Así diseña la ciencia argentina el nuevo mundo pospandemia

Buenos Aires, 18 jun (EFE).- En un futuro cercano, si hay un brote de coronavirus en un barrio aislado en Argentina, se podrá llevar una cabina portátil para hacer test sin que los sanitarios se contagien y a los enfermos más graves se les llevará al hospital en una cabina totalmente cubierta, que filtrará el aire para eliminar rastros del virus, transportada por un personal sanitario vestido con telas "antivirus".

Centenares de científicos argentinos trabajan para que la imagen descrita para ese futuro sea posible y la población del país pueda vivir un nuevo día a día en que tanto el personal sanitario como la gente de a pie se exponga lo mínimo posible a la enfermedad hasta que se descubra la vacuna.

"Va a haber todo un mundo nuevo que se va a desarrollar", asegura la investigadora del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), Mariana Carfagnini, que encabeza uno de los 64 proyectos financiados por el Gobierno argentino en el marco de la pandemia.

REDUCIR CONTAGIOS EN HOSPITALES

Uno de los problemas que afecta a muchos países durante la pandemia –y Argentina no es ninguna excepción- es el alto índice de contagios entre el personal sanitario.

Según explica la investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) Laura Steren, uno de los momentos donde más contagios de sanitarios se producen es cuando se realiza el test para saber si el paciente efectivamente tiene coronavirus.

Por ello, el equipo dirigido por esta científica trabaja en el desarrollo de una cabina que permitirá establecer una barrera física entre pacientes y médicos lo que reducirá considerablemente el riesgo de contagio.

“La propuesta es que el paciente entre en la cabina y cualquier aerosol que pueda emitir quedará dentro de esa cabina y será filtrado el exterior”, explica la científica que añade que también podría plantearse una cabina con funcionamiento inverso, es decir, que fueran los médicos quienes estuvieran dentro esperando a los pacientes.

La solución que propone el equipo que encabeza Steren tiene como objetivo ser polivalente para utilizarse en varios escenarios: tanto en hospitales -dentro o fuera del edificio-, como en lugares remotos o barrios que experimenten un brote donde se podrían llevar estas cápsulas para que actuaran como laboratorio portátil.

Por su parte, el equipo de ingeniería clínica del Hospital Rawson, de la provincia argentina de San Juan, al noroeste del país, encabezado por el bioingeniero Luis Pulenta, trabaja para conseguir unos traslados de paciente lo más seguros posibles.

Para ello, desarrollaron una cabina cerrada, que se sitúa sobre una camilla, y filtra el aire contaminado por el virus para reducir el riesgo de contagio entre quienes ayudan a desplazar al enfermo.

Pulenta explica que llevan trabajando en el prototipo desde que "Argentina tenía tres o cuatro casos" y que, con el montante de la ayuda, fabricarán 15 de estas cápsulas de distintos tamaños

DEL CAMARÓN A LA LUCHA CONTRA EL VIRUS

Los avances en los que trabaja la ciencia argentina no se circunscriben al ámbito sanitario y, por ejemplo, el equipo liderado por Cafargnini en el Inti trabaja para descubrir qué capacidad de filtrado tienen distintas telas para que así el consumidor sepa cuál es la mejor para hacerse una mascarilla casera.

Para aumentar la certidumbre de los ciudadanos, el equipo de la científica también trabaja en crear una especie de "sello de confianza" que poner a las mascarillas que indique cuáles han sido testadas y se consideran más seguras.

Asimismo, otra de las ramas del estudio se dedica a investigar la posibilidad de añadir recubrimientos antivirales o nanomateriales, que impedirían la propagación del virus, a textiles de la vida cotidiana como la ropa o la tapicería de los asientos de un autobús.

Una línea de investigación similar sigue la profesora de la Universidad Nacional del Sur, Verónica Lassalle, cuyo equipo, codirigido junto a la investigadora del Conicet Vera Álvarez, trabaja en un gel con propiedades antivirales creado a partir de un polímero natural –material formado por una cadena de moléculas- elaborado en base a desechos del camarón.

Este elemento, señala la investigadora, hace que el virus se quede "pegado" a la tela recubierta por el gel y así no puede expandirse.

"Nosotros ya veníamos trabajando en la fabricación de geles de este polímero que comento, entonces nos pareció lo más rápido que podríamos sacar del laboratorio", subraya Lassalle, que, a continuación, destaca que más adelante podrían empezar a producir un aerosol con las mismas características.

Este material es fácil de obtener al ser extraído de forman desechos pesqueros, explica la científica, que espera producir los primeros prototipos de equipamiento sanitario con estas propiedades en unos seis meses.

Mientras la incertidumbre sobre cómo y cuándo llegará una vacuna impera en la sociedad, la ciencia argentina trabaja para construir una rutina de menos riesgo en la que podrían tener peso gestos que, hasta hace apenas unos meses, parecían inverosímiles como rociarse la ropa de spray "antivirus" antes de salir de casa o mirar si una mascarilla tiene un sello de confianza antes de ponértela.


José Manuel Rodríguez

(c) Agencia EFE