Ecosistema financiero: Cómo lograr mayor inclusión y competitividad

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Las fintech ayudaron a nivel global a revitalizar el mercado financiero
Las fintech ayudaron a nivel global a revitalizar el mercado financiero

1. El problema

Vivimos por la pandemia una situación de crisis económica global donde se aceleran las tendencias hacia una economía digital. Como siempre toda crisis trae oportunidades futuras. Para poder materializar las mismas las empresas necesitan contar con una estructura de financiamiento adecuado, que les permita adaptarse rápidamente a las nuevas necesidades. Esto implica disponibilidad de crédito en cantidad y en calidad a través de los mercados de capitales. No sólo mayor liquidez, sino también más diversidad y flexibilidad en los vehículos financieros a través de los cuales se conectan inversores con emprendedores y empresas en todos sus tamaños.

La Argentina cuenta con una población dinámica acostumbrada por la frecuencia y profundidad de las crisis económicas, a buscar continuamente nuevas formas de hacer negocios. La cantidad de unicornios o emprendimientos que surgen de nuestro país es un reflejo de esta capacidad. Algunos triunfan en otros mercados como el caso de Globant, Despegar, Mercado Libre o Adecoagro. Sin embargo, la economía en general no logra el nivel de dinamismo y competitividad necesarios para promover el crecimiento y una mejor inserción en los mercados internacionales. Una de las razones se encuentra en el funcionamiento de nuestro mercado de capitales.

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En la encuesta que la Escuela de Negocios del IMD realiza a empresarios argentinos, para elaborar su ranking de competitividad anual, ellos califican la capacidad del mercado de capitales local para proveer de financiamiento adecuado a su negocio con un 1,9 sobre 10. Queda la Argentina última en el ranking a nivel mundial y también regional. Países como Chile y Brasil tienen calificaciones de 6,8 y 5,7 y se ubican en la posición 17° y 31° en la tabla. El tamaño del mercado de capitales argentino es una de las limitantes, con 92 empresas domésticas listadas, tiene un valor equivalente al 9,9% de su PBI. Sin irnos muy lejos, Perú tiene 211 empresas domésticas listadas y un valor de capitalización del mercado del 42,6% de su PBI. La volatilidad y la liquidez son otros factores a considerar. La disponibilidad de crédito para hacer negocios, según los empresarios argentinos es de 1,3 sobre 10 puntos. Ubican al país al final del ranking de competitividad del IMD por encima sólo de Venezuela. Además, aquellos empresarios con un negocio en su etapa inicial (startup), califican el financiamiento por fuera del mercado de capitales, en su formato de venture capital (capital de riesgo), en 1,7 sobre 10. Confirman la posición del país al final del ranking del IMD. Es decir, que hay una falta de profundidad y diversidad del financiamiento en todos sus canales, formales e informales (shadow banking) que limitan el nivel de competitividad de nuestra economía.

2. Los objetivos

Uno de los objetivos principales es ampliar el acceso al mercado de capitales tanto para los agentes económicos con capacidad de ahorro como para las empresas que necesiten financiamiento. Otro objetivo importante es poder dar mayor difusión a los vehículos existentes en el mercado de capitales para canalizar los ahorros en instrumentos de financiamiento (acciones, obligaciones negociables, fideicomisos, fondos comunes de inversión) y fomentar su utilización con políticas activas desde el sector público y privado.

Estos objetivos se podrían alcanzar mejor si unimos el mercado de capitales con los nuevos canales que nos permite el mundo digital a través del ecosistema de las fintech. La necesidad creciente de vehículos financieros flexibles y diversos hizo que el mercado fintech a nivel global tenga un crecimiento exponencial en la última década. En la Argentina, las plataformas como Mercado Pago lograron también la digitalización del dinero para los más pobres, que no tenían acceso al sistema bancario. Según la Cámara de Fintech Argentina, en su estudio del año 2020, la cantidad de empresas fintech en nuestro país se duplicó en los últimos años pasando de 133 compañías en 2018 a 268 en 2020. La gran mayoría de estas califica como pyme debido a sus niveles de facturación. Sin embargo, el mercado de crédito fintech en el país está compuesto por solo 60 compañías, de las cuales un 70% otorgó créditos con tasas superiores al 75% durante el año 2019. Además, la mayoría de los préstamos fueron por montos promedio inferiores a $20.000, con destino a el pago de obligaciones, urgencias y compras para el hogar. Por otro lado, el mercado de crédito fintech pyme se encuentra menos desarrollado que el mercado de consumidores finales. La cantidad de compañías que ofrecen préstamos a pymes son pocas, y los montos totales operados son bajos. Esto se debe en parte al alto grado de informalidad en el que operan las pymes en la Argentina, lo cual dificulta el proceso de análisis crediticio y aumenta los riesgos.

