Eduardo Barcesat: el abogado de causas extremas que impulsa el "juicio ético" al lawfare

Paz Rodríguez Niell

El "tribunal de ética para el juzgamiento del lawfare" no es el primer proyecto osado que encabeza el abogado Eduardo Barcesat, que impulsa desde hace años una reforma constitucional "que sea obra del pueblo", intentó frenar en la Justicia la primera candidatura presidencial de Mauricio Macri y es uno de los referentes del Foro para la Libertad de los Presos Políticos.

Barcesat se inició en la política hace cinco décadas, afiliado al Partido Comunista (PC); estuvo siempre ligado a organismos de derechos humanos y se convirtió en asesor del kirchnerismo en materia constitucional.

En el Gobierno sostienen, no obstante, que las iniciativas de Barcesat son a exclusivo título personal. "Siempre fue un desafiante. Esto es una locura de él, que nosotros no impulsamos", dijo a la nacion una alta fuente del Gobierno en referencia al plan de crear un tribunal de ética que juzgue a jueces y periodistas por su actuación en causas contra exfuncionarios políticos. Un dirigente cercano a Cristina Kirchner sostuvo lo mismo. Sin embargo, nadie quiso ponerse al frente de las críticas a la iniciativa.

Desde las márgenes, Barcesat defendió siempre causas del kirchnerismo. Fue abogado de la Asociación Madres de Plaza de Mayo en la investigación por el supuesto desvío de millones de pesos que debían destinarse a la construcción de viviendas sociales (el proyecto Sueños Compartidos), un caso por el que fueron elevados a juicio Hebe de Bonafini, Julio De Vido y los hermanos Schoklender. Hoy, es defensor de Gerardo Ferreyra, dueño de Electroingeniería, en la causa de los cuadernos de las coimas. Ferreyra no integró la lista de arrepentidos y fue el empresario que más tiempo estuvo preso.

En 2013, el gobierno de Cristina Kirchner lo propuso como conjuez para la Cámara de Casación.

En su currículum publicado en la página de Common Action Forum -la organización dentro de la cual funcionaría el tribunal ético-, Barcesat se presenta como asesor de la Presidencia de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina. En el kirchnerismo destacan el vínculo que cosechó con Julián Domínguez, expresidente de la Cámara. Su CV dice que es también consejero en materia de derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

En 2012, en un acto en la Facultad de Derecho de la UBA, expuso sobre la necesidad de una reforma constitucional, en tiempos en que el ultrakirchnerismo postulaba que se habilitara la posibilidad de otro mandato de Cristina Kirchner. Él decía que eso no era "lo importante", que lo importante era la integración latinoamericana, la tutela de los recursos naturales y los derechos humanos. Pero que habilitar otro mandato no era tampoco "una llamada a las puertas del infierno". Su plan no prosperó.

Barcesat había participado de la redacción de la última reforma constitucional, en 1994. Fue convencional constituyente en representación del PC, por entonces en alianza con el Frente Grande, antecesor del Frepaso. Graciela Fernández Meijide era una de las principales dirigentes de ese movimiento. Ella y Barcesat se conocían desde hacía años.

"Lo conocí durante la dictadura. Barcesat era abogado en la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Fue abogado mío en una querella que llevamos a la Corte contra la Obediencia Debida", relató Fernández Meijide a la nacion. "Como abogado era muy bueno, tenía un profundo conocimiento de la ley. Por eso, toda su derivación posterior me llamó la atención -dijo-. Por la calidad intelectual que yo le conocí, es un contrasentido total esta aventura de ser jueces éticos".

Según Fernández Meijide, el movimiento que integra Barcesat "contribuye a una posición de apriete a Alberto Fernández" para "salvar a un grupo de detenidos y sobre todo a Cristina Kirchner".

Barcesat se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires, de la que fue también docente desde que era estudiante. Su carrera como profesor se interrumpió durante la dictadura. En ese momento, Barcesat era adjunto de Filosofía del Derecho en la cátedra de Jorge Rébori. Con el regreso de la democracia volvió a las aulas.

Siempre ejerció como abogado. Su primer estudio lo tuvo en Uruguay al 600 junto con Beinusz Szmukler, exconsejero de la Magistratura y presidente consultivo de la Asociación Americana de Juristas. "Trabajamos hasta que la dictadura nos obligó a separarnos como una medida de protección. Compartimos varios años de militancia común", dijo a la nacion Szmukler, que militaba en el PC desde antes que Barcesat.

Muchos años más tarde, Barcesat encabezó otra aventura de voltaje político: fue abogado de Marta Holgado en su reclamo fracasado para ser reconocida como hija de Juan Domingo Perón.