Donald Trump y la Argentina: de la sintonía máxima con Mauricio Macri a la cordialidad con Alberto Fernández

Alan Soria Guadalupe
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La relación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con la Argentina osciló en los últimos cuatro años entre la sintonía máxima que hubo con el exmandatario Mauricio Macri y la relación cordial -hasta ahora poco desarrollada- con el actual jefe de Estado, Alberto Fernández.

Sin embargo, para la nación norteamericana, sin importar los gobiernos, la Argentina podría actuar como un aliado en la regiónen su pugna a nivel mundial con su rival, China. Ante el avance del gigante asiático liderado por Xi Jinping en términos de comercio e influencia en Occidente, la Casa Blanca mira al sur en su búsqueda de no ceder el liderazgo, aunque no especialmente al gobierno nacional.

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"Nuestro país no juega un rol importante para la Casa Blanca sino más bien un rol relativamente marginal en el concierto del mundo, aunque eso no quiere decir que no pueda despertar intereses particulares. La preocupación central de Estados Unidos en la región es contener el avance chino y después que Venezuela no se salga de cauce. Nuestro país juega un rol marginal dentro de una región también relativamente marginal", señaló a LA NACIONJuan Negri, doctor en Ciencia Política y profesor de las universidades Di Tella (UTDT) y Nacional de San Martín (Unsam).

Dos hombres de negocios en el poder

"La Argentina es un gran país y tendremos la más cercana relación de la historia", dijo Trump en una llamada telefónica que mantuvo con Macri poco después de haber vencido a Hillary Clinton. Fue el punto de partida de una relación que dejó varias fotos entre ambos en distintas partes del mundo. En aquella conversación, sin remordimientos por el apoyo de la Casa Rosada a la candidata demócrata, los dirigentes recordaron el vínculo de negocios que los unía desde antes de que ambos ingresaran a la política y dieron continuidad a una relación bilateral que ya había avanzado muchos casilleros con Barack Obama, uno de los primeros mandatarios extranjeros que visitó a Macri en Buenos Aires en 2016.

"No hay trabajo que pueda hacer una cancillería ni la diplomacia si no se produce la química entre las personas, y en la conversación se confirmó que esa química está ahí", había dicho la entonces canciller Susana Malcorra.

La sintonía entre Macri y Trump tuvo resultados dispares en materia comercial. En 2018, el Gobierno logró reactivar el mercado de exportación de limones a Estados Unidos, que había prohibido el ingreso del cítrico en 2001 por un reclamo de citricultores californianos. El valor simbólico de la apertura fue tal que Macri viajó a Tucumán y presenció junto al gobernador kirchnerista, Juan Manzur, el primer envío. Ese mismo año alcanzaron un acuerdo recíproco para la venta de carne fresca entre ambos países.

Otra de las negociaciones protagonizadas por la Argentina fue por material militar, aunque no se concretó. Durante su gestión, Macri había anunciado la compra de 27 vehículos de transporte de infantería Stryker, ametralladoras y equipos de intercomunicación, destinados a tareas de apoyo en casos de desastres y catástrofes naturales y el mantenimiento de la paz, pero en julio de este año, pese a la aprobación de Trump, el ministro de Defensa de Fernández, Agustín Rossi, frenó el intercambio.

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El vínculo atravesó un traspié en 2017, cuando la administración Trump provocó un cimbronazo en las exportaciones argentinas al imponer aranceles prohibitivos a la exportación de biodiésel, un mercado que hasta 2017 había representado un ingreso de hasta 1200 millones de dólares. Fue la National Biodiesel Board (NBB) la que le pidió al gobierno de Trump que impusiera sanciones contra la Argentina porque el producto ingresaba con dumping y tenía subsidios, algo que el Gobierno negó. La apertura comercial todavía no se logró.

Y cuando faltaban días para que asumiera el poder, el gobierno de Alberto Fernández registró un golpe luego de que el republicano anunciara por Twitter, uno de sus canales de comunicación más elegidos, que volvería a aumentar los aranceles a las importaciones de acero y aluminio, algo que finalmente no sucedió.

