que mantener las mismas normas en la escuela A y en la B. De todas formas, la mayoría de los docentes son adultos jóvenes que tienen riesgo bajo de adquirir coronavirus o en todo caso hacer una enfermedad benigna. Ellos deben evitar las reuniones multitudinarias, lavarse bien las manos y concientizar en el día a día a cada alumno. Creo que frente a una pandemia hay que aprovechar que los chicos son grandes repetidores de lo que aprenden

-¿Qué país cree que en el mundo ha manejado bien el tema de la escolaridad y por qué?

-Diría que Nueva Zelandia, Australia y Corea del Sur. Los países europeos en general han desarrollado un mecanismo de abrir rápidamente y cerrar lo más tardíamente posible y por períodos cortos. Me refiero a cuarentenas cortas focalizadas por 8 o 10 días, que es habitualmente el periodo de incubación. Israel cierra y vuelve a abrir las escuelas a los 14 días. Francia hizo una restricción nocturna muy importante pero no cerró las escuelas. Inclusive en la segunda ola de contagios decidieron que fuera lo último en cerrar

-¿Qué opinión tiene de la vacuna Sputnik V?

-Creo que hay que vacunarse con la vacuna Sputnik V. Primero, porque es la única disponible en la primera etapa. Y también porque ha demostrado bastante eficacia con más del 92 % cuando se cumple con los dos componentes: a los 8 10 días ya tiene títulos altos de anticuerpos protectores. Por otro lado, con la primera dosis hay algunos datos preliminares que muestran que tiene una eficacia del 70% . Otro dato interesante es si uno no se llega a dar la segunda dosis a los 21 días hay un margen de por lo menos otros 30 días y algunos hablan de hasta 60 días de intervalo con la segunda dosis. La gran ventaja de la Sputnik es que da un componente en la primera dosis y otro distinto en la segunda, y eso aumenta mucho el título de anticuerpos.

-En un momento se barajó la posibilidad de aplicar sólo la primera dosis por el momento. ¿Qué le parecería?

-Sería un error porque usted se queda con una eficacia más baja. Tengo entendido que se pretende completar la segunda dosis de todas formas

-¿Le llamó la atención la dimensión política que tomó la publicación en una revista científica de los resultados de la vacuna? ¿O que en la discusión pública se hable de fases de un ensayo científico?

-No lo he visto nunca. Viví la pandemia de gripe A y jamás vi una discusión científica de tanta magnitud y por tanto tiempo en la prensa. Esto está vinculado, en primer lugar, a que al virus se lo minimizó, de hecho hasta la Organización Mundial de la Salud estuvo bastante tiempo para decir que se trataba de una pandemia. Luego hubo errores como decir que el barbijo no era necesario. Y otros de tipo médico como empezar a usar fármacos que se sabía no iban a ser útiles, como los antirretrovirales que habitualmente se utilizan contra el HIV.

-Hay quienes desconfían de la vacuna rusa hasta no tenga la aprobación de la Food and Drug (FDA) estadounidense o de la European Medicines Agency (EMA). ¿Para usted el visto bueno de la ANMAT basta?

-Creo que la ANMAT tiene un grupo técnico muy fuerte y está dirigida por el doctor Manuel Limeres que es un farmacéutico con enorme experiencia en el manejo y la aprobación de fármacos. Tal es así que la ANMAT recomendó no usar la vacuna en mayores de 60 años cuando aún no había datos. Y luego cuando aparecieron los datos se tomó su tiempo para evaluarlos. Creo que aquí hay dos grandes prejuicios: el político de ver de dónde proviene una vacuna para medir su calidad y luego el científico de que si algo no está publicado no es bueno. Con los fármacos no se puede aprobar o recomendar su uso dependiendo de si está publicado o no: lo importante es que aporte los datos técnicos a las autoridades regulatorias. Y en situaciones de pandemia uno aprueba fármacos en situaciones de emergencia y los va evaluando en función de eficacia.

