¿La dieta cetogénica podría ser perjudicial para los huesos de los atletas?

Gretchen Reynolds
Los marchistas profesionales que llevaron una dieta cetogénica, reducida en carbohidratos y abundante en grasas, mostraron síntomas prematuros de osteopenia. (Christopher Testani/The New York Times)

Una dieta cetogénica reducida en carbohidratos y abundante en grasas podría alterar la salud ósea de los atletas, de acuerdo con un estudio nuevo realizado en marchistas de alto rendimiento y sus esqueletos, el cual dio qué pensar. El estudio, uno de los primeros que hace un seguimiento de los deportistas durante varias semanas de entrenamiento intenso, reveló que quienes llevan una dieta cetogénica desarrollaron síntomas prematuros de osteopenia.

El estudio se suma a la gran cantidad de evidencia existente de que lo que comemos puede afectar el impacto del ejercicio en nuestro cuerpo. Además, plantea preocupación por los posibles efectos a largo plazo en la salud provocados por regímenes alimentarios populares, incluyendo la dieta cetogénica abundante en grasas.

Para este momento, cualquier persona interesada en la salud, el bienestar, la pérdida de peso, el ejercicio, la alimentación o las listas de los libros más vendidos conoce las dietas cetogénicas. Mejor conocidas como dietas keto, estos regímenes son sumamente reducidos en carbohidratos y altos en grasas, en los que hasta el 90 por ciento de la ingesta diaria de calorías proviene de las grasas.

Si se llevan a cabo de manera escrupulosa, las dietas cetogénicas modifican la manera en que nuestro cuerpo obtiene su energía. Puesto que los carbohidratos pueden metabolizarse con rapidez, por lo general nuestro cuerpo primero recurre a estos para obtener energía, sin importar si los carbohidratos provienen de nuestra dieta o están almacenados en nuestros músculos e hígado.

No obstante, si las personas llevan una dieta cetogénica, reducida en carbohidratos, queman enseguida los carbohidratos almacenados y su cuerpo empieza a utilizar la grasa como fuente de energía. Sin embargo, la grasa debe descomponerse primero y, como parte de ese proceso, el hígado produce sustancias conocidas como cuerpos cetónicos que pueden convertirse en energía.

Actualmente, las dietas cetogénicas son populares entre las personas que quieren bajar de peso, controlar su glucosa en sangre o regular de alguna otra manera su salud. Algunos deportistas también llevan esta dieta con el propósito de mejorar su desempeño, pues la grasa, como combustible, es generosa, duradera y tarda en consumirse.

No obstante, algunos estudios han sugerido que las dietas reducidas en carbohidratos y abundantes en grasas podrían modificar el metabolismo óseo. Por ejemplo, los niños que padecen epilepsia y llevan una dieta cetogénica para controlar su padecimiento suelen tener una densidad ósea baja. Los atletas que pasan un día o dos sin consumir carbohidratos pueden modificar algunos marcadores sanguíneos relacionados con la salud ósea.

Ningún experimento había monitoreado el metabolismo óseo en atletas de competencia que llevan dietas cetogénicas durante periodos largos. Así que, para el nuevo estudio, que se publicó en enero en Frontiers in Endocrinology, unos investigadores de Australia decidieron pedirle a un grupo de marchistas profesionales de clase mundial que les permitieran alterar su alimentación durante unas semanas. Treinta de los atletas, quienes estaban a punto de comenzar un entrenamiento intenso para próximos campeonatos mundiales y otras competencias, aceptaron. Luego se dividieron en dos grupos con base en su disposición a probar una dieta cetogénica o no.

Aproximadamente la mitad de ellos dijeron estar dispuestos y a continuación comenzaron una estricta rutina alimentaria reducida en carbohidratos y abundante en grasas. El resto de los hombres y mujeres continuaron con una dieta abundante en carbohidratos. Todas las comidas de los atletas fueron similares en cuanto a la cantidad de calorías que consumían con relación a su peso corporal.

No obstante, previamente al inicio de las dietas, los investigadores extrajeron sangre de los deportistas antes y después de una sesión de ejercicio para establecer el punto de partida de su salud ósea y otros marcadores de su salud y aptitud física.

El hueso es un tejido activo que constantemente se descompone un poco y se remodela en respuesta a las exigencias del cuerpo. Con esto en mente, los investigadores revisaron los niveles en la sangre de los atletas de sustancias específicas que se sabe que están relacionadas con la descomposición, la reconstrucción y el metabolismo óseo en general.

Entonces los atletas iniciaron un entrenamiento intenso de tres semanas y media, durante el cual consumieron principalmente grasas o carbohidratos. Después, los investigadores volvieron a extraer sangre y verificaron los marcadores de la salud ósea.

Encontraron diferencias. Ahora, en los atletas que llevaron la dieta cetogénica, los marcadores de descomposición ósea estaban más elevados que al inicio del estudio, mientras que los de formación y metabolismo general de los huesos estaban más bajos. Estos mismos marcadores se mantuvieron prácticamente sin cambios en los atletas con la dieta abundante en carbohidratos. En otras palabras, los atletas que siguieron la dieta cetogénica mostraron síntomas de una salud ósea afectada.

Aún no está claro cómo la alimentación pudo haber afectado sus huesos, comentó Louise Burke, directora de nutrición deportiva en el Instituto Australiano del Deporte en Canberra y una de los autores principales del nuevo estudio.

“Creemos que la dieta cetogénica tal vez afecta el metabolismo óseo debido a los efectos posteriores de la disponibilidad reducida de carbohidratos en hormonas determinadas, además de otros factores”, afirmó. Sin embargo, se requieren más estudios, por supuesto.

Los investigadores tampoco analizaron directamente los cambios, si los hubo, en la densidad ósea de los atletas ni les hicieron un seguimiento posterior a las tres semanas y media. Aún se desconoce si los efectos preocupantes en la salud ósea podrían continuar, intensificarse o desaparecer después de un periodo más largo de ingesta abundante de grasas; también se desconoce si quienes no somos marchistas de clase mundial podríamos vernos afectados de la misma manera si nos ejercitamos a la vez que evitamos los carbohidratos.

No obstante, el estudio nos recuerda que la interacción entre la nutrición y el ejercicio es compleja y que todavía no comprendemos a cabalidad las implicaciones en nuestra salud.

Burke y sus colegas planean analizar en estudios posteriores los efectos a largo plazo de las dietas cetogénicas y el ejercicio.

This article originally appeared in The New York Times.

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