Digitalización e inclusión en ciudades inteligentes

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LA CRISIS sanitaria que aún vivimos ha significado grandes retos para las personas y las ciudades a nivel mundial. Especialmente porque de un momento a otro se hizo necesaria la digitalización, que en algunas ciudades tenía ya algún avance, mientras en otras urbes mostraba un importante rezago.

Y la digitalización se hizo indispensable precisamente para facilitar tanto procesos de la administración municipal, como también de la educación a distancia, el funcionamiento del sistema financiero y, desde luego, la atención en salud que al estar frente a un virus tan contagioso se volvía aún más relevante.

La digitalización conlleva importantes oportunidades, siempre y cuando todas las personas tengan acceso a ella.

Sin embargo, la pandemia hizo evidente la gran brecha digital que muchos países presentan. Por ejemplo, en México y Centroamérica, los estudiantes de centros educativos públicos están en mayor desventaja que la población que asiste a centros privados.

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La calidad de la educación varía igualmente debido a circunstancias tecnológicas, infraestructurales, geográficas, etcétera. Las diferencias de aprendizaje entre ambos sectores se ampliaron significativamente. Esta brecha, por lo tanto, no solo debe ser vista como un problema tecnológico, sino debe considerarse una complejidad social y económica que limita la igualdad de oportunidades para las nuevas generaciones.

Los sistemas educativos deben considerar la importancia de enseñar a los niños y jóvenes, pero también a los docentes, competencias digitales que les permitan comprender y aprovechar de mejor manera las oportunidades que significan las herramientas tecnológicas. Es importante impulsar sistemas educativos de calidad que permitan al alumnado prepararse de mejor manera, con conocimientos aptos para mejores industrias, como respuesta a los requerimientos del mercado laboral en una economía digitalizada.

Si una ciudad busca ser inteligente, implementando mecanismos de gobierno digital que permitan una administración más eficiente, transparente y cercana al ciudadano, debe asegurarse en primera instancia el que provea la infraestructura necesaria, considerando sobre todo el internet de alta velocidad a precios competitivos y, por tanto, accesible para todo ciudadano.

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Por otra parte, debe pensar en poner a disposición de la ciudadanía portales digitales de consulta, pero también espacios físicos donde estas plataformas puedan ser exploradas y utilizadas, ya que no todos tienen necesariamente acceso a un dispositivo móvil, una tableta o una computadora que les permita hacer uso de dichas herramientas.

Además, la ciudad deberá buscar incentivar la participación ciudadana, tomando en cuenta la necesidad de ofrecer capacitaciones prácticas, en un lenguaje sencillo y claro para que todos puedan comprender qué soluciones digitales existen, qué utilidad tienen, y cómo facilitan el involucramiento de los individuos en la toma de decisiones.

Mediante alianzas público-privadas y en colaboración con la sociedad civil pueden diseñarse soluciones que permitan la inclusión del ciudadano en procesos de toma de decisión en ciudades inteligentes, entendiendo esto como un proceso integral que va desde la capacitación hasta la participación activa de quienes habitan en una ciudad.

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La digitalización ofrece grandes beneficios: permite accesibilidad a servicios, transparenta procesos, facilita el desarrollo de capacidades, impulsa la descentralización de los modelos de trabajo, fomenta la inclusión del individuo en distintos ámbitos y promueve la participación ciudadana.

Todo ello permitirá al gobierno de una ciudad inteligente llevar adelante una gestión inclusiva, que permita la participación también de las personas que no tengan acceso a internet o no cuenten con los conocimientos para un buen uso de este.

Sin embargo, esta también debe implementarse de una forma estructurada y clara, brindando suficiente información a los usuarios para evitar la oposición de quienes tienen una percepción negativa de la digitalización y que argumentan que podría hacerse un mal uso de los datos procesados a través de este recurso. N

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Elisabeth Maigler es directora de Proyectos para Centroamérica de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad de la autora.

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