La diplomacia altanera de un país en busca de auxilio

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El presidente Alberto Fernández y la primera dama, Fabiola Yañez, a su llegada a París, principal escala de la gira europea de esta semana
Presidencia

Alberto Fernández no viajó a Europa a pedir, sino a exigir. Declaró apenas divisó tierra, como un conquistador al revés, que llegaba a promover un “cambio de las reglas del sistema financiero global”.

Eso fue en Portugal, el lunes. Al irse se regodeó ante su círculo de los mensajitos de felicitación que le envió Cristina Kirchner. No lo deja acordar ahora con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero sí tirarlo abajo y construirlo de nuevo.

La siguiente escala la inauguró Felipe Solá con declaraciones a la prensa en Madrid. Dijo: “España está más débil. No es la España de hace un año y pico. Por la derrota en Madrid, que es durísima, y porque se rompió la coalición”. Antepuso el comentario de café a la cortesía con el anfitrión, Pedro Sánchez, de quien Fernández esperaba otra palmada en el hombro. Para colmo le dieron información errónea o la leyó de apuro: las elecciones regionales madrileñas dejaron en crisis a la izquierda, pero la coalición de gobierno entre el Partido Socialista y Podemos nunca se quebró.

Fue como si un diplomático extranjero aterrizara en Ezeiza y soltara: “Alberto está débil porque Cristina le tomó el gobierno. No pudo ni echar a Basualdo”. Por suerte, España aplicó una piadosa vista gorda.

Todo cordialidad entre Alberto Fernández y el español Pedro Sánchez, en los jardines del Palacio de la Moncloa
Todo cordialidad entre Alberto Fernández y el español Pedro Sánchez, en los jardines del Palacio de la Moncloa


Todo cordialidad entre Alberto Fernández y el español Pedro Sánchez, en los jardines del Palacio de la Moncloa

El vuelo siguió el martes a París, donde Fernández se deslumbró con las calles desiertas por el toque de queda. Mandó un equipo a retratarlo en video y lo subió a las redes sociales. Como quien dice: “Somos primer mundo”.

Para entonces la Cancillería había abierto otro frente. Un comunicado condenó los ataques israelíes sobre Gaza sin mencionar los misiles de Hamas que desataron la nueva escalada de violencia. Solá no se calla una, traicionando su famoso secreto para sobrevivir en política. Apenas subsiste algo de aquel viejo instinto si el tema en discusión es Venezuela. Fernández hace su aporte a menudo: acusó al gobierno colombiano de represor, invitó a Uruguay y Brasil a irse del Mercosur si no les gusta cómo funciona y acumula como medallas las desmentidas de países con los que se comparó durante la pandemia.

El gobierno de Israel, al que la Casa Rosada venía cortejando en busca de vacunas, reaccionó con una queja airada a través de su embajadora. El posicionamiento argentino tampoco cayó simpático en la administración de Joe Biden, a quien Alberto y Cristina presentan como Perón reencarnado.

En Francia, Fernández leyó extasiado en su celular el artículo de The New York Times que describe a Vilma Ibarra, Elizabeth Gómez Alcorta y Mercedes D’Alessandro como “las tres feministas que están cambiando la Argentina desde adentro”. Otro éxito de los relacionistas públicos que el Gobierno paga en Estados Unidos para sensibilizar a los burócratas que inclinan la balanza en el FMI. Biden no lee comunicados de países como el nuestro: hay que llegarle a la mesa del desayuno.

Último tango

Comparable fue la sorpresa de Fernández al despertarse el miércoles con la solicitada en respaldo a sus gestiones con el Club de París que una ONG publicó en el Financial Times. La titularon “Un nuevo tango en París”, con un fotomontaje inspirado en el afiche del film de Bertolucci. Emmanuel Macron está en el lugar que ocupa Marlon Brando en el original; Alberto, en el de Maria Schneider. No hay registro de cómo tomaron las funcionarias elogiadas por el NYT la alegoría con una película condenada por la cultura de la cancelación, a raíz de la violencia que sufrió la protagonista durante el rodaje de su escena más famosa.

Alberto Fernández y Emmanuel Macron
Alberto Fernández y Emmanuel Macron


La solicitada en favor del gobierno argentino que se publicó en el Financial Times

Es innegable el compromiso del Presidente con la agenda de género. Por eso retuiteó desde Francia un mensaje de la ONU con el ranking de países con más mujeres en el gabinete de ministros. La imagen era elocuente: mostraba a la celeste y blanca en primer lugar, con el 58%. Lo borró pronto cuando descubrió que se había confundido de bandera. El líder de la tabla era Nicaragua. La Argentina pelea el puesto 104 y bajando, desde que Marcela Losardo se agobió y la reemplazó Martín Soria.

Fernández persigue respaldo político para patear un vencimiento inminente de US$2410 millones con el Club de París. En el Elíseo, Macron lo recibió con con afecto y un consejo ingrato: primero acuerden con el FMI, le dijo. Martín Guzmán, en viaje terapéutico tras su pelea con La Cámpora, ya sabía que la propuesta francesa sobrepasaba las líneas maestras que trazó Cristina.

Alberto Fernández con el Papa, que no le devolvió las risas ante los camarógrafos
Alberto Fernández con el Papa, que no le devolvió las risas ante los camarógrafos


Alberto Fernández con el Papa, que no le devolvió las risas ante los camarógrafos

Última parada: Roma. Ir al Vaticano para destrabar la negociación con el FMI les hace el juego a los que intuyen que lo que en realidad ansía la Argentina es un pagadiós. El Papa esperó a Fernández con el cronómetro prendido y no le regaló una sola sonrisa para la foto. En algunas audiencias políticas -si lo sabrá Mauricio Macri- Su Santidad aplica un undécimo mandamiento: no dirás “whisky”. ¿Tuvo algo que ver en esta ocasión la ley del aborto? Insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos.

Sostienen en el Gobierno que no hubo tensiones. “Me expresó su idea de apoyarnos en todo”, sintetizó el Presidente. Digan lo que digan, el Santo Padre facilitó el vínculo con la búlgara Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI. Para que el mensaje esparcido por Europa llegue también a Washington alto y claro. La Argentina va a pagar, pero no pidan saber cómo. Confíen en nuestra palabra.