Desestiman la denuncia contra el juez hincha que condenó a Racing con alusiones a Ra sin club y RiBer

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El juez Alejandro Aníbal Segura
El juez Alejandro Aníbal Segura

El kirchnerismo impuso su mayoría y la Comisión de Disciplina y Acusación del Consejo de la Magistratura dictaminó que debe desestimarse la denuncia contra el juez del fuero laboral Alejandro Segura, que condenó a Racing con un insólito fallo plagado de anécdotas de su juventud, una declaración de fanatismo por San Lorenzo, recuerdos románticos de cancha y burlas a los clubes rivales. Segura escribió en su sentencia “Ra sin club”, “Indisingente” -por Independiente- y RiBer.

Cuando su fallo se hizo público, LA NACION lo consultó y el magistrado defendió sus alusiones “pintorescas”; dijo que se vinculaban con el “folclore del fútbol”. Horas más tarde, sostuvo que la publicación del fallo había sido un “error material” del juzgado.

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El argumento del supuesto error fue el que tomaron los consejeros que votaron este jueves por desestimar la denuncia. Pablo Tonelli (Pro) había pedido notificar al juez de la presentación en su contra y avanzar con la investigación; lo mismo pidió el juez Ricardo Recondo, pero el kirchnerismo se opuso. La votación terminó con un empate cuatro a cuatro y el desempate de la presidenta de la Comisión, María Inés Pilatti Vergara (Frente de Todos).

Lo aprobado por la Comisión es un dictamen, que pasará ahora al plenario, donde el oficialismo tiene los votos para confirmar el cierre del expediente.

Cuando se opuso al cierre del caso, Tonelli destacó que los jueces de la Cámara –superiores de Segura- relataron que no era la primera vez que el juez hacía algo así, sino que es una conducta “reiterada y repetida”.

“Les toma el pelo a las partes, escribe sentencias en broma y se toma en broma la tarea de impartir justicia. Desestimar la denuncia sería premiar una conducta que está absolutamente reñida con la actitud que deben tener los magistrados”, dijo Tonelli.

Pilatti, en cambio, destacó que la Cámara nunca antes había denunciado conductas semejantes de Segura. “No le veo a la denuncia ningún tipo de consistencia como para pedirle explicaciones –dijo la consejera y senadora-. Ya explicó que obedeció a un error involuntario del sistema.” Pilatti agregó que “hay cosas mucho más graves que hacen los jueces que esta humorada”; advirtió, sin embargo, que a ella no le causaba gracia. “Yo soy de Rancing”, dijo.

En cuanto a los jueces, Recondo pidió citarlo (“Justamente para darle la oportunidad de ser escuchado”, explicó); Alberto Lugones, en cambio, se abstuvo de votar.

Cargadas y oda al choripán

El relato que hizo Segura en su fallo parece sacado de un cuento de Fontanarrosa. “He visto a personas abrirse paso entre enjambres de espectadores apretados a razón de 5 o 6 en un metro cuadrado para ir a buscarse un Paty. Nada tiene mejor sabor que un choripán calentito antes de ingresar a un partido”, dice el juez en su sentencia, que incluye una oda al “olor de esos choris que solo puede ser despreciado por algún que otro vegano circunstante” y recuerda aquella “tremenda indigestión” que sufrió a los seis años en el Gasómetro con unas empanadas.

Pero no es literatura. Esos párrafos son parte del fallo con el que Segura condenó a Racing Club y a una empresa de alimentación a pagarle una indemnización a dos empleados que vendían comida como “bandejeros” en las tribunas del Cilindro de Avellaneda. La sentencia desglosa a lo largo de 28 páginas las pasiones del juez por el fútbol y su fanatismo por San Lorenzo, sin evitar cargadas a la institución denunciada a la que menciona como “Ra sin Club Asociación Civil”, teoriza contra el “neoliberalismo” del gobierno de Mauricio Macri, coquetea con el lenguaje inclusivo (en defensa de “lxs más desventajadxs”) y se vanagloria de explicar su argumento “para que lo entienda un niño de ocho años”.

Con un largo flashback a su juventud (“A fines de la década del 70, cuando viajaba al centro para mi trabajo en Tribunales y a la Facultad en el Sarmiento, subía siempre en la Estación Ramos Mejía un vendedor de diarios que usaba una gorra de guarda. ¡Vaya a saber uno cómo la había obtenido! Lo veíamos a la ida y de vuelta. ¿Tenía por eso derecho a sentirse ferroviario?”), el juez concluye que los demandantes no eran empleados de Racing Club.

