Donald Trump y la peligrosa caricatura de sí mismo llevada al extremo

Gonzalo Aguirregomezcorta
·8  min de lectura
Donald Trump fue motivo de mofa durante la noche electoral. (Getty Images)
Donald Trump fue motivo de mofa durante la noche electoral. (Getty Images)

La fiesta de la democracia de las elecciones de EEUU se ha tornado en el esperpento electoral que ya anticiparon algunos analistas. Y así, la retórica de Donald Trump durante la campaña - también en su mandato e incluso antes de los comicios de 2016 - no fue más que el aperitivo de lo que ha acabado sucediendo: cuando las cosas se tuercen durante el escrutinio, el máximo mandatario estadounidense se enrabieta como un bebé. No le faltan ni los pucheros. Airea conceptos como “fraude electoral”, “robo de votos”, “corrupción demócrata” o “sistema corrupto”, acompañados por acusaciones directas y, por si no fuera suficiente, hasta proclamas victoriosas antes incluso de que los resultados de Estados basculantes como Pensilvania, Michigan o Wisconsin fueran definitorios.

Estamos presenciando a Trump en toda su extensión, en modo incendiario cuando la derrota acecha o la victoria no es tan clara como esperaba. Es entonces cuando se retrata a sí mismo haciendo el trabajo de los caricaturistas del mundo entero infinitamente más fácil. Se mantiene imperturbable en la línea directa con su electorado y curiosos que siguen sus pasos en Twitter, es ahí donde el presidente de la que se ha considerado durante buena parte del último siglo como la nación más poderosa del mundo expone sus inseguridades y busca la aceptación y el reconocimiento que tanta falta le hace. Es, a través de sus tweets, como se convierte en el hazmerreír de buena parte de sus homólogos y ciudadanos de a pie en general. Los ojos del globo terráqueo están puestos en estas elecciones trascendentales y Trump está consiguiendo que se perciba a EE.UU. con cierta vergüenza ajena. Hay incluso quien se está frotando las manos.

¿Se imaginan un circo de esta magnitud en otros países democráticos? ¿Acaso es posible plantearse que presidentes de naciones como Francia, España, Alemania, Canadá etc pongan en duda la legitimidad de su sistema electoral con falsas acusaciones a través de las redes sociales?

Donald Trump basa su estrategia de comunicación en las redes sociales. (Getty Images)
Donald Trump basa su estrategia de comunicación en las redes sociales. (Getty Images)

Trump va por libre y no hay lógica política que le haga entrar en razón. Ése es precisamente su sello de identidad y uno de los argumentos que cautiva a parte de su electorado, a los que alienta con una narrativa victimista sostenida con denuncias ante los tribunales como la que ha llevado en Georgia, donde pide que se investiguen 53 supuestos votos que supuestamente llegaron tarde. El conteo en Pensilvania, Wisconsin y Michigan también está en entredicho - y en manos los tribunales - por Trump y su séquito familiar, de su partido y el mediático.

“Hemos reclamado, a propósito del voto electoral, Pensilvania (que no permite observadores legales), Georgia y Carolina del Norte, los cuales tienen una gran ventaja de Trump. Además, también reclamamos el Estado de Michigan porque, de hecho, hubo un gran número de boletos desechados como se ha reportado”, esgrimió el miércoles a primera hora de la mañana.

Esas acusaciones sin aportar pruebas concluyentes generan un tsunami imposible de contener. Su mentira trasciende no sólo a través de Twitter, sino con intervenciones como las de Rudy Giugliani, exalcalde de Nueva York y abogado de Trump. Se genera entonces una línea de pensamiento que se magnifica a través de sus medios de comunicación afines. Fox News, canal de televisión con millones de televidentes, que cuenta con una línea editorial más cercana al Partido Republicano que al Demócrata, amplifica estas teorías y algunos de sus colaboradores (otros se oponen a estas acusaciones) no dudan en repetirlas hasta que se normalizan para calar en el electorado conservador de manera incontestable. Es entonces cuando un número muy significativo de los más de 68 millones y medio de sus votantes piensan que les están robando las elecciones, cuando la realidad demuestra que el sistema, por arcaico que sea, cumple con las reglas del juego bajo la legalidad. Al menos, hasta que se demuestre lo contrario. ¿O es que donde Trump acorta distancias tras los conteos que él mismo critica y que se siguen produciendo más de 24 horas después del cierre de los colegios electorales son válidos (véase Arizona o Nevada) o donde sucede al contrario (Pensilvania, Michigan, Wisconsin o Georgia) son parte del fraude?

