La distribución de la vacuna en Europa tiene un comienzo incierto, incluso a medida que los confinamientos se extienden

Marc Santora
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Una calle prácticamente vacía en Londres, el 5 de enero de 2021. (Andrew Testa/The New York Times)
Una calle prácticamente vacía en Londres, el 5 de enero de 2021. (Andrew Testa/The New York Times)

Con una variante más contagiosa del coronavirus que obliga a Inglaterra a imponer un nuevo y estricto confinamiento nacional y obliga a las naciones europeas a extender las restricciones ante el aumento de casos, los líderes políticos han prometido que las vacunaciones en masa pondrán fin al sufrimiento.

No obstante, en la carrera para derrotar al virus, este todavía nos lleva mucha ventaja.

Hay escasez de agujas en Italia, Grecia y otros países. España no ha capacitado a suficientes enfermeras. Francia solo ha logrado vacunar a alrededor de dos mil personas. El programa de Polonia fue sacudido por un escándalo después de que se reveló que celebridades recibieron un trato preferencial. Hay llamados en Alemania para asumir el control sobre la compra de vacunas que está actualmente en manos de las autoridades de la Unión Europea. Casi todos los países de Europa se ha quejado sobre el papeleo.

Y también están los Países Bajos, que ni siquiera han comenzado su campaña.

En todo el mundo, las labores de inoculación se realizan a menor velocidad de lo prometido, incluso conforme el número de nuevos casos se eleva rápidamente y cifras récord de pacientes con el virus saturan los hospitales, lo que genera una carga doble para los proveedores de atención médica encargados de liderar las campañas de vacunación.

En Europa, en donde la mayoría de los países han estado en diveros grados de confinamiento durante meses, la frustración se acumula a medida que las restricciones se han incrementado o extendido mientras los esfuerzos nacionales de vacunación se han visto obstaculizados por varios problemas.

La amenaza que representa una variante de rápida propagación añade urgencia adicional a lo que ya es un enorme reto. Además, incluso en lugares donde la distribución se ha realizado de manera relativamente ágil, no es lo suficiente rápida para ganarle al avance del virus.

El primer ministro Boris Johnson dijo que Inglaterra estaría en confinamiento hasta que las inoculaciones alcanzaran a los cuatro grupos más vulnerables: residentes de hogares para ancianos y quienes cuidan de ellos, todas las personas cuya edad supere los 70 años, empleados de salud de primera línea y trabajadores sociales, así como individuos extremadamente vulnerables.

“Si tenemos éxito en vacunar a todos esos grupos, habremos quitado a un enorme número de personas del paso del virus”, afirmó.

Johnson dijo que esa meta podría ser alcanzada para medidados de febrero, pero que el ritmo de las vacunaciones necesitaría incrementarse de manera drástica.

Con la incorporación el lunes de las primeras dosis de la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford y AstraZeneca, funcionarios británicos dijeron que la campaña podría acelerarse.

Para cumplir con el objetivo en febrero, es necesario aplicar dos millones de dosis cada semana.

Mientras tanto, los países de la Unión Europea comenzaron sus campañas semanas después que el Reino Unido y Estados Unidos debido a un proceso de aprobación más lento y han tenido que depender de una sola vacuna, fabricada por Pfizer y BioNTech.

Aunque se espera que la agencia reguladora médica del bloque apruebe la vacuna de Moderna esta semana, todavía tiene que comenzar a considerar la de Oxford-AstraZeneca, que es más sencilla de distribuir ya que no requiere ser almacenada a temperaturas extremadamente frías.

Por el momento, uno de los problemas más grandes en Europa es la distribución.

La situación es similar a la de Estados Unidos, donde alrededor de 4,5 millones de personas han recibido una dosis de una vacuna contra la COVID-19 , de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), por lo que ha usado solo una fracción de los quince millones de dosis entregadas por los fabricantes.