Sin embargo, hace corresponsable solidaria a la institución de Avellaneda porque considera que no puede desconocer lo que ocurre en su estadio. Lo dice con otras palabras: “Los que vamos a la cancha sabemos que entrar a un estadio se ha puesto más difícil que subir a un avión con cara de árabe y que existen cámaras de seguridad en todos los estadios de fútbol, lo que permite descubrir con sencillez cualquier cosa que uno se proponga desde la central de monitoreo”.

Segura por momentos escribe con estilo de WhatsApp. “En más de una ocasión he renegado de la academia (no de Racing jajaja, sino del impostado mundo de la dogmática jurídica laboral)”, señala. Y por eso promete hablar “en lenguaje llano para que nadie se haga el distraído”.

Entonces, puntualiza: “El que dice que la venta de un pancho o una coca no es la actividad principal de un Club de fútbol es porque nunca fue a la cancha”. Deja en claro su amor por el olor del choripán (“y la cerveza fría, lo confieso”). “En la Platea Norte del Nuevo Gasómetro, mi segundo hogar, hay una mesa de aderezos para acompañar las hamburguesas. En la Sur abrieron un snack con mesas y con vista al field. El olor de esos choris solo puede ser despreciado por algún que otro vegano circunstante. El espectáculo del fútbol, esa maravilla que tenemos una buena parte de los argentinos (el fútbol es la cosa más importante de las cosas sin importancia), está ligado a ese momento del café–café, Sorocabana café, el Namur o la “garra” cocinada en bateas de bronce”.

Estadio de Racing Club de Avellaneda
Daniel Jayo


El fallo de la polémica condenó a Racing en una causa laboral por dos vendedores ambulantes que trabajaban en la cancha (Daniel Jayo/)

A los hinchas de Racing les dedica algún comentario amigable, cuando rememora “lo que Sergio Renán llamaba tardes esquivas: los terribles 35 años que soportó estoica su maravillosa afición”, sin ganar títulos. A otros clubes les muestra menos cariño: habla de “RiBer Plate” y de “un club de Parque Patricios, conocido por ser vástago de San Lorenzo de Almagro”.

Antes de la parte resolutiva, Segura termina con una suerte de tesis política de resistencia al neoliberalismo. “Estoy completamente convencido que el neoliberalismo agrede directamente a los derechos de lxs trabajadorxs y que ello, tan visible en nuestro País en las experiencias habidas en los períodos 1975/1983, 1989/2001 y 2015/2019, posee una evidencia que por su robustez esteriliza cualquier atribución de tinte político-agonal a este parecer”.

Con ese énfasis, decidió condenar a la empresa Magary SA y a Racing Club a pagarles una indemnización a los demandantes Ramón Cardozo y Domingo Vallejos de $71.332,81, más intereses.

La defensa del juez

Cuando se hizo público el fallo, Segura dijo que lo que el tribunal subió al sistema del Poder Judicial era un borrador, un “paper interno” y firmó un nuevo fallo, de un párrafo, destinado a “enmendar” la sentencia anterior.

“Habiendo tomado conocimiento por medios de comunicación que en la sentencia de autos quedó transcripto un borrador donde utilizo en términos jocosos algunas expresiones ‘futboleras’ tales como ‘Ra sin club’ por Racing Club, ‘Indisingente’ por Independiente, ‘Riber Plate’ por River Plate y una alusión a la paternidad futbolística sobre Huracán, conceptos que figuraban en un paper interno del Juzgado y que por un error material terminaron subidos al sistema, enmiéndase materialmente la sentencia en los términos descriptos, emitiéndose desde ya mis disculpas públicas a todos los que pudieren verse afectados por ese ligero e involuntario proceder.”

Antes, sin embargo, el juez había defendido el tono de su sentencia y la definió como “jurídicamente muy sólida”. Cuando se conoció el fallo, LA NACION lo llamó y Segura dijo: “Elogio a la hinchada de Racing (puse maravillosa afición), morigero significativamente una condena que pudo haber sido muy importante (casi 50 años de trabajo en negro) -afirmó Segura-. Está claro para el que lee el fallo que además de estar imbuido en el folclore del fútbol, hay un elogio a la hinchada de Racing y el resto de las alusiones son pintorescas. Tuvieron el efecto de demostrar que el sentenciante es un hombre común, de la calle y que vive la realidad en la que le toca decidir”.

El fallo no le causó gracia a Racing, condenado a indemnizar a dos empleados que vendían comida como “bandejeros” en las tribunas del Cilindro de Avellaneda. El abogado del club lo apeló. Alegó la “absoluta parcialidad manifiesta” del juez “por la evidente rivalidad futbolística que aparece a lo largo de la sentencia” y pidió que la Cámara de Apelaciones revoque lo decidido por Segura.

La forma de expresarse del magistrado -dijo el abogado de Racing- “es propia de los hinchas más radicalizados del fútbol”. Además de una falta de respeto, sus palabras son “una clara incitación a la violencia”, afirmó.

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