Ecuador: Indígenas desafían pandemia y danzan por Inti Raymi

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COTACACHI, Ecuador (AP) — Unos 2.000 indígenas de las comunidades rurales de Cotacachi, en el norte andino de Ecuador, rompieron las severas restricciones vigentes por la pandemia de coronavirus: en medio de una estricta vigilancia policial y tras horas de un baile zapateado por polvorientos caminos, tomaron la plaza central de Cotacachi, como lo han hecho desde hace décadas, en un acto simbólico de reivindicación de sus antiguas tierras y de su cosmovisión.

La danza ancestral se produce en honor al Inti Raymi —Fiesta del sol, en lengua quechua—, que marca el fin de la cosecha, lo que da paso a celebraciones de agradecimiento a la Madre Tierra por los productos recibidos. En este momento de celebración, abundan la comida y el licor, especialmente chicha, un fermento de maíz.

Cotacachi, 70 kilómetros al norte de Quito, es un pintoresco pueblo turístico del norte andino, junto al volcán del mismo nombre, donde estas fiestas hasta hace unos años terminaban en monumentales grescas entre comunidades indígenas que buscaban tener el dominio sobre la plaza. El año pasado no hubo fiesta.

De acuerdo con disposiciones gubernamentales, están prohibidas las concentraciones de personas para evitar la propagación del coronavirus, que en Ecuador ha dejado casi 450.00 contagiados y casi 21.500 muertos.

En Cotacachi y otras comunidades, los indígenas desafiaron todas las prohibiciones y, a pesar de la presencia de unos 500 policías en esa población, ingresaron a la zona urbana. Tras un breve diálogo con los uniformados, la multitud tuvo acceso a la tradicional toma de la plaza por más de un hora para retirarse como llegaron: cantando y bailando.

Uno de los danzantes es César Lene, de unos 24 años, quien dijo a The Associated Press que “los bailadores bajan sin temor a nada, porque somos de la tierra" al tiempo de señalar que "soy bailador de la comunidad San Martín desde que tengo uso de razón, eso es una fiesta milenaria para agradecer al sol por las cosechas que obtenemos en cada siembra: cultivamos, trabajamos y comemos”.

“Estamos aquí, nos quisieron prohibir, pero aunque tenemos conciencia por la pandemia... esta energía no vamos a perder nunca, estamos aquí otra vez ... gracias a Dios no me cogió eso (el virus), dicen que es horrible".

En una especie de trance, los bailarines cantan y bailan entre 12 y 18 horas diarias con la chicha como aliada para reponer energías.

En el grupo de danzantes destacan el flautista y quien toca la armónica, que se empeñan en marcar el ritmo mientras los danzantes hacen vibrar el suelo con poderosos zapateos, que por momentos parecen bajar la intensidad, pero enseguida empieza un nuevo ciclo de cánticos y baile.

El profesor de historia y catedrático de la universidad Central, Fernado López, explicó a la AP que esta fiesta está “vinculada con la ocupación del espacio de los mestizos, una reivindicación del mundo indígena y una disputa entre las propias comunidades para demostrar el poder de cada una”. Agregó que “tras la conquista española se establecieron los centros poblados justo donde eran los poblados y santuarios indígenas, y los indígenas fueron segregados y desplazados, por eso es que ahora reclaman su espacio originario con demostraciones de fuerza”, añadió.

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El corresponsal de AP en Ecuador, Gonzalo Solano, contribuyó con esta información desde Quito.

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