Edificio histórico rescatado con recursos públicos en CDMX abre puertas a Airbnb

Edificio histórico en Airbnb
Edificio histórico en Airbnb

En 2003, el Gobierno de la Ciudad de México gestionó la compra y rehabilitación del edificio conocido como Casa de la Covadonga —ubicado en Belisario Domínguez 44, en el Centro Histórico—, como parte de un proyecto de recuperación de inmuebles de valor patrimonial para vivienda social. Sin embargo, actualmente algunos espacios de este recinto del siglo XVIII se ofrecen como alojamientos para turistas a través de la plataforma Airbnb.

De acuerdo con Alejandro Suárez Pareyón, arquitecto a cargo de la rehabilitación, el proyecto surgió “por el interés de la cooperación española, de Andalucía, en apoyar la recuperación de un edificio habitacional histórico, algo que ya se había realizado en otros países de América que habían sido colonias españolas, con el fin de beneficiar a la población que ahí residía y mejorar sustancialmente sus condiciones habitacionales”.

“Las autoridades tomaron la decisión de que ese edificio fuera la Casa de la Covadonga y se lanzó un concurso por invitación a grupos de expertos, a través de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi), junto con el Instituto de Vivienda del entonces Distrito Federal, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la representación de Andalucía. Se acordó que fuera este inmueble por su alto valor patrimonial, y que había familias viviendo ahí”, señaló en entrevista.

Para 2003, en el edificio con 30 departamentos y seis locales comerciales —algunos de los cuales se encontraban parcialmente destruidos a causa del sismo de 1985— se encontraban viviendo 26 familias, a las que se les otorgaron créditos para comprar uno de los espacios rehabilitados.

“La posibilidad de mantener poblacional al Centro dependía no solo de tener ofertas de vivienda adecuada, sino también precios al alcance de un sector de la población importante, pero esto no ha ocurrido fácilmente. Luego apareció el fenómeno de Airbnb y pues he tenido noticia de que se ofertan espacios de la Covadonga mediante este modelo, desde hace cinco años más o menos”, indicó Suárez Pareyón.

Sobre la llegada de Airbnb al edificio, el arquitecto comentó: “En ningún momento yo había pensado que este proyecto que respondía a mantener la población residente en el Centro Histórico se convirtiera en oferta para personas que llegaran a turistear, lo que elimina la posibilidad de conservarlo como un espacio de calidad para quienes no tienen niveles de ingreso para costear esas rentas”.

“Ahora, con este convenio que plantea la Ciudad de México con Airbnb, se está afectando seriamente no solo a la población del Centro Histórico, sino de las áreas de la ciudad central, como son toda la alcaldía Cuauhtémoc, la Benito Juárez o la Miguel Hidalgo, inclusive la Venustiano Carranza, y es una competencia totalmente desleal frente a la necesidad de vivienda a precios justos para la población”, agregó.

Siglos de historia

Antes de ser utilizado como espacio de vivienda, el edificio había sido construido con el objetivo de convertirse en el Colegio de nuestra señora de Covadonga, destinado a ser un asilo para albergar a niñas descendientes de españoles. Sin embargo, nunca pudo llegar a serlo. Para salvarlo de la expropiación de las Leyes de Reforma, fue rematado y convertido por primera vez en condominio en 1814.

Según investigaciones del INAH, sus primeras ocupantes fueron, en su mayoría, mujeres que se dedicaban a promover la devoción de diversas imágenes religiosas, llevándolas de visitas a casas y comercios para allegarse de entradas monetarias, o realizaban rezos para personas que las recompensaban con limosnas, quienes no pagaban alquiler.

En 1853, la Real Congregación decidió vender el inmueble y se convirtió en una vecindad, que a finales del siglo XIX fue adquirida por la Fundación Rafael Dondé, y posteriormente pasó a manos del Gobierno del Distrito Federal para su recuperación, con el fin de “rehabitar” el Centro Histórico y beneficiar a los pobladores que ya se encontraban en la zona.

“El proyecto se reinauguró en 2005 y los residentes que vivían ahí retornaron. Otras viviendas, que quedaron en la fachada y tenían mayor costo, fueron ocupadas por nuevos vecinos mediante una venta libre”, detalló el arquitecto Suárez Pareyón.

“Considero que este planteamiento era el adecuado para recuperar edificios habitacionales en el Centro Histórico, o en su caso crear nuevos edificios habitacionales para que la población que tradicionalmente ha ocupado la zona no se fuera, porque en principio se trataba de una política de vivienda para las familias habitantes por tradición y de tiempo atrás… E indudablemente había que pensar que llegarían nuevos ocupantes, pero de esta forma el acceso ha sido desigual, para población con otro nivel de ingresos”, comentó.

En Airbnb, la estancia en la Casa de la Covadonga se promociona como “un pequeño departamento con vista al patio interior, todo de piedra y con una fuente en medio que nunca he visto funcionar. A pesar de los temblores y restauraciones, el lugar conserva su fachada colonial original”, mismo que puede rentarse por 860 pesos por noche.

El patio al que se refiere fue uno de los detalles más destacables que tuvo el proyecto de Suárez Pareyón para la rehabilitación del inmueble con valor histórico. El arquitecto propuso un diseño del espacio que permitiera a la mayoría de los departamentos contar con vista a la fuente.

Este medio consultó a la Seduvi, al INAH, a la alcaldía Cuauhtémoc y a las autoridades de España sobre el tema de la llegada de Airbnb a un inmueble rescatado con recursos públicos, pero ninguna de las autoridades se pronunció al respecto.

“El Centro Histórico se ha ido poniendo de moda”

En opinión de Suárez Pareyón, el Centro Histórico “paulatinamente se ha ido poniendo de moda en los últimos años, lo que ha llevado a que su población empiece a ser de un nivel de ingreso mucho más alto”.

Con fenómenos como Airbnb —agregó—, quienes llegaron a habitar son turistas que laboran de manera remota, “lo que resulta complicado, porque son una competencia muy fuerte para la mayor parte de los sectores de la población; ante la posibilidad de ganar más dinero con las rentas de corta estancia, muchos propietarios empiezan a elegir esta modalidad de alquiler, lo que se convierte en un factor que propicia el despoblamiento de los centros”.

Un argumento de quienes defienden este modelo es que dicen que quien hace esto no es la empresa, sino los propietarios, pero como no hay una regulación sobre las reglas del juego para el alquiler de vivienda, se presta para esta situación”, dijo.

Suárez Pareyón explicó que el fenómeno de despoblamiento de centros históricos no es exclusivo de México, al igual que no lo es el que los gobiernos diseñen estrategias para intentar repoblar los espacios en disputa por el atractivo y la accesibilidad de servicios que tiene la zona. “Pero es posible atenderla con una política de vivienda específica destinada a asegurar que haya residentes permanentes que, inclusive, permitan asegurar la conservación”, alertó.

“Hasta hace unas décadas, el Centro Histórico tenía como característica que buena parte de su población trabajaba en la misma zona, pero el cambio de las principales actividades económicas hacia otras partes de la ciudad, en conjunto con otros fenómenos, fueron haciendo que se perdiera la población. Aunque el Centro atrae a muchas personas durante el día, en la noche sale perdiendo habitantes y muchas zonas quedan prácticamente vacías. Atender este fenómeno, a la par de la expulsión de vecinos, es uno de los grandes desafíos que deben atenderse”, concluyó.

  

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