“Por las dudas, volví y me bañé”: Tiene 86 años, casi no salió desde que empezó la pandemia, pero hoy fue a votar

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Martha Chiesa, una señora que casi no salió a la calle durante toda la pandemia y que hoy fue a votar en CABA
Patricio Pidal / AFV

Se levantó temprano como hace siempre todos los domingos. Sobre la mesa del living dejó preparados la lapicera, el alcohol en gel, el barbijo y las gafas de seguridad industrial, junto al documento, para no olvidarse de nada. Anoche se acostó cerca de las 22.30, después de mirar televisión. Estaba un poco ansiosa. Después de más de un año y medio de casi no salir y no tener contacto con otras personas, Martha Chiesa, de 86 años, por fin tenía un programa por el que valía la pena salir: ir a votar. “No es que me entusiasmen los candidatos, ojo, pero es un derecho y con mi granito de arena quiero revertir los atropellos”, afirma.

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Esta mañana, antes de las 10 ya estaba en la calle, en Colegiales. Tenía que caminar apenas dos cuadras por Giribone para llegar a la escuela que le tocó y dejar su voto. “En los últimos meses mi única salida social fue ir al Tigre con mi hija y mi yerno. Ahora que ya tengo las dos dosis también hago mis compras en un supermercado. Todavía no me reúno con amigos ni compañeros de coro o del centro de jubilados”, cuenta.

Cuidados

Seguramente, Chiesa se encuentra entre el grupo de vecinos que de manera estricta mantuvieron las condiciones del aislamiento, más allá de las restricciones y del relajamiento social. Hasta que se dio la segunda dosis de la vacuna, no participó de encuentros familiares, pero sí entró en negocios a hacer las compras. Aunque extrañaba horrores, resistió la invitación de sus amigas para ir a tomar algo a un bar, o reunirse en la casa de alguna de ellas. También declinó invitaciones de cumpleaños de los más chicos de la familia y ni siquiera volvió a ver a sus amigos de canto. “No es que me haya acostumbrado al encierro, todo lo contrario. Me gusta que mis amigos vengan a casa, el bullicio y el lío. Pero entendí que en este tiempo había que hacer otra cosa. Por eso, me quedé en mi casa todo este tiempo. Pero ahora, me parece que la situación amerita ir a votar. Es lo único que los ciudadanos podemos hacer para decirles a los que nos gobiernan lo que pensamos”, justifica.

Martha Chiesa, una señora que casi no salió a la calle durante toda la pandemia y que hoy fue a votar en CABA
Patricio Pidal / AFV


"No es que me haya acostumbrado al encierro, todo lo contrario. Pero entendí que en este tiempo me quedé en mi casa todo este tiempo", dice Chiesa (Patricio Pidal / AFV/)

Por eso, esta mañana salió a pie y después de dos cuadras de caminata, entró a la escuela a votar. “Fui temprano, para que no hubiera gente. Por mi edad tenía prioridad, y salió todo perfecto. Me llevé mi lapicera. El sobre no lo cerré, metí la solapa adentro”, cuenta.

Después, volvió a paso ágil a su casa y lo primero que hizo fue bañarse. “Por las dudas”, dice.

Ahora, está un poco más tranquila y ya no le genera ese vértigo salir a la calle. “Me cuido de todas formas. No me quiero contagiar. Como la gente atraviesa en soledad esta enfermedad, no quiero que me pase eso”, apunta.

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Recomendación médica

Como vive sola y se tomó muy en serio el encierro sanitario, Chiesa se volvió una experta con la computadora. Se convirtió en fan de las competencias de patinaje artístico y consumió todos los videos que pudo sobre ballet y canto lírico. También buscó opciones más interactivas y se inscribió en un curso de sociología en una universidad. Pero hace unas semanas lo dejó, porque le disgustaba que los profesores les hablaran en lenguaje inclusivo. “Qué feo hablan ahora. Antes, nos esforzábamos por hablar bien, ahora son un desastre”, dice.

Una vez por mes, su hija le hacía las compras y se las dejaba en el palier del edificio. Aunque extrañaba mucho conversar con ella o abrazarla, resistió las ganas todo lo que pudo. Cuando las restricciones se relajaron, se animó a salir a la calle. Siete meses después de haber empezado la cuarentena. En realidad, por un turno médico que no quería perder. Caminó ocho cuadras y descubrió que casi no podía volver, porque su musculatura estaba muy debilitada por el encierro. Entonces, lo consultó con su doctor de cabecera y le recomendó que aunque no viera ni se encontrara con nadie, saliera todos los días a caminar unas cuadras. Fue entonces que se compró unas gafas de seguridad industrial y con el barbijo empezó a caminar.

Cuando empezó la pandemia, estaba de vacaciones en su departamento de San Bernardo. Decidió quedarse allí, pero cuando vio que estaba demasiado sola, apenas pudo volvió a Buenos Aires.

Después hizo aislamiento en las más estrictas condiciones. Recién cuando se cumplía un año del inicio de la cuarentena, empezó a ir con su hija y su yerno los domingos a navegar por el Tigre, pero sin tomar contacto con otras personas.

Ahora va al supermercado, pero su circuito social se limita a ver a su hija una vez por semana. “Para mí votar es un derecho al que no voy a renunciar. No me gustan los candidatos. Nunca vi un nivel tan bajo. Cada año es peor. No escuché una propuesta seria de cómo salir de esta crisis”, concluye.

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