Al hacer un repaso del vínculo de las relaciones bilaterales durante las gestiones de Macri y Trump, el excanciller argentino Jorge Faurie afirma que "hubo logros importantes" y para ejemplificarlos se refiere, por ejemplo, al apoyo a nivel internacional frente a organizaciones internacionales. "Estados Unidos respaldó a la Argentina para que ingresara a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Ser miembro hubiera sido algo muy positivo y Trump se comprometió con eso, pero el ingreso no dependía solo de él", aseguró en diálogo con LA NACION.

Y sobre los vínculos comerciales que se establecieron, agregó: "En material comercial EE.UU. de la Argentina no necesita nada, produce lo mismo, pero se trató de una decisión política. Con la intención de que América Latina no quede tan conectada con China, se cerraron compromisos como el de los limones o la carne de vaca, la de cerdo, la aviar. Lo mismo ocurrió con las inversiones de la OPIC, una institución financiera de la Casa Blanca que alienta el desarrollo de los países. Hubo inversiones en torno a los 1200 millones de dólares. Esto lo activó mucho Trump, que entendía que debía estar presente en los mercados argentinos. para consolidar su posición".

Dos visitas y un acuerdo

En abril de 2017, Macri y su esposa, Juliana Awada, fueron recibidos en Washington por Donald y Melania Trump. Así se convirtieron en una de las primeras parejas presidenciales latinoamericanas en llegar a la Casa Blanca, a cuatro meses de la asunción del republicano. Y se entendió como un gesto. Mostraron que se disponían a armar una alianza estratégica para el continente y se posicionaron sobre la crisis en Venezuela con una misma mirada: Nicolás Maduro es un dictador y es necesario un cambio de régimen, ese fue el mensaje. También hablaron de cooperación en la lucha contra el lavado de dinero y la corrupción, y repasaron varios acuerdos comerciales ya firmados.

Donald Trump se saluda con el entonces presidente Mauricio Macri, en la reunión del G20 realizada en Argentina; fue el único viaje del mandatario estadounidense a la región
Fuente: Archivo - Crédito: Silvana Colombo

En la devolución de gentilezas, cuando Trump visitó la Argentina en 2018 en el marco del G-20, los presidentes también tuvieron un mano a mano, esa vez, en la Casa Rosada. Allí, el estadounidense volvió a decir que confiaba en Macri para dirigir el país. Además resaltó: "La Argentina es un socio estratégico histórico de Estados Unidos y un importante aliado extra OTAN. Macri está realizando un trabajo excelente".

Por otro lado, Macri reconoció en varias oportunidades el apoyo de Trump para que el Fondo Monetario Internacional (FMI) avanzara en el préstamo que le otorgó a la Argentina en 2018, el más grande de la historia del organismo, algo que también le agradeció en su paso por Buenos Aires. "Es un gran momento para agradecer el enorme apoyo que hemos recibido por parte de EE.UU., de tu gobierno, especialmente en este último año donde estamos atravesando momentos difíciles", dijo Macri entonces.

Alberto Fernández y un vínculo "maduro"

Tras la llegada de Alberto Fernández al poder, en diciembre pasado, la Argentina tomó algo de distancia de Estados Unidos al no exhibir la cercanía que existió durante el macrismo, pero tampoco se alejó al punto que había dejado el kirchnerismo en 2015, con el vínculo congelado.

En una relación que en la Cancillería definen de "madura" y de "respeto mutuo", el Gobierno mantuvo los contactos y aún cuenta con el apoyo de la administración Trump en la renegociación de la deuda con el FMI.

Aunque en lo que va del mandato del Frente de Todos no hubo roces diplomáticos de peso con Washington, la crisis en Venezuela se impuso como uno de los temas en los que ambos gobiernos se encuentran en veredas opuestas. En el Gobierno dicen que es una diferencia asumida por ambas partes que no afectará el desarrollo del vínculo.

