Distribución y reparos lastran las vacunaciones en Uganda

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GULU, Uganda (AP) — La bombilla que colgaba del techo parpadeaba, para exasperación del técnico que revisaba los refrigeradores llenos de vacunas en una remota localidad de Uganda para comprobar si seguían funcionando.

Si el suministro eléctrico no se estabilizaba, dijo tendría que requisar combustible y poner en marcha el generador.

“No deja de apagarse y encenderse, como una luz de discoteca”, dijo el técnico, Tony Elong. “Este es nuestro mayor problema (...) Si no estoy aquí y se va la luz durante muchas horas, es probable que perdamos las vacunas. Necesita una respuesta rápida”.

Los cortes de electricidad son habituales en el distrito de Gulu, en el norte de Uganda. Para Elong, el problema es urgente, porque los apagones ya estropearon dos refrigeradores este año. Es uno de los muchos desafíos logísticos que enfrentan las autoridades de salud para expandir a zonas rurales la campaña de vacunación contra el COVID-19 ahora que por fin llegan remesas de dosis al país.

En Gulu viven unas 325.000 personas y se han distribuido 9.000 dosis, con apenas 2.795 personas completamente vacunadas por el momento. Para el 23 de septiembre, el distrito tenía 30 dosis de AstraZeneca y 300 de Sinovac, un desabastecimiento artificial en un país con millones de dosis en reserva.

En los últimos días, Uganda ha recibido más de 2,2 millones de dosis, incluidos fármacos de Pfizer y Moderna, de Estados Unidos, así como 985.000 dosis de AstraZeneca llegadas de Francia, Bélgica e Irlanda.

Se esperaba que para diciembre hubieran llegado 11,978.840 dosis entre donaciones y compras a través de la Unión Africana, según dijo la semana pasada el presidente, Yoweri Museveni. Pero el almacén central del país, cerca de la capital, Kampala, sólo puede guardar 5 millones de dosis de las vacunas de Pfizer, que requieren una temperatura especialmente baja, y algunas zonas rurales, como Gulu, no están preparadas para manejar las de Pfizer ni Moderna.

Conforme crecen las reservas, las autoridades intentan despertar el entusiasmo por las vacunas en distritos rurales donde mucha gente expresa reparos sobre seguridad y preferiría esperar.

Mientras países como Ruanda y Zimbabue “van bien” en sus campañas de vacunación, otros como Uganda están teniendo problemas, explicó la semana pasada a la prensa John Nkengasong, director de los Centros Africanos de Control y Prevención. La agencia buscará ayuda en líder religiosos y comunitarios.

Los sistemas de salud en África están entre los más pobres del mundo, castigados por desabastecimiento crónico de suministros básicos, corrupción y una fuerza de trabajo desmotivada. En Nigeria, el país más poblado de África, esos desafíos se ven agravados por la inseguridad. La distribución de vacunas se ve limitada por la amenaza de violencia, especialmente en el inestable norte del país. Sólo el 3% de sus 200 millones de habitantes ha recibido su primera dosis.

En Uganda, un país de África Oriental con 44 millones de personas, las autoridades han redoblado las vacunaciones en Kampala, pero los esfuerzos están casi paralizados en áreas menos urbanas como Gulu, debido a los reparo de la gente y a problemas de refrigeración y distribución.

Museveni dijo la semana pasada que los funcionarios se arriesgan a ser despedidos si las vacunas caducan bajo su cuidado en zonas rurales, que ahora concentran la mayoría de las 268 hospitalizaciones por COVID-19.

“Estamos literalmente perdiendo el tiempo”, dijo el doctor Misaki Wayengera, responsable del comité asesor para la pandemia en Uganda, sobre el lento despliegue de las vacunas.

El gobierno raciona las dosis en función de las estimaciones de demanda, y no se reponen los suministros hasta que los funcionarios justifican qué fue de las dosis ya recibidas.

Como resultado, puede producirse desabastecimiento por los retrasos en los reportes de vacunaciones.

“La demanda está ahí”, dijo el doctor Kenneth Canna. “Pero ahora mismo, lo que nos demora (...) es la disponibilidad de la vacuna, tanto en el entorno urbano como en el entorno rural”.

Periodistas de Associated Press llegaron a una zona remota de Gulu, donde un centro de salud sin agua corriente tenía la última reserva del distrito, 30 dosis de AstraZeneca. Como un vial contiene siete dosis que deben justificarse, no se administran las vacunas hasta que haya siete personas en fila. De modo que hay gente que viene y va sin conseguir una inyección.

“No se puede abrir el vial cuando hay poca gente. Si hay poca gente, desperdiciarás la vacuna”, dijo Okello Labedo, funcionario médico responsable del centro de salud de Awach, que hablaba a través de una mascarilla deshilachada. “La asistencia entre los mayores es muy escasa. Creo que es por la distancia”.

Amos Okello, un granjero que había esperado varias horas bajo un árbol de mango, expresó su decepción porque tendría que irse a casa sin vacunarse tras recorrer muchos kilómetros en una bicicleta arrendada.

“Dijeron, ‘si viene solo no puede vacunarse’”, dijo Okello. “No puedo ir y obligar a alguien a salir de su casa para venir aquí y vacunarse”.

Aunque “para mí es importante vacunarme, puede que mañana no pueda volver”, añadió.

Patrick Okot, comerciante de materias primas en Gulu y que recibió su primera dosis de AstraZeneca en mayo, dijo que se planteaba viajar a otro distrito para ponerse la segunda, pero le disuadía el coste.

“Podría ir y descubrir que tampoco tienen vacunas”, dijo.

El objetivo de Uganda es vacunar a 4,8 millones de sus personas más vulnerables, como los mayores de 50, pero por el momento apenas 348.000 están completamente vacunadas, según cifras oficiales. Y sólo el 37% de los 150.000 trabajadores de salud del país han completado su vacunación, lo que revela la lenta distribución que llevó a las autoridades a empezar a vacunar a estudiantes y otras personas en un intento de evitar que caducaran las dosis.

Las autoridades han advertido que las escuelas no reabrirán hasta que todos los maestros y empleados tengan la pauta de vacunación completa, una orden que por poco tiempo provocó filas en centros de vacunación rurales. Pero muchos fueron con la esperanza de que no hubiera dosis, los reparos a inmunizarse tras los reportes de inusuales coágulos sanguíneos en unas pocas personas vacunadas con AstraZeneca.

“Ahora la presión les hace venir”, dijo Lily Apio, enfermera responsable de vacunación en el centro médico de Aywee, a las afueras de la ciudad de Gulu.

Alfred Akena, un maestro que esperaba para recibir la vacuna de Sinovac, dijo que la orden del gobierno le había hecho ir a vacunarse, pero que instó a su esposa a no hacerlo por motivos de seguridad.

“Nos presionaron, de modo que hoy vine a vacunarme”, dijo. “Le dije a mi esposa, ‘Déjame ir a mí primero’. Si ocurre lo peor de lo peor, ella cuidará de mis hijos”.

También Onen Richard, un estudiante universitario, dijo que “como las normas y reglas de la escuela”, no creía que la vacunación fuera en su “interés”.

Esa mañana, después de que seis hombres firmaran documentos de consentimiento, Apio les informó de que sólo había cinco dosis de Sinovac disponibles.

Uno de los hombres se apresuró a levantarse y marcharse.

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Chinedu Asadu en Lagos, Nigeria, contribuyó a este despacho.

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