La 'desensibilización psíquica' a la violencia armamentista en Estados Unidos

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Armas de fuego a la venta en una feria de armas en Miami el 28 de mayo de 2022. (Damon Winter/The New York Times)
Armas de fuego a la venta en una feria de armas en Miami el 28 de mayo de 2022. (Damon Winter/The New York Times)

En 2020 se produjeron más de 45.000 muertes por armas de fuego en Estados Unidos, la cifra más alta registrada, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés). Pero no hubo mayor presión para que se promulgara una legislación sobre seguridad armamentista. ¿Por qué?

El año pasado, hubo casi 700 tiroteos masivos en Estados Unidos —el número más alto jamás registrado por Gun Violence Archive— y, de nuevo, no generó alguna iniciativa para la legislación sobre armas. ¿Por qué?

Paul Slovic, profesor de Psicología de la Universidad de Oregón que ha estudiado la indiferencia popular ante el genocidio y otras atrocidades masivas, podría tener las respuestas.

Su trabajo lo ha llevado a las inquietantes verdades de la “desensibilización psíquica” y el “falso sentimiento de desesperanza”.

Básicamente, algunas personas se ven abrumadas por la magnitud de tanta muerte y se convencen de que pueden hacer poco para cambiar la situación.

Como lo ha escrito Slovic: “A través de mi investigación, he aprendido algo inquietante, y es que 'cuantos más mueren, menos nos importan'”. De hecho, a medida que mueren más personas, los seres humanos pueden experimentar un “colapso de la compasión” en el que “a medida que aumenta el número de vidas en peligro, a veces perdemos ese sentimiento y valoramos aún menos las vidas adicionales”.

Esta semana me puse en contacto con Slovic para que me ayudara a entender mejor por qué todavía no hemos hecho algo para frenar la violencia con armas de fuego y por qué, incluso cuando nuestra sociedad se ha desensibilizado ante el número de muertes, tragedias como las de Búfalo, Nueva York, y Uvalde, Texas, todavía pueden causar conmoción.

Una de las primeras cosas que subrayó sobre el debate en torno al control de las armas es que, junto a la psicología humana básica, opera una dinámica política. “Hay algunas personas que están tan agredidas en nuestra sociedad que no les importa” la violencia, dijo. “Quieren sus armas para protegerse”.

Sin embargo, explicó, cuando se producen tiroteos masivos como el de Uvalde, “nos despierta, nos motiva y queremos hacer algo”.

Además, continuó:

“Si vemos que podemos hacer algo, entonces lo haremos. Pero, si nos parece ineficaz, después de un tiempo lo ignoramos porque es doloroso seguir viendo esas historias si creemos que nada cambiará. La atención es un recurso escaso”.

Uvalde, aseguró, ha creado una ventana de oportunidad, pero se cerrará. De hecho, los que se oponen a la acción, sostengo, utilizarán la inevitabilidad de que esa ventana se cierre como una importante estrategia de batalla, del mismo modo que los republicanos en el Senado alargaron las negociaciones sobre la reforma policial hasta que las pasiones en torno al tema se enfriaron y pudieron alejarse con poco o ningún daño político.

Washington debe actuar con rapidez para aprobar una legislación sobre la seguridad de las armas de fuego —según se informa, los senadores están en conversaciones sobre algunas medidas limitadas— o, de lo contrario, nuestra sociedad volverá a adormecerse ante la carnicería.

Esto está pasando con la COVID. Hace poco, se registró un millón de muertes por la pandemia y todos en Estados Unidos se sorprendieron.

“¿Cómo te sentiste cuando hubo 900.000 muertos?”, Slovic me preguntó. “¿Cómo te sentiste cuando había un millón? ¿Te sentiste diferente? Quizá no. Nuestros sentimientos son vulnerables a los números, y en ese sentido las estadísticas de las muertes se redondean”. En su investigación, esto es parte de la “aritmética de la compasión”: nos preocupamos profundamente por ayudar a una persona, pero podemos sentirnos abrumados e impotentes cuando nos enfrentamos a masas de personas que sufren.

La desensibilización psíquica incluso se cuela en nuestra política. Ya que la audiencia pública del Comité Seis de Enero, comenzó el jueves, le pregunté a Slovic si el público se ha vuelto insensible a las revelaciones sobre la insurrección y la participación del expresidente Donald Trump en ella. Dijo que sí se han desensibilizado.

Slovic admitió que no sabe qué nueva información o testimonio se presentará durante la audiencia, pero agregó: “Hemos visto y escuchado estas historias, y después de un tiempo se vuelven familiares, y cuando se vuelven familiares pierden su impacto”. La familiaridad conduce a una forma de normalización, y todo eso se complica aún más a causa de la politización de la información.

En cierto modo, la abundancia de pruebas puede ir en contra del poder de esas pruebas. Trump ha roto tantas tradiciones, reglas y leyes que sus irrupciones incesantes acaban por volverse irrelevante y aceptables.

Desde la COVID hasta la insurrección y los tiroteos masivos, la desensibilización psíquica y la impotencia se oponen a la responsabilidad y el cambio.

Le pregunté a Slovic si algo —como publicar fotografías de los niños asesinados, como algunos han propuesto— podría superar la desensibilización y sacarnos de este ciclo de pasividad.

Slovic señaló que, aunque personalmente es partidario de hacer públicas esas imágenes (en última instancia, tendría que ser decisión de las familias), entiende que los opositores al cambio atacarían las revelaciones como propaganda emocional y el colmo del cinismo político. Como instrumento de cambio, las imágenes podrían mover algunos votos, pero como herramienta política, podrían resultar desastrosas.

Algunos partidarios de mostrar imágenes de los asesinados, como el exsecretario de Seguridad Nacional Jeh Johnson, creen que podrían provocar un “momento similar al de Emmett Till”. En 1955, la madre de Till insistió en que se abriera el ataúd para que el mundo pudiera ver lo que le habían hecho a su hijo, pero es importante recordar lo que hizo y lo que no hizo esa visualización. No provocó una ola masiva de vergüenza entre los opresores. Los asesinos de Till fueron a juicio después del funeral, y ambos fueron declarados inocentes tras solo una hora de deliberaciones.

Sin embargo, poder ver el rostro desfigurado de Till consolidó el coraje y la determinación de los oprimidos y motivarlos a luchar aún más por una solución. A veces eso es lo que se necesita.

Nadie tiene la autoridad moral para obligar a las familias de los asesinados en Uvalde a hacer públicas esas imágenes pero, si esa fuera su elección, podría ser útil. Cualquier cosa es útil, en este momento, para acabar con la desensibilización.

© 2022 The New York Times Company

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