Ecuador cierra una campaña desconcertante y con un ojo puesto en la segunda vuelta

Daniel Lozano
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QUITO.- Sin grandes entusiasmos y con enorme incertidumbre, Ecuador cerró la campaña electoral más atípica y desconcertante de su historia. Todas las encuestas apuntan a un ballottage en abril entre el principal favorito, el correísta Andrés Arauz, y el conservador Guillermo Lasso, pero el gran dilema es que pocos creen en los sondeos, no sólo por las sorpresas mundiales del Brexit, Donald Trump o incluso la reciente de Bolivia, sino también porque las muchas realizadas en el país andino no se parecen en casi nada.

El dilema electoral dentro de la encrucijada forzada por el coronavirus: el regreso al pasado (diez años de presidencia de Rafael Correa y cuatro años del disidente Lenín Moreno) o el cambio, con el primer gobierno de la oposición ante los ganadores de las cuatro últimas elecciones presidenciales.

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"La victoria del pueblo será un gran respiro para la integración regional", adelantó el delfín de Correa en una entrevista antes de subirse al escenario, rodeado de decenas de banderas y cierta algarabía. El candidato de Unión por la Esperanza (UNES) eligió Quito para concluir su gira por el país, marcada por la pandemia. En busca del poder de los símbolos, Arauz no sólo eligió a la capital, otrora bastión de la revolución ciudadana, sino también el parque El Arbolito, sede de concentraciones y protestas, las últimas a finales de 2019 con la marcha indígena provocada por la eliminación del subsidio por el combustible.

Entre su comando de campaña se especula que estaría rozando la presidencia, amparado en un 30% de abstención y en el estancamiento de Lasso. Estos factores elevarían su intención de voto desde el 30% que le adjudican las encuestas hasta el 45% de voto total, que al sumar más de 10 puntos de ventaja sobre su rival le concedería el triunfo sin necesidad de segunda vuelta.

Su gran rival, Guillermo Lasso, lo tenía claro desde antes de empezar: cerraría en Guayaquil, epicentro opositor y sede del banco que presidió. La segunda ciudad del país, vapuleada al principio de la pandemia, también está gobernada por sus aliados del Partido Social Cristiano (PSC), con quienes compartió caravana por el Malecón.

"¡El cambio ya se siente! ¡Viene empleo, empleo y más empleo!", clamó durante todo el día el candidato del Movimiento CREO, quien también ha insistido en que el aumento propuesto en su programa económico para el salario mínimo, hasta 500 dólares, se pondrá en marcha el 2022.

El candidato de Correa golpeó la campaña electoral con una propuesta populista, la entrega de 1000 dólares a un millón de madres de familia, criticada por los expertos y economistas pero recibida con alborozo entre posibles beneficiarios.

El líder indígena Yaku Pérez profundizó su mensaje de "mano dura", con destinatarios evidentes entre los gobernantes de la revolución ciudadana: "¡Cuarenta años de prisión para los corruptos!". Pérez, quien encabezó la ola de protestas antigubernamentales de 2019, señaló a la corrupción como la principal causa de la pobreza y las desigualdades sociales del país.

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Mientras Lasso cortejaba a Pérez de cara a una segunda vuelta, Rafael Correa, verdadero jefe de la revolución ciudadana, atacaba con saña, desde el exilio, al tercero en disputa en sus redes sociales. Correa acusó al candidato de Pachakutik tras mostrarse este partidario de avanzar en una legislación a favor del aborto. "Para terminar con la mendicidad infantil hay que acabar con la vida de niños antes de nacer. ¡Qué vergüenza!", disparó Correa, prófugo de la justicia ecuatoriana y sobre el que pesa una condena de ocho años de prisión por corrupción.

Tras las elecciones en Bolivia y en República Dominicana, Ecuador aparece como un gran test para medir la influencia de la pandemia en la actitud de los votantes. La crisis económica sobrevenida preocupa tanto a los ecuatorianos como al resto de los latinoamericanos, lo que ha hecho añorar los buenos años de la década pasada gracias al precio del petróleo. Las estrecheces de hoy han hecho olvidar, en parte, los despilfarros de ayer.

Antonio Sola, uno de los asesores electorales más influyentes, avizora una etapa de transición en las campañas presidenciales en las que "los candidatos ya no tienen pueblo, tienen que ir a buscar público, porque el pueblo no existe, ya no puedes concentrar más 50.000 personas", dijo a LA NACIÓN, convencido de que ya no se depende solamente del liderazgo del candidato.

"Al no tener pueblo y tener público, necesitas el voto cerebral, que también es emocional pero está mucho menos socializado, mucho más individualizado. Porque la terminal del público está en los celulares y en los celulares es donde se está decidiendo hoy las elecciones. No es como antes, que socializabas en lugares o calles. El ritmo de conversación se ha reducido por la pandemia y es al cerebro de las personas a los que debes acudir", concluyó.