'Lo difícil es salir': Cómo las facultades de medicina del Caribe les están fallando a sus estudiantes

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Yasien Eltigani, que asistió a la Universidad de St. George, en Granada, el 19 de mayo de 2021. (Michael Starghill Jr./The New York Times)
Yasien Eltigani, que asistió a la Universidad de St. George, en Granada, el 19 de mayo de 2021. (Michael Starghill Jr./The New York Times)

El verano pasado, cuando Sneha Sheth se conectó con el propósito comenzar a llenar las solicitudes para su residencia —la siguiente etapa de su formación después de la facultad de medicina— recibió una gran decepción.

De los 500 programas de residencia que estaba considerando, casi la mitad habían sido clasificados como “poco amigables” con estudiantes internacionales de Medicina, como ella, por el sitio web Match a Resident, que ayuda a estudiantes de Medicina que están en el extranjero a navegar por el proceso de solicitudes de residencias en Estados Unidos. Sheth envió sus solicitudes en septiembre y pasó meses nerviosa. Luego vino la angustia de los rechazos de numerosos programas y la falta de respuesta de otros.

“Un 50 por ciento de los programas no te quieren, lo cual da miedo”, expresó Sheth, de 28 años, quien hace poco se graduó de una facultad de medicina en el Caribe. “Y piensas: ‘Si ellos no te quieren, entonces, ¿quién lo hará?’”.

Las frustraciones del proceso de selección, que asigna a los graduados a programas en los que pueden comenzar a ejercer la medicina, hicieron que Sheth se preguntara se había sido ingenua al inscribirse en una facultad de medicina caribeña. Había invertido decenas de miles de dólares en sus estudios, pero al final no pudo ingresar a los programas estadounidenses de residencias (aunque hace poco la aceptaron en uno canadiense).

En los setenta, hubo una oleada de facultades de medicina que comenzaron a abrir en todo el Caribe, dirigidas sobre todo a estadounidenses que no habían sido aceptados en facultades de medicina de su país; hoy, hay aproximadamente 80 de estas. A diferencia de sus contrapartes en Estados Unidos, las universidades son en su mayoría instituciones con fines de lucro y su excedente de ingresos por concepto de matrículas y cuotas va a parar a inversores.

Los requisitos de admisión en las escuelas caribeñas suelen ser más laxos que en las estadounidenses. Muchas no tienen en cuenta las puntuaciones del Examen estandarizado de admisión a la Facultad de Medicina (MCAT, por su sigla en inglés) para admitir a aspirantes. Las tasas de aceptación en algunas de ellas son 10 veces superiores a las de las escuelas estadounidenses. Tampoco garantizan una trayectoria profesional tan clara: la tasa de coincidencia en programas de residencias para los graduados médicos internacionales es de aproximadamente el 60 por ciento, en comparación con más del 94 por ciento para los graduados estadounidenses.

En 2019, Tania Jenkins, socióloga médica, estudió la conformación de los programas de residencia de Estados Unidos y descubrió que, en más de un tercio de los programas de medicina interna más importantes del país que estaban afiliados a una universidad, la población de los residentes estaba compuesta en su gran mayoría por graduados médicos de Estados Unidos. Los estudiantes de las facultades de medicina del Caribe ingresan en las residencias a un índice de 30 puntos porcentuales menos que el de sus homólogos estadounidenses.

“Los graduados de las facultades de medicina de Estados Unidos disfrutan de vientos favorables”, dijo Jenkins. “Los estudiantes de medicina caribeños experimentan vientos contrarios. Tienen que superar una serie de obstáculos para tener una oportunidad en instituciones de capacitación con menor prestigio y calidad”.

Los retos a los que se han enfrentado los estudiantes de medicina caribeños para avanzar en su trayectoria profesional suscitan dudas sobre la calidad de su formación. Pero, debido al rápido crecimiento en el número de escuelas de medicina en todo el mundo —de unas 1700 en el año 2000 a más o menos 3500 en la actualidad— hacer un seguimiento y publicar informes sobre la calidad de las escuelas de medicina en el extranjero ha demostrado ser una tarea difícil.

En los últimos años, los educadores médicos y los acreditadores han hecho un esfuerzo más concertado por evaluar la credibilidad de esas instituciones, con el objetivo de mantener a los solicitantes informados sobre las escuelas caribeñas de baja calidad, que cobran decenas de miles de dólares en matrículas y cuotas y a veces no logran posicionar a sus estudiantes para el éxito profesional.

Este esfuerzo ha sido liderado en gran medida por la Comisión Educativa para Graduados Médicos Extranjeros, que revisa y proporciona credenciales para los graduados de las escuelas de medicina extranjeras, incluyendo la documentación de las puntuaciones de sus exámenes y sus historiales académicos. En 2010, la comisión anunció una iniciativa que exigía que todos los médicos que solicitaran la certificación se hubieran graduado de una facultad de medicina acreditada. También dijo que examinaría más de cerca las normas de las organizaciones que acreditan a las facultades de medicina de todo el mundo. La nueva norma entrará en vigor en 2024.

