Tras diez años de conflicto, la crisis humanitaria toca techo en Siria

Beirut, 13 mar (EFE).- Una década de guerra, a la que se suma una grave crisis económica y los efectos de la pandemia del coronavirus, han dejado en Siria los peores datos de pobreza, inseguridad alimentaria y dependencia de la ayuda humanitaria, mientras millones de personas siguen desplazadas en el país.

Según datos de la ONU, más del 80 % de los sirios viven por debajo del umbral de la pobreza; más de 11 millones de una población de algo más de 17 millones necesitan ayuda humanitaria; el 60 % no puede permitirse una comida al día y 6,2 millones están desplazados en el país, además de casi otros tantos que han huido de él.

El director del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) para Oriente Medio, Fabrizio Carboni, enumera los efectos y factores de la crisis: la destrucción, el impacto psicológico del conflicto, la "terrible" crisis económica y financiera, y la covid-19 con su correspondiente impacto.

"Para nosotros en Europa hay solo covid, la covid es el alfa y el omega de todo lo que hacemos y pensamos en la mañana y en la noche. Ahí (en Siria) la covid es una fuente más de miseria, una fuente más de riesgo, una fuente más de muerte y de enfermedad", destaca a Efe el responsable del CICR.

Además, Carboni asegura que Siria no es como otros países en los que se puede categorizar a los grupos de población según las necesidades, pues en la nación árabe "todos están de una manera u otra afectados".

LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA, DISPARADA

Tras una década de conflicto, Siria es testigo de una situación humanitaria "sin precedentes" en la que 12,4 millones de personas o el 60 % de la población sufren inseguridad alimentaria, "la cifra más alta desde que comenzó la crisis", explica a Efe la portavoz del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en ese país, Jessica Lawson.

Cerca de 4,5 millones de sirios pasaron solo en el último año a engrosar la lista de aquellos que no se pueden permitir una comida sencilla.

"El conflicto, los desplazamientos, la pérdida de trabajos debido a los confinamientos de la covid-19, la crisis financiera en el vecino Líbano, los desorbitados precios de los alimentos y el desplome del valor de la lira siria se han combinado para crear la tormenta perfecta de hambre y pobreza", agrega Lawson.

Por ejemplo, los precios de los alimentos básicos han subido un "impactante" 222 % en el último año, en medio de una grave crisis económica, y las familias sirias han informado al PMA de que llevan meses sin poder adquirir carne, lácteos y fruta.

La portavoz asegura que muchos de los 4,8 millones de sirios que reciben comida del Programa Mundial de Alimentos cada mes "dependen enteramente de ella para sobrevivir" y necesitan "ahora más que nunca" apoyo después de "huir del conflicto y perder sus casas, a sus seres queridos y su sustento".

IDLIB, SIN MUCHO ACCESO A AYUDA

La provincia de Idlib, el último bastión opositor en el noroeste del país, es si cabe la región más necesitada. Allí están presentes grupos armados de la oposición e islamistas, pero también un gran número de civiles.

Fuad Sayed, fundador de Violet, una ONG que colabora con varias agencias de la ONU y que opera en Idlib, señala en declaraciones a Efe que el periodo entre finales del año pasado y principios de 2021 "fue casi una de las peores fases humanitarias por la que ha pasado la región".

Lo atribuye a los nuevos desplazamientos internos registrados en 2020, los "peores", y a los efectos de la pandemia en el abastecimiento de la provincia, donde residen cerca de 4 millones de personas: virtualmente "todos" precisan asistencia humanitaria, según Sayed.

Sin embargo, la peor parte se la llevan el millón de desplazados internos que viven en Idlib y que necesitan "de todo", desde asistencia sanitaria y tiendas de campaña, hasta los productos más básicos, "ya que todo el mundo se fue sin ninguna posesión o capacidad para empezar una nueva vida".

Para el fundador de Violet, la mayor necesidad en los campos de desplazados es la construcción de refugios permanentes, sin olvidarse de los proyectos para que estas personas puedan tener un trabajo que les proporcione sustento y ayude a restaurar el ciclo económico.

El pasado julio, por falta de consenso en el Consejo de Seguridad de la ONU quedó cerrado un paso fronterizo a través del que entraba ayuda al noroeste de Siria desde Turquía, directamente a las áreas opositoras, un "salvavidas" para casi 3 millones de personas, según Naciones Unidas.

Desde entonces solo está en funcionamiento el cruce de Bab al Hawa, cuya apertura se revisará el próximo julio.

"Esto afectó al acceso a algunas áreas e hizo aumentar los costes, tenemos mucho miedo de que cierren también este paso en los próximos meses porque la decisión tomada expirará pronto", advierte Sayed.

Noemí Jabois

(c) Agencia EFE