El duro veredicto de Cristina Kirchner: por qué ahora se viene lo peor para la economía

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La vicepresidenta Cristina Kirchner está convencida de que los próximos meses serán muy duros en materia económica y social. Que lo peor está por venir. Por eso ha decidido recluirse en el bajo perfil, y voló junto a su hijo Máximo Kirchner rumbo a su casa en el sur del país.

La ex presidenta cree que la salida de Roberto Feletti del Gobierno es el paso que faltaba para quedar absolutamente desligada de las decisiones que se toman sobre el rumbo económico. A menos de que el presidente Alberto Fernández revea su postura y haga modificaciones de fondo al rumbo económico. Algo que, hasta este momento, parece improbable en el corto plazo.

Cristina Kirchner habla con distintos economistas, la mayoría de extracción kirchnerista -como Axel Kicillof y el propio Feletti- pero también lo hace con profesionales de otras vertientes, como Martín Redrado.

De esas conversaciones, la vicepresidenta llegó a la conclusión de que la actividad económica se hundirá en una nueva crisis, que tendrá su epicentro en la aceleración inflacionaria en los alimentos.

Cristina, decidida a
Cristina, decidida a

Cristina, decidida a desligarse de las decisiones económicas que no comparte.

Inflación: un panorama negro

La constante suba en los precios de los alimentos no es lo único que avizora. La dinámica inflacionaria será difícil de atacar con el menú armado para los próximos meses.

Martín Guzmán aplicará un nuevo aumento de las tarifas de la luz y el gas a partir de la próxima semana. Y si bien esos ajustes no llegarán a cubrir la inflación de los últimos 12 meses, lo cierto es que impactarán en los castigados bolsillos de los argentinos.

Las subas previstas totalizarán para todo este año un incremento de 42% para la clase media, aunque todavía se desconoce la manera en que se aplicará la ´prometida segmentación que redundará en que aproximadamente un 10% de los usuarios de luz y gas terminen sin subsidios y con ajustes que podrían hasta triplicar lo que pagan hasta ahora por esos servicios.

La novedad: el transporte

Hasta ahora no se oficializó pero existe una fuerte presión de parte de gobernadores e intendentes para que la Casa Rosada habilite subas en los pasajes de colectivos urbanos, que están congelados desde hace más de tres años.

De hecho, en las principales ciudades del país se abonan boletos de entre dos y hasta cuatro veces más caros que en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano.

La inminente suba de tarifas, una medida resistida en el kirchnerismo.
La inminente suba de tarifas, una medida resistida en el kirchnerismo.

La inminente suba de tarifas, una medida resistida en el kirchnerismo.

En Mar del Plata, por caso, el boleto de colectivo cuesta cerca de $75, mientras que en Rosario y Córdoba valen $70. El boleto mínimo en la CABA y en el conurbano bonaerense se mantiene en un precio de $18.

Hay un punto indiscutible: la suba de las tarifas de luz y gas, y también en el viaje en el transporte público -en la ciudad habría que agregar que seguramente se encarecerá el pasaje en subte- desembocará en una aceleración inflacionaria.

Para Cristina, esta dinámica perjudicará la marcha económica, todo lo contrario a lo que sostiene Martín Guzmán.

La versión de Guzmán

El ministro de Economía tiene el diagnóstico contrario al de la ex presidenta: está convencido de que la única manera de evitar una crisis es consiguiendo dólares para el Banco Central. Por eso, todas sus posiciones públicas van en ese sentido.

Guzmán ató la suerte de su gestión al acuerdo con el FMI. A eso está jugado también Alberto Fernández. El ministro dice que ese acuerdo es el mejor tipo de ancla contra cualquier desestabilización.

Guzmán, atento a las reservas y a la estabilidad cambiaria.
Guzmán, atento a las reservas y a la estabilidad cambiaria.

Guzmán, atento a las reservas y a la estabilidad cambiaria.

El kirchnerismo lo tiene como un conductor errático que está llevando al Gobierno hacia una nueva crisis grave.

Desde ese sector dan cuenta de que, a pesar del acuerdo con el Fondo y a los extraordinarios precios de la soja, el Banco Central no logra incrementar sus reservas. De hecho, ayer jueves, la autoridad monetaria vendió u$s50 millones en el mercado y redujo a u$s870 millones el volumen de compras de este mes, cuando faltan pocas horas para la finalización de mayo.

El ministro pretende cerrar el segundo semestre con un Banco Central con los dólares suficientes que le sirvan para quitar la incertidumbre cambiaria. Ese escenario, afirma, es la base para ilusionarse con una desaceleración inflacionaria.

Cristina, atenta a las luces amarillas

Economistas cercanos a CFK advierten que los primeros registros traumáticos ya se están evidenciando. Tanto en el nivel de actividad como en el consumo popular, con ingresos de los ciudadanos por debajo del shock de precios. Algunos de los profesionales que la asesoran ya le dijeron que la inflación de alimentos podría trepar al 80% este año. Un escenario impensado hasta hace algunos meses.

Un esquema así sería prácticamente imposible de igualar para el 99% de los salarios: la chance de una recesión, entonces, está a la vuelta de la esquina.

La disparada de los precios
La disparada de los precios

Inflación: el kirchnerismo maneja preocupantes pronósticos para la evolución de los precios.

A diferencia de otros países, también con economías sofocadas por la alta inflación, la Argentina ya viene de un proceso muy complicado, con tasas arriba del 50% desde 2019, con la única excepción del 2020 pandémico.

Una cosa es sufrir un shock inflacionario producido por un evento global y otra muy distinta es cuando los ingresos de la población ya vienen castigados sucesivamente. Para peor, dejaría a la economía en medio de un parate con una inflación en niveles insoportables, sin que pueda avistarse una salida más o menos cercana.

¿Consumo en rojo?

En la Argentina actual, la aceleración inflacionaria golpea sobre el consumo de algunos de los productos esenciales de la canasta básica: las ventas al mercado interno de leche y de carne cayeron en la primera parte del año, en sintonía con la imparable suba de los precios.

La disputa dentro del oficialismo tiene que ver con cuestiones de fondo: el rumbo económico, ni más ni menos. Y hay diferentes puntos que exacerban la grieta en el seno del oficialismo. A tal punto, que siguen los roces ante posibles cambios en el gabinete nacional.

Los choques internos se van a mantener, a menos que uno de los grupos revea su estrategia. Eso no ocurre, por ahora.

La oficialización de que la inflación se encuentra en el peor momento de los últimos 20 años empeoró las diferencias. Alberto Fernández piensa que lo que mejor puede hacer es seguir, de la forma más prolija posible, lo firmado con el Fondo Monetario.

Desde el kirchnerismo creen que la única manera de enfrentar la inflación es mejorando los ingresos de la población, a través de la intervención del Estado. Una receta que se puso en práctica durante el segundo mandato de Cristina Kirchner.

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