Para solicitar el ingreso en una facultad de medicina en Estados Unido se requiere un cierto nivel de pericia: cómo estudiar para el MCAT, cómo solicitar préstamos y cómo ser competitivos cuando hay un número selecto de plazas. Los solicitantes con menos acceso a los recursos y al asesoramiento están en desventaja y a veces son menos conscientes de los inconvenientes de estudiar Medicina en el extranjero.

Yasien Eltigani, de 27 años, que es sudanés y emigró de los Emiratos Árabes Unidos a Estados Unidos, dijo que tuvo poca ayuda a la hora de sortear la carrera de obstáculos que suponen las candidaturas a las facultades de medicina. Solo solicitó la admisión en nueve facultades, todas ellas de Texas, y fue rechazado por todas. Dos años más tarde, cuando vio un anuncio en Facebook de la Universidad de St. George, en Granada, decidió postularse.

En retrospectiva, dice que hubiera sido mejor volver a postularse en escuelas estadounidenses en lugar de tomar la opción caribeña. Aunque sí logró entrar a un programa de residencia, que hace poco empezó, el proceso le pareció estresante.

“Si te rezagas en una carrera de Medicina en Estados Unidos, tus probabilidades de ser seleccionado para la residencia son decentes, mientras que si vas a una escuela del Caribe sí estás en riesgo”, comentó. “Como inmigrante, no tuve mucho asesoramiento”.

Los administradores de las facultades de medicina caribeña dicen que sus intenciones son claras: buscan ampliar las oportunidades para que los alumnos estudien Medicina, sobre todo los que proceden de entornos raciales, socioeconómicos y geográficos diversos, e incluir a personas que tal vez tradicionalmente no habrían podido dedicarse a la medicina.

“Las facultades de medicina de Estados Unidos tienen tantos aspirantes que no saben ni qué hacer con ellos”, dijo Neil Simon, presidente de la Facultad de Medicina de la Universidad Americana de Antigua (AUA, por su sigla en inglés). “Entonces, ¿por qué se oponen a las escuelas de medicina que han obtenido la aprobación y están educando a una población estudiantil que es mucho más diversa?”.

Simon dijo que era consciente de los prejuicios a los que se enfrentan los graduados de la AUA cuando solicitan puestos de residencia en Estados Unidos y que consideraba que el estigma era infundado. Añadió que los graduados médicos internacionales tienen más probabilidades de dedicarse a la medicina familiar y de trabajar en zonas desatendidas.

Pero los expertos afirman que la proliferación de facultades de medicina con fines de lucro no siempre sirve a los intereses de los estudiantes. El Comité de Enlace sobre Educación Médica, que acredita a las escuelas de Estados Unidos, no reconocía a ninguna escuela con fines de lucro antes de 2013, cuando cambió su postura a raíz de un fallo antimonopolio que obligaba al Colegio de Abogados de Estados Unidos a acreditar a las facultades de derecho con fines de lucro. Entre los educadores médicos, sigue habiendo un gran escepticismo hacia el modelo con fines de lucro.

“Si se ve a los estudiantes de Medicina con signos de dólares en lugar de considerarlos aprendices que requieren mucha inversión, apoyo y orientación, eso cambia fundamentalmente la experiencia de formación de estos estudiantes y la forma en que se desarrolla su educación", dijo Jenkins.

Algunos estudiantes de las facultades de medicina del Caribe dijeron que la calidad de su educación había disminuido aún más en los últimos años, ya que algunos campus se enfrentaron a desastres naturales.

En 2017, cuando el huracán María azotó Dominica, donde se encontraba el campus de la Facultad de Medicina de la Universidad Ross, la escuela decidió ofrecer a sus estudiantes alojamiento en un barco atracado cerca de San Cristóbal. Para algunos de los estudiantes, esto sonaba como una aventura. Pero en cuanto llegaron al barco, se dieron cuenta de que la situación no se prestaba al estudio riguroso.

Como había pocos lugares de estudio o enchufes disponibles en el barco, Kayla, una estudiante de primer año, se despertaba cada día a las dos de la mañana para conseguir un lugar donde poder estudiar durante el día. (Kayla pidió que se la identificara solo por su nombre de pila a fin de poder compartir libremente su experiencia). Sus exámenes se realizaban en una sala con ventanas que daban a las olas del mar. Ella y sus compañeros dijeron que, si levantaban la vista de sus exámenes, inmediatamente sentían náuseas. Algunos de sus compañeros se marcharon antes de terminar el semestre porque no podían soportar las condiciones de estudio en el barco.

“Entendemos que las circunstancias atenuantes plantearon desafíos para todos”, dijo un portavoz de Adtalem Global Education, la organización matriz de la Escuela de Medicina de la Universidad de Ross, en un correo electrónico. “Tomamos medidas extraordinarias para ofrecer opciones a los estudiantes con el fin de que continuaran sus estudios o se tomaran una licencia hasta que se pudieran recuperar las instalaciones del campus”.

Pero los desafíos combinados de estas escuelas han dado paso a un dicho: “Es extremadamente fácil entrar en las escuelas del Caribe”, dijo Abiola Ogunbi, recién graduada de la Universidad de Ciencias Médicas Trinity de San Vicente. “Lo difícil es salir”.

© 2021 The New York Times Company

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