Una votante estadounidense observa la comparecencia de Donald Trump. (Getty Images)
Una votante estadounidense observa la comparecencia de Donald Trump. (Getty Images)

Esa inconsistencia es la que está exponiendo su versión más grotesca hasta el punto en que seis de los 14 tweets que ha publicado desde el martes han sido catalogados por Twitter como material potencialmente “engañoso en una elección u otro proceso cívico”. Algunos tildan a esta intervención de censura - que no lo es porque esos tweets no han sido eliminados por la plataforma - mientras que otros aplauden que no haya vía libre a este tipo de acusaciones infundadas.

Si nos ceñimos al 3 de noviembre en adelante, la actividad de Trump comenzó con un mensaje categórico: “Daré una conferencia de prensa esta noche. ¡Una gran victoria!”. Aquellas palabras llegaron cuando varios Estados seguían en el aire, tanto es así que ni siquiera quedaron resueltos 24 horas después de su publicación. Cuatro minutos más tarde, Trump colocó otra semilla: “Estamos ganando por mucho pero nos están intentando robar las elecciones. Nunca permitiremos que lo hagan. Los votos no pueden ser emitidos después de que se cierren las urnas”.

El nivel de irresponsabilidad de aquellos tweets - el segundo fue señalado por Twitter por no cumplir con su política de integridad cívica - sólo quedaron superados por el discurso que ofreció de madrugada ante los medios de comunicación en el que afirmó: “Estábamos listos para ganar estas elecciones, francamente, hemos ganado estas elecciones”.

Y así, sin complejo alguno, Trump se proclamó vencedor porque sí, porque en aquel momento el conteo le colocaban virtualmente como el ganador pero aún faltaban millones de votos por escrutar, especialmente el voto por correo tan necesario en tiempos de pandemia como desfavorable para el actual presidente. Fue él quien, también a través de Twitter y en numerosos discursos, deslegitimó esta modalidad electoral durante su campaña. Aunque no hay que irse tan lejos.

“Anoche lideraba, de manera sólida, en muchos estados clave, en casi todos los casos los de dominio demócrata. Luego, uno por uno, comenzaron a desaparecer mágicamente mientras se contaban los votos sorpresa. Muy extraño, y los "encuestadores" se equivocaron completamente e históricamente”, sostuvo el miércoles por la mañana en otra publicación que despertó las alertas de la red social.

“Están encontrando votos de Biden por todos lados - en Pensilvania, Wisconsin y Michigan. ¡Qué mal para nuestro país!”, subrayó cuando vio cómo el primer Estado veía su ventaja reducida y los otros dos estaban a punto de decantarse del lado demócrata.

“Están trabajando duro para hacer desaparecer 500.000 votos de ventaja en Pensilvania...”.

“¡Wow! Parece que Michigan ha encontrado las boletas necesarias para mantener un hombre joven y maravilloso como John James fuera del Senado. ¡Es terrible lo que está sucediendo!”

De esta manera continuó poniendo en tela de juicio la integridad del sistema y la de un personal - mayoritariamente voluntarios - que está contando votos a contrarreloj y en espacios cerrados durante la pandemia. EE.UU. registró 100 mil casos de contagio por Covid-19 entre el martes y el miércoles.

El absurdo sigue su curso. Con un presidente empeñado en que se detenga el conteo - cuyos seguidores le siguen el rollo - y una oposición que lo único que quiere es que se cuente hasta la última de las boletas. Así está el patio, todo embarrado para manchar la que siempre se ha considerado como la mejor democracia del planeta. ¿Que hay sospechas de fraude? A los tribunales, entonces. Repetir hasta la saciedad en las redes sociales que los comicios están corrompidos es peligroso. No sólo provoca malestar y el riesgo de inestabilidad en la sociedad (revueltas violentas y mayor polarización incluidos), sino que coarta la motivación de aquellas personas que en un futuro podrían acabar pensando: “¿De qué sirve que vote si el sistema es fraudulento?”.

Es así como Trump antepone su interés por encima de las consecuencias de sus palabras, dentro y fuera de las redes sociales.

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