Dos documentales para pensar a un futuro en el que las máquinas acunan a recién nacidos

Héctor Llanos Martínez
·6  min de lectura
Un fotograma del documental Users
Un fotograma del documental Users

Natalia Almada (Ciudad de México, 47 años) se define como “una madre mayor”. Lo fue cumplidos los 40 años. Así que intenta evitar el “solo entenderás ciertas cosas si has sido padre”, porque durante mucho tiempo ha estado al otro lado. “Pero es cierto que, una vez tuve a mis hijos, me hizo pensar en el futuro y en el mundo que les iba a dar de una forma mucho más íntima”, comenta.

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Una imagen, la misma con la que arranca su documental Users (usuarios), congrega varias de esas dudas. Una cuna con inteligencia artificial está programada para mecer a un recién nacido cuando considera necesario mientras genera ruido blanco para lograr que se duerma. El producto, que es bastante caro, está diseñado por Yves Béhar a partir de las ideas del pediatra Harvey Karp. ¿Ha llegado el momento en el que una máquina pueda sustituir de forma efectiva al cuidado humano? ¿Cómo será la personalidad de los adultos criados al calor de cunas inteligentes? Almanda, en contraposición, recuerda el tiempo en que los partos no podían programarse ni podía saberse el sexo de los bebés con antelación, en esta cinta que compite estos días en el festival suizo de documental Visions du Réel, uno de los más relevantes del género en todo el mundo.

Paisajes, niños (los propios hijos de la mexicana), animales, trabajadores… y muchas máquinas, componen este hipnótico viaje. Con la tecnología dominando cada vez más aspectos de nuestra sociedad, la cineasta muestra a modo de ensayo visual las consecuencias de este denominado tecnopolio y de esa creencia tan arraigada que conecta las mejoras de la inteligencia artificial con el progreso. En Users reflexiona sobre la soledad y la deshumanización, recurriendo a un lenguaje visual que no olvida la piel y la tierra. La palabra que le venía todo el tiempo a la mente al rodar esta cinta experimental es la de “ambivalencia”, confiesa la mexicana: “Me interesaba pensar en cómo nuestra relación con la tecnología cambia nuestra relación con la naturaleza. Esta situación puede ser hermosa y aterradora al mismo tiempo y, por tanto, genera sensaciones que son contradictorias, pero no excluyentes”. En un momento dado, refleja esa metáfora a través de las imágenes de salvajes incendios en California, donde la belleza de las llamas se cuela en un instante de destrucción y violencia.

En este trabajo, el estímulo auditivo es tan importante como lo es el visual. Se encarga de ello el marido de la directora, Dave Cerf, que diseña la fusión entre sonido ambiente y melodías como las de The Kronos Quartet. Además, una voz robótica femenina, al estilo de Siri y Alexa, narra casi por completo la película. Está creada de forma artificial a partir de algunas grabaciones sonoras de la propia Almada, que tuvo la oportunidad de probar el software que lo hace posible y decidió “que tenía todo el sentido” aplicarlo a este proyecto. “Me fascinaba la idea de que una máquina pudiera tener mi voz; que yo pudiera convertirme en máquina después de muerta y que esa voz pudiera decir a mis hijos cosas que yo nunca dije”, dice la mexicana, de madre estadounidense y criada en Chicago, ganadora con este trabajo del premio a mejor dirección de un documental en el Festival de Cine de Sundance 2021.

Inteligencia artificial contra la soledad

Robots, cinta de la alemana Isa Willinger (Múnich, 40 años) que puede verse en Filmin, aborda el mismo asunto desde otra perspectiva. Chuck es un estadounidense solitario que decide comprar a Harmony, un sofisticado juguete sexual de apariencia humana. Aunque pudiera parecer una versión revolucionada de la clásica muñeca inflable, esta rubia inteligencia artificial está programada para mantener conversaciones y hacer compañía. Así que cuando charla con su dueño, le desvela una inesperada afición por la literatura.

En cambio el dulce Pepper, con aspecto más cercano al dibujo animado que al de un niño, está diseñado para romper con la soledad de una abuela japonesa. El ajetreado modo de vida de su familia en Tokio hace que su hijo le compre este curioso regalo. La labor de su nuevo nieto electrónico no es solo emocional. Cada vez que da conversación a la anciana, ayuda a retrasar el deterioro de sus capacidades cognitivas. Pero la personalidad infantil del robot termina por aburrir a su propietaria.

Estas máquinas ya socialibilizan a diario con los humanos, en los servicios de atención al cliente, en las recepciones de hoteles y como compañeros de trabajo. Lo que la directora alemana muestra en su documental es cómo también empiezan a entrar en nuestros hogares, en ese reducto de intimidad que puede suponer la última frontera entre unos y otros.

Willinger retrata a los robots “como sujetos y no como objetos”, cuenta en conversación telefónica. La excusa para analizar la relación que la sociedad mantiene con la tecnología. Para encontrar los dos relatos de desencuentros entre inteligencia artificial y humanos que vertebran el documental, la cineasta primero localizó a los robots y luego logró convencer a los humanos con los que convivían a que formaran parte del proyecto.

“La idea era que los robots fueran los protagonistas. No hay muchos de ellos que habiten en entornos reales, que estén en un hogar en vez de en un laboratorio o un museo, pero al final sus dueños robaron nuestra atención. Así que empezamos tal y como se ruedan las películas de ciencia-ficción para confundir ligeramente al espectador y que se cuestionara ¿Es esto el mundo real? ¿Es el futuro o ya es presente? ¿Hemos llegado hasta aquí como especie?”, cuenta.

Lo que comenzó como un retrato de la vida humana de estos robots, terminó siendo el testimonio de los deseos insatisfechos de las personas que los rodean, con la mirada abierta al cambio. “No podemos juzgar el futuro con la mirada del presente. Lo más fácil es mostrarse pesimista, pensar que es muy bizarro el intentar encontrar compañía en una máquina y que es el fin de nuestra civilización. ¿Qué hubiesen pensado nuestros tatarabuelos si nos hubiesen visto concertar citas con nuestros teléfonos móviles? Hubiesen visto en ello el fin de nuestra sociedad. Y, sin embargo, aquí estamos. Esta nueva vida tiene sus desventajas, pero también lidiamos con ellas. Y no olvidemos que, hasta hace pocos años, buscar pareja a través de internet nos parecía que era propio de gente rara”.

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Pero Robots tampoco hace apología de estos nuevos modos de vida. Dos semanas después de que el equipo terminara el rodar, Pepper se rompió y la familia decidió dejarlo en el salón como un objeto decorativo. “Cada vez que lo ve la abuela, inerte, se siente aliviada”, comenta divertida Willinger.