Por otro lado, el mundo fintech está ampliando el acceso a los mercados de capitales mediante plataformas que permiten acceder a una amplia gama de instrumentos financieros, sin necesidad de tener grandes conocimientos en la materia, y desde montos muy bajos. La mayoría de los usuarios de estas plataformas son adultos de entre 25 y 40 años, con ingresos promedio de entre 60.000 y 100.000 pesos mensuales (2019). Esto nos demuestra que existe un deseo de buscar nuevas formas de ahorro más creativas, con menores costos de entrada y salida, fácil de operar y con información transparente. A partir de estas plataformas, y con una buena educación financiera para el ahorrista, se pueden incorporar inversores minoristas a los mercados de capitales. De la misma forma, se puede aumentar el acceso y la cantidad de crédito disponible para las pymes, si unimos este mundo digital con el mercado de capitales dentro de una misma regulación integral, que pueda generar mayor institucionalidad, y así bajar el costo propio del análisis de riesgo, el de incobrabilidad, y en definitiva la tasa de interés.

3. Las propuestas

Si ingresamos el mundo de las fintech dentro del mercado de capitales podemos mejorar su transparencia, y unificar su regulador y las regulaciones. Más importante aún, podemos crear dentro del mercado de capitales un fondo de riesgo, que garantice las operaciones que se realicen en las plataformas de crédito de las fintech con foco en nuevas empresas (startups) o pymes que no tienen acceso a un banco. Por un lado, mejoramos así la protección a aquellos ahorristas que se aventuran a invertir a través de plataformas digitales, y brindamos mayor transparencia a las operaciones que se realizan con el objetivo de minimizar las posibilidades de fraude. Por otro lado, se agrega una garantía a estos vehículos de crédito que hoy ya existen en la plataforma fintech para disminuir el riesgo de incobrabilidad, la tasa de interés y ampliar el alcance de los créditos a sectores productivos con foco en exportaciones de bienes y en especial servicios. Operaciones que van desde los créditos pyme, el financiamiento colectivo, hasta la liquidación de facturas y prefinanciación de exportaciones, estarían garantizadas hasta un porcentaje por este fondo de riesgo a cambio de una comisión. Se potencia con mayor institucionalidad la eficiencia que hoy brindan las plataformas digitales para unir a los ahorristas con aquellos que necesitan los fondos para concretar una oportunidad de negocio.

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¿Quiénes invertirían en el fondo de riesgo?. Este fondo podría estar integrado con dinero proveniente de operaciones de blanqueo de ahorros que se encuentran atesorados o en el exterior. Así se amplía el alcance de los blanqueos propuestos recientemente a operaciones inmobiliarias o de la construcción. Estos fondos pasarían a pagar impuesto a los bienes personales, y en períodos siguientes su correspondiente impuesto a las ganancias por la renta financiera. El fondo de riesgo invertiría el dinero en títulos públicos, obligaciones negociables y fideicomisos con calificación de riesgo superior, y otros vehículos tradicionales del mercado de capitales local e internacional, para así diversificar el riesgo y generar una renta para cubrir las potenciales pérdidas. En función del monto a blanquear se podría determinar un período obligatorio en el cual el dinero debería quedar depositado en el fondo. Por ejemplo, desde un semestre a unos años. Queda determinar si se aplica alguna deducción de ganancias en función de si las garantías otorgadas por el fondo se concretan para empresas pymes que exportan.

Los mercados financieros globales nos demuestran que el nivel de interconexión entre estas plataformas, los bancos y el llamado banco en las sombras, es una realidad. Se podría ir por el camino de evitar estas conexiones. Pero seguramente, para cada nueva regulación, surja un instrumento que logre evitar la misma. Por eso es mejor incentivar su transparencia para que quien lo regule pueda visualizar mejor los diferentes riesgos.

Es importante también profundizar los programas de educación financiera desde organismos de control (Comisión Nacional de Valores) y desde el ámbito privado (Bolsas de Comercio, Mercado Argentino de Valores, Bolsas y Mercados Argentinos, entre otros) para asegurar una experiencia al inversor positiva. La educación financiera es una herramienta básica para que los individuos comprendan los beneficios y los riesgos incurridos en las alternativas que presentan los diferentes vehículos de ahorro. Es muy importante que se comprenda el valor del dinero en el tiempo y la capacidad real del poder adquisitivo de la moneda nacional ante eventos inflacionarios en contextos como los actuales.

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Finalmente, podemos fortalecer al regulador con nuevas tecnologías como la blockchain (cadenas de bloque) que les permita un acceso a la información más eficiente, transparente y con menores tiempos entre la ejecución de la operación y su control. Asimismo, deberíamos buscar igualar los incentivos de quienes trabajan como reguladores, con los de aquellos que generan los nuevos vehículos de inversión, para que cuenten con la misma motivación y dinamismo, elementos claves para el buen funcionamiento de este ecosistema.

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