Por una "dolorosa ciática", el Papa suspende sus celebraciones de fin de año

Elisabetta Piqué
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ROMA.- Debido a una "dolorosa ciática", el Papa canceló su participación en las celebraciones que tenía previstas para esta tarde -un Te Deum y Vísperas y la misa por el Nuevo Año de mañana por la mañana-, anunció este mediodía el director de la Sala de Prensa, Matteo Bruni.

En estas dos celebraciones, que cierran el año y festejan el comienzo del nuevo, que se realizan en la Basílica de San Pedro, Francisco fue reemplazado por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio y, mañana, para la misa, por su segundo, el secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin.

Bruni precisó que mañana, de todos modos, el papa Francisco guiará la recitación de la tradicional oración mariana del Angelus, desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, al mediodía, como estaba previsto.

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El Papa padece desde sus tiempos de arzobispo de Buenos Aires dolores de ciática, enfermedad que causa dolores muy fuertes, por la que recibe tratamiento y por la que a veces suele caminar mal, rengueando. Pero es la primera vez que suspende su participación en un evento por este problema. En otra ocasión, cuando canceló su participación se debió a una intoxicación de comida que afectó a varios en la residencia de Santa Marta, donde vive, o a un resfrió, como a principios de año, cuando canceló su participación al retiro de Cuaresma, en un convento en las afueras de Roma.

Debido al confinamiento implementado en Italia por la pandemia, tanto la celebración de las Vísperas y el Te Déum, como la misa de mañana, son muy restringidas.

En la celebración de las Vísperas y el Tedéum de agradecimiento de esta tarde, en efecto, sólo asitieron algunos cardenales y poco más de 150 fieles, cuando lo normal sería unos 7000, todos con barbijo y respetando el distanciamiento social. Tal como se había anticipado, el cardenal Re, que presidió la ceremonia, leyó la homilía que había preparado el papa Francisco para la ocasión. Esta giró en torno de la idea de que si bien el 2020 fue un año dramático debido a la pandemia, igual hay que agradecer porque también salieron cosas buenas.

"Podría parecer forzado agradecer a Dios al final de un año como éste, marcado por la pandemia", escribió el Papa, que mencionó a las familias que perdieron a uno o más miembros, a los enfermos, a los que han sufrido la soledad y a quienes han perdido el trabajo. "A veces uno se pregunta: ¿cuál es el sentido de un drama como éste?", se interrogó, destacando enseguida después, que no hay que apresurarse a dar respuesta a ello.

Luego de subrayar que no existe un Dios "cínico o despiadado" y evocar la parábola del buen samaritano, que se acerca a un pobre y lo ayuda, con compasión, indicó que es justamente allí donde puede encontrarse una explicación. "Ahí sí quizás podemos encontrar el sentido del este drama que es la pandemia, como de otros flagelos que golpean a la humanidad: el de suscitar en nosotros la compasión y provocar actitudes y gestos de cercanía, de cuidado, de solidaridad", indicó el Pontífice. "Es lo que ha pasado y pasa también en Roma, en estos meses; y sobre todo por esto le damos gracias a Dios por las cosas buenas ocurridas en nuestra ciudad durante el confinamiento y, en general, en el tiempo de pandemia que, lamentablemente, aún no ha terminado", agregó.

Destacó entonces las muchas personas que, "sin hacer ruido, han intentado lograr que el peso de la prueba resultara más soportable", con su compromiso y amor al prójimo. Y mencionó y dio gracias a los operadores sanitarios -médicos, enfermeros, voluntarios- que están en primera línea, así como a los muchos sacerdotes, religiosos y religiosos; a las familias, a los dirigentes escolares y a los maestros "que deben enfrentar una situación muy compleja" y a los administradores públicos.