Diego Maradona. Pregunta dolorosa: cómo va a sobrevivir el fútbol argentino sin su icono máximo

Ariel Ruya
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Una postal imborrable, en el Bosque, su última casa
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Sin saberlo, el fútbol argentino le ofreció a Diego Maradona una emotiva, extensa, desgarradora gira de despedida, apenas se conoció el impacto mayúsculo de ser técnico de Gimnasia, el 8 de septiembre de 2019. La explosión popular de los hinchas del Lobo, abanderados en el arte de la congoja, fue inmediata: más socios, mayor marketing, inesperados ingresos, más lobos que nunca rodearon al Bosque.

Al mediodía, una semana después, el debut numérico fue una derrota por 2 a 1 contra el Racing de Chacho Coudet, pero la presentación pasó por otro lado: fue una bienvenida maravillosa de los postergados de siempre, ahora arropados frente a la figura del más grande. "Veo sonrisas y me pongo loco de felicidad", decía, mientras arengaba al plantel, primero; al público, después. Una gorrita azul, el jogging platense, una caminata indescifrable por las rodillas maltrechas y un par de gritos de atención, al lado de Sebastián Méndez, su guardián, el otro entrenador.

Los homenajes a Maradona

En el Parque Independencia, disfrutó una de las tardes más emotivas
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La medida de todas las cosas la fueron dando los estadios que visitaba, el cariño de "los rivales", en la teoría. Todo un misterio: los fanáticos locales -en todos los casos, sin excepción-, querían que al equipo de Diego le fuera bien. Que no perdiera. Había una competencia dentro de la misma competencia: qué club le ofrendaba la mejor caricia al alma. Los sillones en su honor -unos metros más adelante del banco de suplentes-, eran una declaración de principios. Quién lo hacía más bonito, quién lo creaba más mullido. El del Lobo era blanco, impoluto, con el escudo de un lado y un DM en el otro costado. El respaldo, el número 10, el rostro que inmortalizaba sus mejores años. Tal vez, aquellos días de 1986, cuando éramos tan felices, pero no lo sabíamos.

El debut como DT de Gimnasia

Las antesalas más emotivas fueron en el Libertadores de América -Diego era de Independiente de pequeño- y en el Parque Independencia, en donde jugó un puñado de encuentros. Lo saludaban los otros jugadores, los hinchas repetían la sinfonía más maravillosa (el "olé, olé, olé, Diego, Diego."), recibía plaquetas, se reencontraba con los entrenadores y con cada uno de ellos, guardaba una historia. La más emotiva fue el abrazo -¡y cómo se extrañan, en el peor año de nuestras vidas!- con Julio Falcioni, otro que la pasó brava. El Emperador la sigue peleando.

El diálogo fue difícil de descifrar, pero queda esta maravillosa síntesis.

El encuentro con Julio Falcioni

-Vos me atajaste dos penales en un partido, yo pateo como el culo (Maradona)

-[ríe Falcioni] Cuidate.

-Sí, vos también. Cualquier cosa que necesites estoy en Buenos Aires. Cualquier cosa, pero cualquier cosa que necesites.

-Gracias. Vamos, con ganas.

-Sí, con ganas.

-Cuidate, Diego.

-Sí, cómo no me voy a cuidar.

-Esto te da vida, el fútbol te da vida.

-Claro, esto es lo que nos da vida.

El rocoso 1-1 entre Banfield y Gimnasia fue lo de menos. Cada fin de semana era un nuevo pasaporte en la gira de despedida. Tal vez, el fútbol argentino lo percibía, lo sentía desde sus entrañas. Hubiese sido un desatino que se fuera al más allá como entrenador de un equipo de la segunda división de México o desde las siete estrellas de Dubai. Tenía que ser aquí y en la casa de uno de los clubes menos afortunados en títulos, pero con el corazón en la mano. Debía ser en el Bosque, ahora desgarrado como ningún otro, con la partida del entrenador y la renuncia de Sebastián Méndez, que respeta los códigos, está herido, pero deja al desamparo a un club, a un equipo, que se siente más vacío que ningún otro.

Con Miguel Brindisi y Hugo Perotti, con quienes salió campeón en Boca en 1981; ese día, 7 de marzo de este año, Gimnasia visitó La Bombonera y el 10 fue agasajado, en una noche de consagración xeneize.
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El recuerdo de Gimnasia

¿Cómo logrará hoy enfrentarse con Vélez (a las 19.20, en Liniers), con el alma partida? ¿Cómo hará el fútbol argentino en general para crear la segunda parte de la despedida, ahora convertida en homenaje para el mito? Minutos de silencio, lágrimas reprimidas, estadios vacíos, sin gente, sin sentimiento, sin nada. La Copa Liga Profesional, un experimento para completar la temporada con detalles poco serios, juega desde hoy su quinta fecha, con otro nombre: Copa Diego Armando Maradona.

Sonriente, en su sillón favorito, también en la Copa Argentina
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Fue el 10 quien la inauguró, el 30 de octubre, el día que cumplió 60 años: fue la imagen más frágil y absurda de los últimos tiempos. No debió estar allí, pero fue llevado para el montaje. Lo que siguió es historia fresca. Un paso al costado, un paso hacia atrás. Diego era indomable: lo único que quería era volver al predio deportivo. No tomaba dimensión de lo que le estaba pasando, porque la melancolía no sólo le había tomado el cuerpo, también, la cabeza. "Hace diez días hicimos una video llamada con Diego y estaba muy bien y hasta quería estar en Estancia Chica. Nos decía que iba a estar en la cancha, nos contaba chistes y hablaba del equipo rival. Lo veíamos muy contento y lo estábamos esperando", contó Lucas Licht, días atrás.

Diego eterno

¿Cómo seguir sin su aura? El dolor, en realidad, no sólo lo tiene Gimnasia. ¿Cómo hará el fútbol argentino para que la rueda siga girando? Y en un sábado de súper acción, como el de hoy: Racing-Unión (17.10), Colón-Independiente (19.20), Rosario Central-River (21.30) y Godoy Cruz-Banfield (21.30). Cómo hacer para seguir pateando hacia adelante, en un torneo de poca monta y ahora sí, definitivamente, sin el Diego.

El abrazo de Gallardo y Claudia