Las 6 señales de que podrías estar viviendo un divorcio invisible sin saberlo

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El divorcio invisible se produce cuando una pareja vive bajo el mismo techo, pero en universos separados. [Foto: Getty Images]
El divorcio invisible se produce cuando una pareja vive bajo el mismo techo, pero en universos separados. [Foto: Getty Images]

Cuando das el “sí, quiero”, esperas que sea para toda la vida. Esas dos palabras contienen una montaña de ilusiones y sueños comunes. Por eso, a veces puedes resistirte a reconocer que el amor terminó o que no es suficiente para mantener viva la relación.

Algunas parejas se van distanciando paulatinamente. Conectan cada vez menos. Llevan vidas paralelas. Y limitan su comunicación a un intercambio de formalidades para organizar la jornada. Sin embargo, a menudo proyectan una imagen feliz y cariñosa delante de los demás. Esas parejas podrían estar viviendo un “divorcio invisible” sin ser plenamente conscientes del daño que se hacen.

Bajo el mismo techo, pero en universos separados

Fingir que no pasa nada suele terminar siendo decepcionante, frustrante y agotador. [Foto: Getty Images]
Fingir que no pasa nada suele terminar siendo decepcionante, frustrante y agotador. [Foto: Getty Images]

En las relaciones que atraviesan un divorcio invisible, las cosas parecen marchar a la perfección, al menos externamente. Son ese tipo de matrimonios que muchos envidian porque parecen formar la pareja ideal.

Suelen presentarse públicamente y en las redes sociales como una pareja cariñosa, comprometida y bien avenida. Se muestran felices y nunca discuten. Todo parecer amor y rosas, pero en la intimidad han construido un muro emocional cimentado por una indiferencia mutua.

La psicóloga Bárbara Greenberg estableció una analogía con el juego en paralelo de los niños para comprender la mecánica del divorcio invisible. Alrededor de los 2 o 3 años, los niños todavía no han desarrollado suficientemente sus habilidades sociales y no muestran mucho interés por sus coetáneos, de manera que suelen jugar independientemente, en paralelo. Aunque comparten la misma habitación, prácticamente no interactúan. Algo similar ocurre en el divorcio invisible: los miembros de la pareja viven bajo el mismo techo, pero se mantienen en universos separados.

Estas parejas deciden mantenerse juntas por muchas razones. Muchas siguen juntas por “el bien de los niños”, de manera que se limitan a “soportarse” hasta que los hijos crecen. Otras se ven “obligadas” a vivir bajo el mismo techo por motivos económicos o problemas de custodia de los hijos.

También se ha apreciado que el divorcio invisible es percibido como la única opción cuando la separación real implica un tabú o acarrea un estigma, tanto por motivos religiosos como culturales. En esos casos, la pareja prefiere mantener las apariencias y no ventilar sus problemas sino seguir conviviendo para no tener que admitir el fracaso y evitar las consecuencias sociales que implicaría una ruptura en toda regla.

Otras parejas optan por esta “solución” porque se sienten relativamente cómodas en la zona de confort que han creado. Aunque la relación no sea satisfactoria, cada quien se limita a cumplir su papel y hace la vista gorda con el otro. Se resignan y toleran mutuamente porque la convivencia aún les aporta algún beneficio.

En cambio, algunas parejas no son plenamente conscientes de que están viviendo un divorcio invisible. Esas personas se resisten a aceptar que han perdido la conexión o que su matrimonio ha terminado y les resulta demasiado doloroso dar el siguiente paso, de manera que mantienen una especie de acuerdo tácito de no inmiscuirse para no romper ese frágil equilibrio.

Sin embargo, llevar este tipo de matrimonio, sea por la causa que sea, suele terminar siendo decepcionante, frustrante y agotador porque las necesidades emocionales de sus miembros no son satisfechas y día tras día se va acumulando la soledad y la indiferencia.

Los signos que revelan un divorcio invisible

En el divorcio invisible la pareja pierde el vínculo emocional que una vez la unió. [Foto: Getty Images]
En el divorcio invisible la pareja pierde el vínculo emocional que una vez la unió. [Foto: Getty Images]

1. Se evapora la intimidad física y emocional

En un divorcio invisible la pareja pierde completamente el vínculo emocional que una vez la unió. Al menos uno de los dos no siente el deseo y la necesidad de conectar con el otro. Se distancian afectivamente y no experimentan alegría por pasar tiempo juntos, hasta que llega el punto en el que a ninguno de los dos le importa lo que quiere el otro. En resumen, dejan de importarse.

