Donación de médula ósea: una joven argentina, la esperanza para que se salve una joven con cáncer de Europa

María Ayzaguer

El celular sonó varios días con llamadas de un número desconocido. Natalia Roth lo ignoró pensando que se trataba de una compañía telefónica ansiosa por conseguir un nuevo cliente. Hasta que un día se hartó y decidió responder. "Era una mujer del Incucai que me decía que había posibilidades de que fuera compatible con alguien en Europa", cuenta la joven de Pigüé, provincia de Buenos Aires. Desde que en el 2015 se anotó en el Registro Nacional de Donantes de Médula Ósea (o mejor dicho, de células progenitoras hematopoyéticas), ésa era una llamada que sabía que podía llegar.

La médula ósea es un tejido esponjoso que se encuentra en el interior de algunos de los huesos del cuerpo -como por ejemplo, los de la cadera- y que contiene las células progenitoras hematopoyéticas, también llamadas células madre, porque se dividen para transformarse en todas las células sanguíneas.

Tres de cada cuatro pacientes con enfermedades que necesitan estas células no tienen un donante compatible en su familia, varía muchísimo de persona a persona. Por lo que necesitan uno anónimo. El registro de donantes argentino forma parte de la Red Internacional Bone Marrow Donors Worldwide (BMDW), que agrupa más de 30 millones de donantes de 63 países.

Cuando alguien de estos países necesita un donante, se activa una alarma simultánea para dar con la persona indicada dónde sea que esté en el mundo. Y esa persona ahora es, para una joven europea con una enfermedad oncológica grave, Natalia, una estudiante de Bioquímica de 25 años. Para eso, tuvo que ir al Hospital Municipal de Bahía Blanca, donde le hicieron un cuestionario extenso y le extrajeron una muestra de sangre.

En unas semanas tiene que viajar a Buenos Aires para hacerse más chequeos médicos que aseguren que esté bien de salud

"Supongo que fue por mi carrera afín a la salud que se me ocurrió hacerlo. Voy conociendo gente que tiene leucemias, o linfomas o anemias aplásicas (en las que el cuerpo deja de producir la cantidad necesaria de células sanguíneas nuevas)", dice cuando se le pregunta cómo se le ocurrió ser donante. Y agrega que de todas formas, cuando uno se va a anotar "piensa que tiene más posibilidades de estar en el lugar del receptor que de donante".

Muestra de sangre

Desde Bahía Blanca, enviaron una muestra de su sangre al Incucai, donde se analizó serológica y genéticamente. Y luego entró al registro mundial. El 8 de agosto pasado la llamaron por primera vez para decirle que había un potencial receptor y que necesitaban tomar una muestra nueva para mandarla a analizar en Europa. Y la semana pasada le confirmaron que es la donante ideal para esa persona.

"Me dijeron que soy compatible en un 100%, y querían saber si pensaba seguir adelante con el procedimiento". Natalia no lo dudó. En unas semanas tiene que viajar a Buenos Aires para hacerse más chequeos médicos que aseguren que esté bien de salud. Y luego la extracción, que puede ser de dos maneras distintas.

"Está la opción de una punción en la cresta ilíaca (cadera), o por aféresis, que es algo similar a la diálisis: te conectan a una maquinita por los brazos, de uno sale la sangre y se le sacan las células progenitoras hematopoyéticas y por el otro brazo vuelve la sangre", explica.

El donante puede elegir el método que prefiere. En su caso, probablemente opte por la segunda. "Ttal vez es más sencillo y no hace falta ingresar a un quirófano. Y me voy al día siguiente", minimiza. No tiene nada de miedo: "Esas células se vuelven a generar solas en mi cuerpo, ¡no es que las pierdo", dice.

Está muy movilizada de poder ayudar a alguien. Una vez que confirmó la fecha para ir a donar a Buenos Aires y pudo saber algunos más datos biográficos del paciente receptor -que no se divulgan por protocolo- creció su deseo. "Ahí sentí que había que ayudar y concientizar acerca de lo importante que es poder realmente salvar una vida. Hay que achicar los miedos, uno puede ayudar con algo tan simple. Lleva apenas un poco de tiempo, es un ratito de algo que no te cuesta casi nada".

Cuando se cumpla un año del trasplante en Europa, y si ambas partes están de acuerdo, pueden comunicarse y conocerse. "Sería super lindo conocerla, pero para mi hoy no decisivo para hacerlo. Ya con saber que el trasplante le funcionó me alcanza".