En Dios los cría, Andrés Calamaro abre las puertas de su casa y los invitados toman el control

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En Dios los Cría, Andrés Calamaro suma voces para repasar sus clásicos
En Dios los Cría, Andrés Calamaro suma voces para repasar sus clásicos

Artista: Andrés Calamaro. Álbum: Dios los cría. Canciones: “Bohemio” (con Julio Iglesias), “Tuyo siempre” (con Vicentico), “Estadio Azteca” (con Lila Downs), “Para no olvidar” (con Manolo García y Vicente Amigo), “Mi bandera” (con León Gieco), “Flaca” (con Alejandro Sanz), “Tantas veces” (con Mon Laferte), “Algún lugar encontraré” (con Carlos Vives), “Jugar con fuego” (con Raphael), “En un hotel de mil estrellas” (con Milton Nascimento), “Engánchate conmigo” (con Juanes y Niño Josele), “Pasemos a otro tema” (con Julieta Venegas), “Gaviotas” (con Saúl Hernández), “Horizontes” (con Fernando Cabrera) y “Paloma” (con Sebastián Yatra, Leiva e Iván Ferreiro). Edición: Universal. Calificación: regular.

Cuenta la leyenda que cuando Pappo estaba en pleno proceso de gestación de Pappo & Amigos, aquel disco que repasaba lo más destacado de su carrera junto a artistas invitados, les dijo a los Divididos, encargados de “Sucio y desprolijo”, que grabaran ellos el tema solos, que él se iba a tomar una cerveza a la esquina (una fiesta cervezal sin invitados) y luego añadiría un solo de guitarra a la toma del trío. El desenlace de la historia dice que cuando el Carpo escuchó lo que habían grabado Mollo y compañía quedó tan conforme que decidió no agregarle nada. Así es como ese es el único tema de Pappo & Amigos al que le falta Pappo.

En ese mismo disco, la participación de Andrés Calamaro es ubicua y ejemplar. Primero se hace cargo de “Mi vieja”, el gran hit mainstream del que Pappo no se cansó de renegar. Allí, Calamaro modifica los primeros versos de cada estrofa pero conserva el remate, casi en un spoken word cargado de swing. Así le da una sobrevida a la canción maldita. Su segunda aparición es para cerrar el disco con un incunable: “Nunca lo sabrán”, incluido originalmente en Pidamos peras a Mandioca, un compilado del sello Mandioca de 1970. En ese caso, la reversión es más sutil. El piano de la versión modelo le da paso a la guitarra y el Salmón se entrega al encanto melódico que ya el tema traía consigo. Como sea, en ambas participaciones, Calamaro le da a las canciones un aire nuevo. No importa si mejor o peor: nuevo.

Un salto temporal de 21 años lo tiene ahora a Andrés Calamaro jugando el rol de anfitrión. Dios los cría, así el nombre de su reciente disco, lo tiene a él y a sus canciones en compañía de voces de todo el mundo. Y en ese carácter pluriestilístico de los invitados (Milton Nascimento, Sebastián Yatra, Julieta Venegas, Julio Iglesias...) es donde el disco gana en colores pero los temas, en su gran mayoría, pierden foco. Aunque la formación de la banda que lo acompaña es acústica alla jazz de salón como Calamaro acostumbra desde hace unos años (y tiene en sus shows de teatro un resultado óptimo), los arreglos suenan más a contexto para el invitado que a reorganización de los materiales para la canción.

En ese exceso de hospitalidad, Calamaro termina incómodo en sus propia casa (sus melodías) y los artistas que se suman a Dios los cría, para seguir con la metáfora, pueden hasta sacarse el calzado y poner los pies sobre la mesa. Sucede algo similar a lo que pasó con Divididos y Pappo en “Sucio y desprolijo”: parece no haber lugar para el creador.

Andrés Calamaro
thomas canet


Andrés Calamaro (thomas canet/)

Entonces, por ejemplo, “Estadio Azteca” adquiere otra dimensión gracias a la gola ultra arrabalera de Lila Downs y algo similar sucede con “En un hotel de mil estrellas”, con Milton Nascimento haciendo de esa postal nostálgica una canción de cuna para un niño bohemio. Lo mismo sucede con Mon Laferte en “Tantas veces” y “Vicentico” (un pivot entre este disco y aquel de Pappo) con una versión de “Tuyo siempre” que recupera aquellos aires cumbieros de la etapa en la que que Calamaro tuvo a Bersuit Vergarabat de backing band.

Por el lado de los duetos mejores resueltos, “Horizontes”, con Fernando Cabrera, sobresale no solo por la percusión rioplatense que une ambos orígenes, sino también por el timbre de voces. Las carrasperas de ambos forman una textura de bar de mala muerte y olor a tabaco que hace fluir la canción sin disrupciones de estilo. Algo similar sucede con “Bohemio”, junto a Julio Iglesias y “Pasemos a otro tema”, con Julieta Venegas. Tal vez los tres momentos más logrados del disco.

Las inclusiones de Sebastián Yatra (”Paloma”) y Alejandro Sanz (”Flaca”), tal vez las dos más taquilleras, chocan contra el mismo iceberg: encarar dos clásicos con estatus de himno. Mientras el primero parece justificarse más por la cuestión generacional (sería, entonces, más un feat que un invitado) que artística, con Sanz lo que falla es el enfoque vocal con un colchón de voces que subyace a lo largo de casi todo el tema y no hace más que empastar los timbres de ambos.

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Las canciones de Calamaro han demostrado, a lo largo de ya cuatro décadas, tener la elasticidad necesaria para ser reversionadas y revisitadas por propios y extraños, y salir siempre erguidas. Y allí casi todo el mérito es de su autor y su oficio para hacer canciones. No se trata, entonces, de una cuestión de tiempo para la música de Calamaro. Aquí, en Dios los cría, la problemática tiene que ver con los espacios. Ocupado en generar el ambiente propicio para los invitados, se olvidó del suyo. La prolificidad de Calamaro será la solución. Como siempre lo hizo desde que se sentó en los teclados de Los Abuelos de la Nada, algún lugar encontrará.

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