2. La comunicación se limita a la “logística” cotidiana

Cuando se produce un divorcio invisible, el romanticismo desaparece y la pareja comienza a funcionar más como un negocio. No hay una comunicación auténtica, se limitan a abordar temas pragmáticos sobre el cuidado de los niños, las obligaciones del hogar y/o las finanzas. Ninguno de los dos se siente lo suficientemente cómodo para hablar de sus temores, inseguridades y vulnerabilidades ya que no encuentran resonancia, empatía o comprensión en el otro.

3. Se aparcan las necesidades emocionales

En los divorcios invisibles las necesidades emocionales suelen ser las grandes olvidadas. Al menos una de las personas siente que el otro no satisface sus necesidades de comunicación, cercanía, apoyo, amor y comprensión. Quizá está acompañada físicamente, pero se siente sola afectivamente pues la pareja no es receptiva, sino que muestra una actitud distante e indiferente que corta de raíz cualquier intento de acercamiento.

4. Terreno minado de excusas

Cuando las personas no son plenamente conscientes de los problemas que está afrontando la relación, suelen inventar excusas para intentar explicar lo que no funciona. Dedicar una cantidad de tiempo desproporcionada al trabajo, el cuidado de los hijos o las tareas del hogar para no compartir con la pareja son algunas de las justificaciones más comunes para no reconocer una verdad dolorosa: que el amor ha terminado y no están dispuestas a invertir más en esa relación.

5. Aparecen elefantes en la habitación

Los divorcios invisibles están plagados de elefantes en la habitación. O sea, problemas obvios o verdades evidentes que la pareja ignora porque no quiere hablar de ellos o no está dispuesta a esforzarse para solucionarlos. En otras ocasiones, finge que esos elefantes no existen para evitar tomar una decisión. Como resultado, ambos se convierten en expertos en ignorar los problemas. Cuando algo sale mal, en vez de hablarlo, se instaura el silencio y se ahonda la brecha emocional.

6. Viven en mundos separados

Los divorcios invisibles son “llevaderos”, en cierta medida, porque cada quien hace vidas separadas. El mundo que compartían inicialmente se estrecha cada vez más, desdoblándose en dos universos con pocos puntos de contacto. De hecho, a menudo ambas personas reestructuran sus hábitos para llevar vidas completamente separadas con el menor cruce posible. Siguen horarios diferentes e incluso evitan encontrarse dentro de casa.

¿Hay solución?

Todos merecemos una relación en la que nos sintamos amados, respetados y apoyados. [Foto: Getty Images]
Todos merecemos una relación en la que nos sintamos amados, respetados y apoyados. [Foto: Getty Images]

Mantener la apariencia de un matrimonio estable y funcional, cuando la relación no da más de sí, no suele ser la mejor solución. Si la relación tiene problemas y ya no está satisfaciendo emocionalmente a ninguno de los miembros, lo mejor suele ser sentarse a hablar de lo que está sucediendo.

Es importante crear un espacio para abordar esos problemas con la mayor serenidad posible. Un clima emocional equilibrado contribuirá a arrojar un poco de luz sobre lo que estáis viviendo. Hay que escuchar al otro, evitar los reproches y adoptar una actitud proactiva enfocada en la búsqueda de soluciones.

Abordad vuestras necesidades, comunicad vuestras expectativas y expresad lo que sentís. Eso os ayudará a determinar si vale la pena luchar por salvar la relación o si, al contrario, no hay nada que hacer.

En cualquier caso, es importante que intentéis ser realistas y honestos, no solo con vosotros mismos sino también con la pareja. Muchas veces ese acercamiento, después de meses o incluso años de aridez emocional, puede generar nostalgia por los viejos tiempos, haciendo que os aferréis a una relación que no puede proporcionaros lo que necesitáis. Descubrir la verdad puede ser duro, pero es necesario.

Cuando ambos reconocen que están viviendo un divorcio invisible, ¿qué opciones quedan?

Si todavía os ilusiona la idea de estar juntos, tendréis que esforzaros como al comienzo de la relación. Hay que reconquistar y redescubrir al otro. Pero, sobre todo, tendréis que ser pacientes. Si los problemas y conflictos se han ido acumulando, necesitáis tiempo para deshaceros de los patrones tóxicos y adoptar formas más asertivas y saludables de relacionaros.

En cambio, si cada uno prefiere seguir su camino, tendréis que aceptar el adiós y darse permiso para ser felices fuera de la relación, enfocándose en alimentar un amor genuino por uno mismo. A fin de cuentas, ambos merecéis una relación en la que os sintáis amados, respetados y apoyados.

Y si lo necesitáis, podéis acudir a terapia de pareja. Un psicólogo podrá ayudaros a descubrir qué queréis realmente y cuál es el mejor camino para conseguirlo sin haceros daño.

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