Ecuador: asume Lasso, decidido a sepultar la herencia de Correa

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El presidente electo de Ecuador, Guillermo Lasso junto a su esposa María de Lourdes Alcívar para recibir por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE) las credenciales que lo acreditan como jefe de Estado
EFE

BOGOTÁ.- “Hoy es un día de celebración y encuentro, el futuro que espera al Ecuador es brillante. ¡Empieza el cambio!”. Guillermo Lasso asume hoy como nuevo presidente del país andino, dispuesto a protagonizar un rotundo cambio de rumbo tras década y media de omnipresencia del prófugo Rafael Correa.

El reto es mayúsculo: Ecuador, azotado por la pandemia y sus importantes daños colaterales, encabeza el ranking continental de las naciones dónde más ha crecido la extrema pobreza, junto a México y Honduras, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

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“Celebramos con orgullo el inicio de una nueva historia”, proclamó el exbanquero tras recibir a varios de los mandatarios que han acudido a su toma de posesión, que ha registrado varias bajas de última hora, como las del colombiano Iván Duque y la del uruguayo Luis Lacalle Pou, que se sumaron a la precedente del chileno Sebastián Piñera.

Si están presentes el brasileño Jair Bolsonaro y el rey Felipe de España. El único no invitado es Nicolás Maduro. Por el contrario, la toma de posesión del dirigente conservador sí cuenta con la presencia de dirigentes de peso de la oposición democrática venezolana, como el exprisionero político Leopoldo López y Julio Borges, canciller de la presidencia encargada. También asisten el Rey Felipe VI de España y los presidentes dominicano, Luis Abinader, y el haitiano, Jovenel Moise.

Entre los cancilleres sí está el argentino Felipe Solá.

El presidente de Ecuador, Lenin Moreno, a la derecha, le da la mano al presidente electo Guillermo Lasso durante una reunión que forma parte del proceso de transición presidencial
El presidente de Ecuador, Lenin Moreno, a la derecha, le da la mano al presidente electo Guillermo Lasso durante una reunión que forma parte del proceso de transición presidencial


El presidente de Ecuador, Lenin Moreno, a la derecha, le da la mano al presidente electo Guillermo Lasso durante una reunión que forma parte del proceso de transición presidencial

Una ceremonia con menor presencia internacional de la esperada, debido a las circunstancias que abaten a la región, las mismas que Lasso pretende combatir desde el primer día. Como la extrema pobreza, hambre en definitiva, que ha aumentado en Ecuador desde el 7,6% hasta el 12,8%. El encargado de enfrentarla desde el primer día es Simón Cueva, ministro de Economía y Finanzas que aparece en el “gobierno del encuentro” como la ficha menos liberal, más cercano a la socialdemocracia, para confirmar el giro al centro que ya inició Lasso en campaña.

“Es la clave. Había otros economistas más a la derecha, pero Lasso ha designado a un funcionario de carrera del Banco Central con muy buenas relaciones en organismos multilaterales. Su posición garantiza la propiedad privada y el avance en reformas laborales y tributarias, pero tampoco se va a desentender de lo social. Hay congruencia con el discurso de campaña: buscar crecimiento con justicia social. Las circunstancias tampoco permiten otra cosa. Hay sectores con una vulnerabilidad muy compleja”, desvela para LA NACION Matías Abad, analista y profesor de Estudios Globales en la Universidad de Azuay.

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La debilidad económica se siente a diario en el país: cuatro de cada 10 ecuatorianos sufren dificultades para comer y siete de cada 10 carecen de empleos adecuados, anclados en la informalidad y las ventas callejeras.

En el nuevo gobierno también confluyen desde el antiguo presidente de la asociación bancaria hasta luchadoras sociales. En un guiño a la otra parte del país que le apoyó en la segunda vuelta electoral, Lasso ha confirmado en su puesto como comandante general de la Policía a Tannya Varela, la primera mujer que ha accedido a ese cargo en toda la región.

“Vamos a poner orden en la economía con sentido social, una gestión solidaria y consciente de la realidad ecuatoriana”, confirmó el propio Lasso en sus redes sociales, las mismas que tanto le empujaron para derrotar al candidato de la revolución ciudadana.

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Junto a la economía, el otro gran reto para el nuevo presidente será la gestión de la pandemia y del plan de vacunación, con un gran objetivo: inmunizar a nueve millones de ecuatorianos en sus primeros 100 días de gobierno. Lasso ya se ha comunicado con EEUU, Rusia, Reino Unido y China. “El presidente contempla la figura de pedir prestadas vacunas a otros países que sí cuentan con existencias y van lentos en su aplicación para que presten las dosis. Conforme se vayan cumpliendo los contratos que tiene Ecuador con las casas fabricantes, las vacunas irían directamente a esos países”, advierte Abad.

El pequeño terremoto acaecido en el seno de la Asamblea Nacional dificulta aún más la gobernabilidad para Lasso y su equipo. El líder del Movimiento CREO se negó a última hora a suscribir el polémico acuerdo alcanzado entre su aliado electoral, el Partido Social Cristiano (PSC), y el correísmo, que abría la caja de Pandora de los indultos para los castigados por corrupción.

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El propio Lasso decidió apoyar a Pachakutik y a Izquierda Democrática, lo que elevó a la presidencia parlamentaria a la dirigente indígena Guadalupe Llori, antigua presa política de las mazmorras de Correa.

La ruptura parece definitiva con el PSC, lo que va a provocar que cada ley que se intente aprobar sufrirá una auténtico vía crucis parlamentario. “Lasso va a necesitar llegar a consensos, como se produce en otras democracias. El ejecutivo va a tener menos capacidad de maniobra, lo que deja de lado al hiperpresidencialismo”, acota para este periódico Michel Levi, coordinador del Centro Andino de Estudios Internacionales.

Con todas las miradas puestas en lo que está sucediendo en Colombia y Chile (Ecuador abrió en 2019 la cascada de protestas antigubernamentales), el nuevo gobierno sabe que la caldera política y social está en ebullición. “Mientras no se combata de forma efectiva la pandemia y no se priorice el sector social como actor necesario para el equilibrio del país, probablemente el gobierno que llega navegará en aguas complicadas”, vaticina Levi.