El drama de los estudiantes de medicina argentinos varados en el aeropuerto de Madrid

Dolores Caviglia

No. No. No. No. No. Renzo Fraccaro hace días que escucha la palabra "no". Desde el lunes 16 de marzo. "No". Ese fue el primero. Había ido a estudiar como desde hacía meses y entonces le dijeron: "No". No podía quedarse. Estaba en Lyon, Francia, en el hospital que le había sido asignado tras ganar una beca impulsada desde su universidad, la Universidad Nacional de Cuyo, para cursar el último año de la carrera de Medicina allí y debía irse. La pandemia del coronavirus ya había avanzado mucho en el país y el gobierno de Emmanuel Macron había tomado varias medidas drásticas. Entre ellas, cerrar escuelas, locales, locales públicos. Su beca también entró en el paquete. Como la de sus amigos, Eugenia Rodríguez y Julián Bonade, mendocinos como él.

Después vinieron los demás. No, no podía seguir asistiendo al hospital, ni siquiera como voluntario, porque de ahora en más la prioridad era frenar la enfermedad. No, no podía seguir trabajando de mesero en el restaurante porque había cerrado. No, no podía quedarse en el país al que había llegado en diciembre. La recomendación era volver. Y era casi una orden. A eso se dispuso.

Luego de confirmar que Iberia, la aerolínea con la que tenía boleto de regreso a Mendoza para agosto, no podía adelantar el vuelo compró otro. El tramo sería distinto. Lyon, Madrid, Santiago de Chile y Buenos Aires. Embarcó el lunes 23 a las 19:30 hora francesa. A Barajas llegó a las 21 hora española. El siguiente trayecto debía despegar a las 23.55 pero le volvieron a decir que no.

"Me rompieron el ticket de embarque en la cara. Nos dijeron a los tres que no podíamos subir. Entonces nos llevaron a buscar nuestras valijas pero el lugar estaba cerrado así que tuvimos que esperar hasta las 5 de la mañana. Fueron horas. Después nos acercamos al mostrador de Aerolíneas Argentinas y también hablamos con los representantes de la embajada", cuenta Renzo, de 24 años, quien vive en la localidad de Maipú, al diario LA NACION desde el aeropuerto de Madrid.

Sin respuestas

Tanto desde la aerolínea de bandera como desde la embajada los escucharon, pero no pudieron hacer mucho más. Él lo sabe. La crisis es mundial. El caos está en todas partes y las medidas se conocen minuto a minuto. Sin embargo Renzo quiso hacer algo. Posteó en las redes sociales un video en que cuenta su situación y la de sus amigos. Internet lo viralizó y consiguió que una persona de la aerolínea española se les acercara y les permitiera salir del espacio de tránsito.

Buscaron un plan B. Se acercaron a Latam para cambiar el vuelo de Iberia, endosarlo. Desde la empresa en un primer momento les dijeron que sí. Que no había problemas. Que el vuelo partiría de España el 26 de marzo por la tarde y que podrían abordarlo. Se quedaron tranquilos. Pero horas después, ayer, a poco de la noche, volvieron a decirles que no.

"No nos dejaron subir al vuelo que salía esta tarde porque nos dijeron que era solo para repatriar chilenos. Aunque después no pusieron otra excusa. Nos dijeron que la capital chilena estaba colapsada de argentinos", asegura el joven mendocino. Desde Latam la respuesta es parecida. Lleva a un nuevo no. Tras el anuncio que hizo ayer el presidente Alberto Fernández sobre suspender todos los vuelos que iban a traer a argentinos varados en el extranjero, y aunque la medida aun no fue oficializada, la empresa asegura que debe acatar. Que no puede embarcar a ningún argentino más en ninguna ciudad.

Incertidumbre

Renzo ahora espera en medio de la incertidumbre. No tiene destino. Tampoco mucho dinero. La comida escasea. Junto a sus amigos habían embarcado en Francia con alimentos pero ahora, luego de tres noches de dormir en el piso del aeropuerto, con dolor de espalda, comienza a faltar. Y los no son aún más.

En Barajas no hay locales abiertos. Solo un par de máquinas expendedoras que ofrecen papas fritas de paquete y café. Salir a comer a Madrid no es una opción. En medio de la cuarentena dictada por el gobierno español la Policía está por todas partes y no autoriza la circulación. Tampoco hay restaurantes abiertos donde ir. El toque de queda comienza a regir por las noches y el rumor fuerte es que los hoteles están a punto de cerrarse porque no quieren más huéspedes.

España, en aislamiento desde hace semanas, ayer superó en cantidad de muertes por coronavirus a China y los números de infectados siguen subiendo, como también aumenta el colapso de los hospitales. Renzo no sabe bien cómo seguir. Hacia dónde ir. Dice que hay una esperanza: que el gobierno argentino autorice a Iberia a trasladarlos en el vuelo que el 29 llegará a Buenos Aires para llevarse a los españoles en el país. A eso se aferra.

Esta mañana desayunó café con sus amigos. Hace unas horas una persona que se enteró sobre su situación se acercó desde Madrid y les llevó un recipiente con comida. La que comparten. Los tres están preocupados porque aunque no saben cuándo volverán sí saben que están en un lugar de riesgo. En la zona del aeropuerto en la que se encuentran, junto a otros 80 argentinos, hay solo un baño y una circulación de gente, de todos los países, inmensa. Por suerte tienen barbijos. Por suerte aún les queda algo de alcohol en gel.

Si estás varado en el extranjero, compartí tu testimonio con LA NACION en este Google form.