“Lo más doloroso sería volver a lo anterior”, familia de joven ciego por disparos en Chile pide justicia

Por Gabriela Donoso y Aislinn Laing
Foto de archivo. El estudiante chileno Gustavo Gatica recibe primeros auxilios después de recibir impactos de perdigones de la policía en su rostro durante una protesta en Santiago.

Por Gabriela Donoso y Aislinn Laing

SANTIAGO, 4 dic (Reuters) - La familia de Gustavo Gatica, un joven chileno que recibió perdigones en sus ojos en una protesta contra el gobierno de Sebastián Piñera, espera que las manifestaciones en su país no cesen y clama por justicia en los casos de presuntas violaciones a los derechos humanos reportadas durante el estallido social.

El rostro de Gatica, de 22 años, se convirtió en símbolo de las protestas desde que fue herido el 8 de noviembre por disparos de la policía y su caso ha sido el catalizador de la furia por el uso excesivo de la fuerza denunciado por manifestantes y organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Right Watch.

El joven herido en sus ojos es uno de los más de 241 casos de trauma ocular registrados por el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) desde los primeros días de la protesta. Tras casi dos semanas hospitalizado y varias cirugías, Gatica regresó a la localidad de Colina, en donde su hermano mayor y sus padres lo ayudan a aprender a vivir en la oscuridad.

"Cuando él me ha dicho que transmita algo, siempre ha sido esta idea de que ojalá la gente siga movilizándose, siga luchando, porque lo más doloroso que nos podría pasar sería volver a lo anterior; que no haya pasado nada, que todos estos esfuerzos, que todos los sacrificios queden en nada", dijo Enrique Gatica, su hermano, en una entrevista con Reuters representando a la familia.

Los padres y el propio Gatica declinaron dar por el momento una entrevista a Reuters, ya que desean concentrarse en el proceso de recuperación del joven, explica Enrique.

Las protestas, que se iniciaron por un alza en el costo del transporte hace más de 45 días, escalaron a demandas sociales que dejaron a la luz una profunda desigualdad en una de las economías señaladas como ejemplo de estabilidad en América Latina. Hasta ahora 26 personas han muerto y 13.000 han sido heridas, según la fiscalía y organismos de derechos humanos.

El gobierno de derecha de Piñera ha intentado calmar los ánimos con medidas que buscan mejoras en pensiones, salarios mínimos y un plebiscito sobre una nueva constitución que derogue la carta fundamental vigente desde la dictadura de Augusto Pinochet, de 1973 a 1990, que estableció amplias restricciones para modificarla.

Sin embargo, las marchas y los enfrentamientos con la policía, que han derivado en saqueos e incendios, continúan e incluso se acentuaron cuando los médicos confirmaron la ceguera total de Gustavo, un estudiante de sicología, animalista y fotógrafo aficionado que estaba registrando las protestas con una cámara comprada recientemente.

"Al parecer había barricadas en ese minuto, pero no era una situación particularmente violenta cuando hieren a mi hermano. Mi hermano no estaba en lo que se llama la primera línea, estaba más atrás (...) Lo que sabemos de los registros es que no había una situación particularmente violenta que llevara a que los uniformados usaran ese tipo de armamento", relata su hermano.


¿JUSTICIA CIEGA?

El gobierno chileno y la policía han asegurado que se investigarán todas las denuncias de uso excesivo de la fuerza y los posibles incumplimientos de los protocolos para la dispersión de los manifestantes que incluyen escopetas de perdigones, balines, gases irritantes y cañones de agua.

Pero para los Gatica, hijos de dos profesores de zonas sociales vulnerables de la capital, es difícil creer en los procesos judiciales, en un país que tiene en la memoria las violaciones a los derechos humanos cometidas en dictadura, cuando más de 3.000 personas murieron o desaparecieron víctimas de la violencia política.

"Es difícil confiar ciegamente en la justicia porque sabemos cuántos casos hay que nos hacen dudar de ella (...) hay muchos elementos, muchos aspectos que nos hacen dudar de ella. Sabemos que también hay justicia para unos y para otros. Yo no tengo mucha fe en la justicia en general", dice Enrique.

Los abogados de Gatica buscan que se determinen judicialmente las responsabilidades del caso, desde el autor material del disparo hasta el Estado chileno.

El ministro del Interior, Gonzalo Blumel, dijo la semana pasada que el caso de Gatica era muy doloroso y que los protocolos de la policía para el uso de la fuerza deben ser revisados. La policía, que restringió el uso de balines a casos de amenaza a la vida, declinó referirse al caso específico porque es materia de investigación.

Gustavo Gatica está bajo apoyo terapéutico y se informa a través de la familia sobre el estallido social, dice su hermano. Poco después de ser herido en la céntrica Plaza Italia en Santiago, el joven fue socorrido por voluntarios de emergencia en la calle, en donde se tomó una fotografía de él en estado de shock y con sus ojos sangrando.

La familia autorizó a Reuters a mostrar la fotografía en esta nota, pese a que inmediatamente después del incidente habían pedido mantener la imagen del joven bajo reservas. Las fotos de Gatica previas al 8 de noviembre fueron facilitadas por su hermano con autorización del joven.

Los numerosos registros de traumas oculares parecen ser un fenómeno singular de Chile, pese a las olas de protestas en diferentes lugares del mundo.

Amnistía Internacional dijo en un reporte en noviembre que las fuerzas armadas chilenas estaban llevando a cabo un ataque generalizado que buscaba castigar a los manifestantes.. Human Rights Watch, por su parte, señaló que la policía no tenía el entrenamiento adecuado.

"La represión apunta justamente a generar terror, generar miedo para inmovilizarnos", enfatizó Enrique Gatica, quien estudia un doctorado en historia y trabajó en la organización de derechos humanos Villa Grimaldi. "Si nosotros dejáramos de estar en la calle para reivindicar lo que es justo, sería un triunfo para quienes quieren imponer el miedo".



(Escrito por Gabriela Donoso, Editado por Juana Casas)