Roces

No hubo una mención directa de Fernández a Trump ni al revés, pero la embestida del gobierno argentino -junto a otros como el de México y Chile- para que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) no quedara en manos de Mauricio Claver-Carone, funcionario del gobierno republicano, subió los niveles de tensión entre los gobiernos.

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Mientras Washington apostaba a que por primera vez en más de 60 años un estadounidense se hiciera cargo del organismo clave para el financiamiento de la región rompiendo la tradición que indicaba que siempre debía ser un latinoamericano, Fernández decidió enfrentarse directamente a las intenciones de Trump.

Días antes de que se confirmara que el BID iba a quedar en manos de EE.UU. -y el secretario de Asuntos Estratégicos argentino, Gustavo Beliz, perdía toda chance de hacerse con el cargo-, Claver-Carone apuntó con dureza al Gobierno, al acusarlo de querer "secuestrar" la elección por su intento de forzar una postergación. El candidato habló de "una táctica liderada por el gobierno de Argentina que busca la parálisis y la obstrucción" de los comicios.

Otra chispazo en la relación surgió cuando Evo Morales llegó como refugiado al país a horas de la asunción del nuevo gobierno. Poco antes, mientras Evo estaba en México tras haber renunciado a la presidencia de Bolivia en medio de las denuncias de fraude electoral, Alberto Fernández, en calidad de presidente electo, había dicho que el republicano había "avalado la intervención militar" en Bolivia, que causó protestas violentas y muertes en el país. La Casa Blanca había señalado que "la salida de Morales preserva la democracia y allana el camino para que el pueblo haga oír su voz".

Más recientemente, la administración Trump le envió un mensaje al presidente Fernández luego de que el Gobierno endureciera las restricciones cambiarias, al tiempo que le pidió "previsibilidad" para lograr que los inversores vuelvan o no abandonen el país. El encargado de transmitir esa posición fue Kevin O'Reilly, subsecretario Adjunto de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, uno de los funcionarios de mayor jerarquía de la Casa Blanca para la región. "Esperamos que puedan desmantelar las restricciones del mercado temporales que el gobierno consideró que eran necesarias para transitar las crisis. (...) Es más importante que nunca crear las condiciones para que las compañías puedan entrar con confianza en la economía", había dicho.

La pandemia

Los gobiernos de la Argentina y Estados Unidos habían comenzado a evaluar alternativas para concretar un primer encuentro bilateral entre Fernández y Trump. Los planes habían sido adelantados por el embajador argentino en Washington, Jorge Argüello, quien en febrero se reunión con el canciller estadounidense, Mike Pompeo, y con el mandatario republicano. El plan era que el Presidente visitara la Casa Blanca este año. La pandemia hundió toda expectativa de ese viaje al exterior como de todos los demás que tenía previstos.

El último contacto entre el presidente argentino y su par estadounidense fue hace apenas semanas. En medio de la campaña electoral y de la crisis provocada por la pandemia de coronavirus, que tiene al país del hemisferio norte como el más afectado, con casi 9 millones de positivos y cerca de 230.000 muertos, Trump se contagió y Fernández le mandó una carta. "La magnitud de esta pandemia no distingue entre gobernantes y gobernados; y extiende su peligrosidad de modo amplio", decía la misiva.

Fernández, desde marzo, defiende en su discurso que el problema del brote es sanitario y que si la economía debe verse afectada para cuidar de los argentinos, por ejemplo con el aislamiento obligatorio, habrá tiempo para la recuperación. Trump asegura lo contrario. Para él la economía es prioridad y no hay espacio para los cierres totales.

"Trump no es demasiado abierto a las demandas argentinas en términos de comercio internacional. Su preocupación siempre es el balance comercial y la intención de Fernández de recrear cierto espíritu de progresismo latinoamericano tampoco es algo que agrade a Washington, así que esta cuestión y la mercantil y lo que ocurrió con el BID fueron hechos que enfriaron la relación. Si Trump es elegido una vez más, no creo haya espacio para algún cambio", opinó Negri sobre cómo continuaría el vínculo en caso de una eventual reelección el martes próximo.