-Cómo imagina una segunda ola, si es que existirá. ¿Estaremos mejor preparados?

-Es posible, aunque obviamente no es deseable, y está vinculado a que en general el virus es más efectivo en temperaturas relativamente bajas. Por lo menos en el laboratorio se ve que con 30 grados centígrados sostenidos pierde mucho su viabilidad. Pero entre los 5 y 11 grados alcanza la máxima. Es evidente que el virus disminuyó en el verano europeo.

Acá lo importante va a ser evitar la hospitalización y la mortalidad. Si usted no puede evitar una segunda ola, que el impacto sea lo más benigno posible. Por eso es tan importante vacunar a la población mayor que es la más vulnerable. Y la eficacia de la vacuna también se puede medir por cuántos casos graves se evitaron. No es lo mismo que un adulto mayor curse la enfermedad como una gripe común o que requiera internación.

-En el 2009 asesoró al gobierno de Cristina Kirchner en la gripe A (aquella tuvo menos de 1000 fallecidos contra los 48000 del coronavirus) ¿Esa experiencia sirvió para preparar esta pandemia?

-Fue bastante distinta porque, en primer lugar, ese virus pandémico fue totalmente estacional: comenzó en otoño, duró todo el invierno y ya había pasado para mediados de primavera. En segundo lugar, para el virus de la gripe A teníamos una medicación, que era el Tamiflú, que si se daba correctamente evitaba casos graves. Otra diferencia interesante es que esa pandemia afectó a muchos individuos de edad media y adolescentes, pero no impactó tanto en la mortalidad y hospitalizaciones. Fue una pandemia de corta duración , esta ya va para un año y medio y no hay un fármaco específico contra el coronavirus sino un menú de intervenciones para tratar los síntomas

-¿Hace alguna crítica del manejo que se hizo en el país de esta pandemia?

-Creo que las cuarentenas fueron demasiado largas y ya es una lección aprendida que el individuo tiende a incumplirlas. En segundo lugar creo que durante bastante tiempo testeamos poco y el testeo junto al aislamiento es una medida que está reconocida en todo el mundo como importante para abortar los brotes de contagio. El mejor ejemplo es el Plan Detectar de la Ciudad de Buenos Aires que busca a individuos sospechosos y testea a sus contactos estrechos. Eso se aplicó en barrios vulnerables de la capital y hubo un modelo similar en Rosario. Creo que fue bueno hacer una cuarentena precoz para poner de pie al sistema de salud porque de otra forma no hubiera dado a basto. Se dijo que iba a colapsar para julio y al final no sucedió. Otro dato importante es que todavía estamos a tiempo tener vacunas. Estamos un poco atrasados en nuestro calendario porque hoy no hemos terminado de vacunar al personal de salud. Por eso me parece muy bien que el ministro de salud Ginés González García esté tratando de tratar de conseguir vacunas de otras lados.

-¿Ve posible que la población acepte muchos meses más de confinamiento?

-Creo que hoy por hoy ya no se cumplirían cuarentenas largas de aislamiento social obligatorio, pero considero que sí se puede llegar a pergeñar, de ser necesario, confinamientos por 10 a 14 días, como se está implementando en muchos países de Europa. Entonces por ejemplo se podría confinar a todo el AMBA por 10 días mientras se trabaja fuertemente en la detección. La cuarentena estricta no sirve si no va acompañada de mucha detección.

-Entró como residente y sigue ahí: ¿qué representa el Hospital Gutiérrez para usted?

-Me siento como si estuviera en casa, el Hospital de Niños es mi lugar de trabajo natural. También tuve un breve paso por el Hospital Muñiz y dos años de formación en Estados Unidos, que creo que me ayudaron a tener una visión más macro con un concepto muy distinto de la ciencia y el hospital. Aquí el hospital público tiene mucha gente muy bien formada. En la Argentina se ha querido instalar hasta la grieta entre la salud pública y privada y no tiene sentido. La salud pública es una sola, no se puede partir.

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