Ecuador: Moreno vs. Correa, la pelea de fondo que volvió a hundir al país en la inestabilidad

Daniel Lozano

QUITO.- "Correa, después de haber sido 10 años emperador, no se aguantará mucho tiempo en Bélgica siendo un don nadie, estará como diablo en botella. Sea quien fuere el presidente, tratará de convertirse en jefe de la oposición". Como si fuera un profeta, el analista ecuatoriano Jorge Ortiz adivinó qué iba a ocurrir en su país incluso antes de las elecciones de 2017, cuando todavía Lenín Moreno y su jefe político mantenían un pacto para que la llamada "revolución ciudadana" siguiera en el poder a pesar de los escándalos de corrupción y la deriva económica que ya la golpeaban.

"¿El Álvaro Uribe de Juan Manuel Santos, oposición del propio Moreno? Ese es su plan. Moreno tendrá que reducir el Estado y contraer el gasto público, con una deuda externa de 50.000 millones de dólares. Esas medidas causarán convulsión social y Correa tratará de capitalizarlas. Intentará desestabilizar al gobierno para que el Congreso convoque elecciones en dos años y volver al país para quedarse otros 10 años en el poder". Lo dicho hace más de dos años por este analista y su bola de cristal se concretó hoy gracias al estallido social provocado por la suba de los precios del combustible y la consiguiente rebelión indígena. En paralelo, la violencia de infiltrados y la represión policial han elevado la tensión de tal manera que Ecuador parece revivir capítulos de su historia que creía olvidados.

Como si el aliado del chavismo hubiera esperado pacientemente la primera oportunidad en su refugio europeo, mientras ejercía como asesor económico de cabecera de Nicolás Maduro. Así lo reconoció por primera vez esta semana en su ofensiva contra su sucesor a pesar del escaso rédito que otorga participar en las decisiones de la peor economía del planeta. Solo un detalle: el salario mínimo de Ecuador está establecido en 394 dólares (la economía del país está dolarizada), mientras en Venezuela ronda los 2 dólares, pulverizado por la inflación acumulada, de 3326%.

Desconfianza

La realidad es que ni Correa ni Moreno se fiaban el uno del otro pese a su alianza de años, primero Lenín como vicepresidente de Rafael y luego como su candidato presidencial al frente de la "revolución ciudadana".

"Quítenme a este tipo de mi lado, que huele mal", exclamaba Moreno cada vez que en la campaña electoral se le acercaba su compañero de boleta electoral, Jorge Glas, el hombre de confianza de Correa y su vicepresidente entonces. No le perdonaba su complicidad con la corrupción.

En ese momento, cuando faltaban pocos días para acudir a las urnas para la segunda vuelta, ya no quedaba en su entorno ningún correísta, pese a tan vital duelo para el futuro de la revolución, aliada con el chavismo y con otros líderes populistas e izquierdistas del continente.

Como tantas otras veces en la historia, el sucesor se rebeló, ya fuera para llevar adelante sus propias ideas o para no quedar atrapado en las redes de quien fuera su jefe político. La gran novedad es que la ruptura extraoficial se produjo incluso antes de una victoria electoral, que finalmente llegó por unos pocos votos: Moreno obtuvo el 51,9% de los votos, frente al 48,8% del derechista Guillermo Lasso.

El divorcio que marcó la política ecuatoriana desde entonces ya era un hecho, solo faltaba llevarlo a los juzgados. El gran líder había apostado por el tándem Moreno-Glas porque solo el tirón popular del primero les haría ganar otra elección. El abismo entre ambos candidatos se profundizó durante los primeros meses del nuevo gobierno, que terminaron con los huesos de Glas en la cárcel, acusado de participar en la trama de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht.

El regreso de Correa, su última carta antes de que lo aplasten las sentencias judiciales, pasaría por una convocatoria electoral adelantada que seguiría a la caída de Moreno. Luego de los enfrentamientos de los primeros días y la radicalización de los indígenas, comenzaron a escucharse rumores de golpe de Estado desde el sector correísta.

"La fuerza pública tiene que aplicar la objeción de conciencia. No puede seguir protegiendo a un gobierno acabado por su propia traición, mediocridad y entreguismo", clamó Correa en uno de sus videos. La respuesta de Moreno llegó horas después, al ampliar el toque de queda y ordenar la militarización de Quito.

La destitución de Moreno conduciría a un adelanto electoral con Correa como vicepresidente, al estilo Cristina Kirchner. Los sondeos antes del estallido solo le otorgaban el 15% de apoyo, unos números casi parejos a los de Moreno, que ya dejó saber a su círculo más íntimo que no se presentaría a una reelección.

"Los líderes de la derecha, [el socialcristiano] Jaime Nebot y [el conservador] Lasso. empiezan a tener una mayoría, porque los ciudadanos están hartos de que los afecten en el bolsillo y les suban los impuestos", señala Sola a LA NACION. "De ninguna manera Correa volverá. La debilidad económica terminará echando al gobierno que sea", pronostica.