El dolor de Mino, la perra que sigue junto a la tumba del nene que fue su dueño

LA NACION
·2  min de lectura

Los vecinos de Tan Ham, en el sur de Vietnam, no salen de su asombro ante el comportamiento de Milo, una perra adulta. Día y noche se posa arriba de la tumba de un nene de dos años, que fue su inseparable compañero.

Milo tiene cuatro años y durante los últimos dos repitió, incansablemente, una misma acción: no se separa ni por un segundo de la lápida de Khet, un nene de dos años que murió ahogado tras un descuido de su madre.

Una mañana, mientras la madre de Khet preparaba algo de comer, el pequeño salió corriendo de su casa, cruzó un camino de tierra y cayó al canal de agua que la familia tiene cerca sin que nadie se percatara del desgraciado accidente. No pudieron salvarlo.

Su perro murió y recibió un regalo por Navidad que lo emocionó hasta las lágrimas

Conforme a la arraigada tradición campestre vietnamita, el cuerpo de Khet fue sepultado detrás de la casa. La misma casa donde Milo y él jugaron durante interminables jornadas.

Después del último adiós al pequeño, Mino realizó como un ritual una acción diaria: se instaló sobre la lápida. Y ese lugar donde Khet fue enterrado es el sitio donde la perra pasó más tiempo a lo largo de los últimos dos años.

"Traté de que dejara de ir porque no me parecía bien, pero siempre terminaba volviendo. Al final decidí permitírselo", relató Nguyen Thi Ut (57), abuela del pequeño fallecido, a la agencia de noticias EFE.

Arqueólogos habrían encontrado el lugar donde fue ejecutado Juan el Bautista

Amigable, la perra interactúa con los visitantes y permanece unos minutos recostada junto a la mesa ubicada en la entrada de la vivienda humilde. Pero ese acercamiento a la familia dura lo mínimo indispensable ya que ella siente que debe volver al lugar donde Khet fue sepultado.

"Siempre entra en casa un par de horas al mediodía y después vuelve a salir, aunque haga mucho sol o llueva. A veces incluso pasa toda la noche", concluye Ut.