Un residente  recibe una vacuna contra la COVID-19  en el primer día de vacunación en un asilo en Múnich, Alemania, el 27 de diciembre de 2020. (Laetitia Vancon/The New York Times)
Un residente recibe una vacuna contra la COVID-19 en el primer día de vacunación en un asilo en Múnich, Alemania, el 27 de diciembre de 2020. (Laetitia Vancon/The New York Times)

Un factor que complica la situación es que algunos países han recurrido a autoridades sanitarias locales para desarrollar sus propias estrategias, lo que ha generado problemas.

En España, es una escasez de enfermeras. Por ejemplo, en la región de Cataluña, menos de una quinta parte de las dosis disponibles han sido usadas y las autoridades sanitarias locales reconocen que no cuentan con enfermeras suficientemente capacitadas.

El ministro de Sanidad Salvador Illa dijo el lunes que se habían administrado 82.000 dosis en España desde que comenzó el despliegue el 27 de diciembre, un ritmo muy lejano a la meta mencionada de vacunar al 70 por ciento de los 47 millones de personas para finales del próximo verano.

“Es incomprensible que no se disponga de personal suficiente y recursos suficientes para seguir vacunando cada día ”, escribió Manuel Pérez-Alonso , un profesor titular de Genética de la Universidad de Valencia , en su cuenta de Twitter.

Alemania también inició su campaña nacional de inmunización el 27 de diciembre y hasta el momento ha vacunado a más de 316.960 personas, con el enfoque primordial en residentes de asilos y personas cuya edad supera los 80 años.

Aun así, el país está envuelto en un debate politizado sobre lo acertado de esperar a la aprobación de una vacuna por parte de la Agencia Europea de Medicamentos , o EMA, y coordinar las compras con sus socios europeos.

La situación en los Países Bajos, en contraste, es inexplicable.

En un país donde muchos habitantes pagan el 50 por ciento de su salario en impuestos con la esperanza de recibir a cambio un gran desempeño de gobierno, existe una extendida indignación de que los Países Bajos serán la última nación en Europa en comenzar con la vacunación.

“Somos el hazmerreír de Europa”, dijo el político de derecha Geert Wilders en el Parlamento el martes. “Es sencillamente incomprensible que seamos el último país de Europa en comenzar”.

Italia ha sido más exitosa, al vacunar a 178.939 personas, la segunda cifra más alta en la Unión Europea después de Alemania.

No obstante, eso tan solo representa el 37,3 por ciento de las dosis que recibió y menos del 0,3 por ciento de su población. Al ritmo actual, le tomaría seis años vacunar a la nación de sesenta millones.

Aunque funcionarios sanitarios han dicho que el proceso de congelar y descongelar las dosis ha lentificado los esfuerzos, los expertos culpan a la burocracia y a la falta de personal.

“Hay un gran número de aspectos críticos en esta campaña de vacunación”, dijo Giovanni Toti , presidente de la región de Liguria (ubicada al noroeste), durante una entrevista telefónica. “Se requiere de un largo procedimiento para recibir el consentimiento informado de los pacientes que están incapacitados y viven en asilos”.

Toti mencionó que, además, los hospitales en su región habían recibido las agujas equivocadas para la vacuna de Pfizer.

En la región norte de la Lombardía, el epicentro de la primera ola de coronavirus en Italia, la oposición ha exhortado al más alto funcionario de salud de la región a renunciar después de que justificó los retrasos en la campaña de vacunación al decir que se negó a traer de regreso a los médicos y enfermeras que estaban de vacaciones.

Los funcionarios de salud de Francia han argumentado que el ritmo de la vacunación (solo dos mil dosis administradas) es debido a una precaución deliberada, en parte para convencer a los muchos escépticos de la vacunación del país de que no recibirán nada de manera obligatoria. Los críticos también señalan que el esfuerzo ha sido obstaculizado por toda la burocracia en el sistema médico.

El presidente Emmanuel Macron, quien ha dicho que no toleraría una “lentitud injustificada” en la campaña, ha presionado a sus asistentes a asegurarse de que el ritmo de las inoculaciones se acelere, de acuerdo con Journal du Dimanche.

This article originally appeared in The New York Times.

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