Los divorcios se disparan tras el verano y existe una explicación

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Las vacaciones ponen a dura prueba a algunas parejas, por lo que las demandas de divorcio se disparan a la vuelta. [Foto: Getty Images]
Las vacaciones ponen a dura prueba a algunas parejas, por lo que las demandas de divorcio se disparan a la vuelta. [Foto: Getty Images]

Nos pasamos gran parte del año esperando con ilusión las vacaciones de verano, pero la vuelta a la normalidad puede traernos una sorpresa indeseada: la ruptura de pareja. El Instituto de Política Familiar reveló que en septiembre se produce un pico en el número de divorcios en España.

Sin embargo, todo parece indicar que las vacaciones ponen a dura prueba a algunas parejas ya que otro estudio realizado en la Universidad de Washington confirmó que las demandas de divorcio se disparan tras las vacaciones de verano, justo antes de que los niños vuelvan al colegio.

Bajo el mismo techo, pero con poca comunicación

Un tercio del tiempo en pareja lo dedicamos a ver televisión. [Foto: Getty Images]
Un tercio del tiempo en pareja lo dedicamos a ver televisión. [Foto: Getty Images]

Con el trabajo, los compromisos sociales, las tareas domésticas y los pasatiempos, el tiempo se nos escurre entre los dedos, de manera que muchas personas tienen que hacer malabares para compartir con su pareja.

Una encuesta realizada en el Reino Unido reveló que las parejas solo pasan una media de cuatro horas al día en la misma habitación, descontando el tiempo de sueño. Al parecer, en España pasamos más de tiempo en pareja: unas cinco horas y media al día.

A priori, ese tiempo debería ser suficiente. El problema es que no siempre se dedica a conectar con el otro. La Oficina Nacional de Estadísticas del Reino Unido indicó que un tercio del tiempo en pareja lo dedicamos a ver televisión, una media hora a comer juntos y aproximadamente 24 minutos a realizar las tareas domésticas.

No queda mucho tiempo para la comunicación. Y lo que es peor, un tercio de las parejas reconoce que durante el tiempo que pasan juntas, discuten regularmente por nimiedades, como la temperatura de la habitación.

Cuando se comparte poco con la pareja y no se hacen esas pausas necesarias para conectar con el otro a un nivel más profundo, no es inusual que las pequeñas discrepancias cotidianas terminen creando una distancia psicológica que se profundiza aún más cuando llegan los grandes conflictos.

Las parejas encuestadas reconocían que pasaban poco tiempo juntas, no solo porque tenían horarios de trabajo diferentes sino también intereses dispares. Aunque es positivo que cada quien cultive sus intereses y pasiones, si una pareja no mira en la misma dirección y el poco tiempo que pasa junta lo usa fundamentalmente para discutir, es probable que se conviertan en dos extraños viviendo bajo el mismo techo. Es la receta más segura para el desastre.

¿Son realmente las vacaciones una nueva oportunidad para la pareja?

Pensar que en las vacaciones se solucionarán todos los problemas puede ser contraproducente. [Foto: Getty Images]
Pensar que en las vacaciones se solucionarán todos los problemas puede ser contraproducente. [Foto: Getty Images]

Las vacaciones suponen un duro reto para las parejas que ya arrastraban conflictos y problemas de comunicación porque tienen que pasar más tiempo juntas. Durante el año, cada quien tiene su trabajo, sus rutinas y hasta cierto punto, sus “justificaciones”, de manera que los problemas se van aplazando o parcheando, pero las vacaciones los “obligan” a enfrentar esas dificultades.

Durante gran parte del año, la relación se limita fundamentalmente a gestionar la convivencia. Vemos al otro, pero no lo observamos realmente. En vacaciones la convivencia aumenta, las parejas pasan más tiempo juntas y las fricciones pueden multiplicarse. Dedicamos más tiempo a observarnos como pareja. Si lo que observamos no nos gusta, puede dar pie a más desacuerdos, generar nuevas discusiones y, por último, hacer que nos cansemos de esa situación.

Ese hartazgo, sin embargo, está alimentado en gran medida por nuestras expectativas sobre las vacaciones. Para muchas personas, las vacaciones siguen siendo “sagradas”. Las esperan con mucha ilusión y a menudo las perciben como una oportunidad para empezar de nuevo, reconectar con la pareja y limar las asperezas que surgieron durante el resto del año. Las vacaciones se revisten de un halo de optimismo que puede ser contraproducente.

Por desgracia, cuando los problemas de pareja se han enquistado y los puentes de la comunicación se han roto, las vacaciones no suelen ser suficientes para realizar ese deseado reinicio. De hecho, lo más probable es que ese tiempo juntos acreciente las diferencias y los conflictos. Entonces es fácil pasar del optimismo ilusorio al pesimismo total.

Por esa razón, tras las vacaciones, a finales de agosto e inicios de septiembre, algunas personas solo ven una salida: la separación. Y muchas parejas se apresuran a solicitar el divorcio antes de que los niños comiencen la escuela por motivos meramente prácticos.

¿Cómo recuperar el vínculo?

Si los problemas se generaron en el día a día, es en el día a día donde deben ser resueltos. [Foto: Getty Images]
Si los problemas se generaron en el día a día, es en el día a día donde deben ser resueltos. [Foto: Getty Images]

Si la relación arrastraba problemas e idealizamos las vacaciones, pero fueron un desastre, es normal que sobrevengan sentimientos como la frustración, la desilusión, la decepción o incluso el fracaso. Esos sentimientos pueden empujarnos a tomar una decisión precipitada.

Sin embargo, romper una relación de pareja debe ser una decisión pensada y sopesada. No se debería tomar bajo el influjo de las emociones del momento. Para no arrepentirnos, debemos asegurarnos de que la ruptura no sea un simple acto de liberación sino también un ejercicio de proyección al futuro.

Es conveniente ampliar nuestra perspectiva y comprender que los problemas y conflictos que se han ido acumulando durante meses o incluso años no se pueden resolver en unos días de vacaciones. De hecho, si muchos de esos problemas se generaron en el día a día, es en el día a día donde deben ser resueltos.

Debemos tener en cuenta que una separación corta la convivencia, pero a menudo no soluciona el conflicto ni las causas que lo generaron, por lo que es probable que esos mismos problemas se repliquen en la siguiente relación de pareja.

Por tanto, es importante reflexionar sobre el futuro de la relación teniendo en cuenta dos factores clave: el amor y el nivel de compromiso mutuo con el cambio. Si todavía hay amor y ambas personas están dispuestas a cambiar, la relación puede tener futuro.

No obstante, es probable que sea necesario recomponer los caminos del diálogo. Hablar de lo sucedido. Comunicar nuestras expectativas y frustraciones. Expresar nuestras necesidades emocionales insatisfechas. Buscar soluciones viables.

Pasar tiempo de calidad juntos también propicia una mayor cercanía y tiene un impacto positivo en la relación. Un estudio de la Oficina Nacional de Investigación Económica reveló que quienes consideran a su pareja como su mejor amigo se sienten casi dos veces más satisfechos con su matrimonio que quienes no lo hacen. Por tanto, hay que dedicar más tiempo de calidad a la pareja, tiempo para observarse, conocerse y comprenderse. Tiempo para desnudar el alma y conectar - de verdad.

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