Qué desean Rusia, China e Irán tras el retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán

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RUSIA, China e Irán estaban preparados para la retirada de los militares estadounidenses de Afganistán, sobre todo en un momento de tensiones agravadas y un aumento en la violencia en la nación asolada por la guerra, con la cual estas naciones tienen lazos especiales e históricos.

Conforme estos planes cobran forma, Newsweek ha contactado a funcionarios de los tres países para que comenten sobre sus planes de equilibrar los riesgos y oportunidades asociadas con los acontecimientos volátiles en Afganistán.

Las tres naciones buscan asegurar la estabilidad de Afganistán y su periferia a la vez que blindar sus propios intereses, mientras los lazos amistosos con Kabul son puestos a prueba por un deseo de confraternizar con el poderoso movimiento talibán, que prácticamente ha retomado el país.

RUSIA

Para Rusia, esto significa redoblar su compromiso duradero con un país donde tiene una historia moderna de intervención y retirada.

El intento soviético en la década de 1980 de defender a un gobierno comunista en Kabul se topó con una resistencia feroz de combatientes muyahidines locales y extranjeros, quienes recibieron apoyo de Pakistán, Arabia Saudita y Estados Unidos. El colapso del gobierno que finalmente surgió de la lucha llevó a una guerra civil en la década de 1990, en la cual surgieron los talibanes y básicamente se extendieron por todo Afganistán, haciéndose con el control de la mayoría del país hasta la enorme campaña militar estadounidense de 2001 después del 11/9.

Rusia, que apoyó la asediada Alianza del Norte en Kabul por entonces, en un principio auxilió la explosiva campaña estadounidense, cuyos objetivos eran tanto los talibanes como su aliada Al-Qaeda, también un producto de la guerra contra los soviéticos. En las dos décadas transcurridas desde entonces, durante las cuales el presidente ruso, Vladimir Putin, ha estado en el poder como presidente o primer ministro, el Kremlin ha criticado de manera frecuente cómo manejó Washington el conflicto.

Hoy Rusia habla en contra de cómo se llevó a cabo la retirada estadounidense, mientras los talibanes hacen avances rápidos ante la ausencia de progreso en las negociaciones de paz.

“La situación se deteriora rápidamente”, dijo recientemente a Newsweek la embajada rusa en Washington, D. C. “Lo atribuimos a la retirada apresurada de Estados Unidos y otras tropas de países de la OTAN”.

Pero incluso durante la acción bélica por 20 años, la más larga en la historia estadounidense, los talibanes se las arreglaron para recuperar un terreno importante. Al citar los comentarios recientes de Sergey Lavrov, ministro ruso del exterior, la embajada dijo que “Occidente no ha tenido algún resultado visible en estabilizar a Afganistán y falló en su misión allí”.

Pero los rusos todavía ven una participación de Estados Unidos más adelante. “Nuestra crítica de la política estadounidense está pensada en motivar a Washington a que asuma un enfoque más amplio al abordar los problemas en Afganistán”, expresó la embajada.

Rusia sigue ocupándose del problema internacionalmente a través del formato de la “Troika ampliada”, el cual también comprende a Estados Unidos, China y Pakistán, el cual tiene los lazos más cercanos con los talibanes de entre las cuatro naciones.

En otras partes en la región, Rusia ha apuntalado sus lazos cercanos con las llamadas “cinco de Asia Central”, comprendidas por Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, todas ellas otrora repúblicas soviéticas. Las primeras tres ya tienen tratados de alianza con Rusia bajo la Organización Colectiva de Tratados de Seguridad (CSTO), la cual también incluye a Armenia y Bielorrusia.

Moscú también conserva bases militares en Kirguistán, desde las cuales Rusia llevará a cabo ejercicios aéreos conjuntos con Uzbekistán, así como en Tayikistán, el único aliado ruso que tiene frontera directa con Afganistán.

En una entrevista con el canal Russia Today, Andrey Rudenko, viceministro ruso del exterior, elogió “la sociedad estratégica y alianza” entre su país y Uzbekistán, que se salió de la CSTO en 2012, pero todavía conserva lazos sólidos con Moscú.

Soldados soviéticos celebran su regreso a casa después de estar en Afganistán. (Foto: TASS/Getty)

Y reveló “un diálogo confidencial” con Turkmenistán, una nación neutral que también tiene frontera con Afganistán, “en el campo de la seguridad” en lo tocante a “amenazas y retos en común”.

Rudenko señaló que “la degradación en curso de la situación en Afganistán presenta una amenaza directa a Asia Central”, y que los funcionarios rusos “comparten las preocupaciones correspondientes de nuestros vecinos en la región”.

Al monitorear el revés potencial en Asia Central, la embajada rusa dijo que “monitoreamos de cerca la situación en la región y tomamos todas las medidas necesarias para fortalecer el potencial de nuestros aliados para evitar y contrarrestar amenazas externas”.

Las garantías se dieron mientras funcionarios en Moscú desdeñaban la idea de bases militares estadounidenses en una región donde Rusia ya ha establecido firmemente sus conexiones. Dentro de Afganistán, a decir de la embajada Rusia, “llevamos a cabo extensos contactos políticos con actores afganos”, lo cual incluye recibir a delegaciones tanto del gobierno afgano como de los talibanes, incluidas conversaciones independientes previamente este mes en Moscú sobre el futuro de Afganistán y el papel potencial de Rusia allí.

CHINA

La historia de China con Afganistán se remonta mucho más allá que la de Rusia. Hace siglos Kabul era un centro de la Ruta de la Seda, la cual es extendía por toda Asia. Hoy el presidente chino Xi Jinping se ha propuesto renovar la antigua ruta comercial con su Iniciativa de la Franja y la Ruta intercontinental. Afganistán estaba entre los primeros de aproximadamente 140 países que ahora están involucrados para participar en la red mundial de acuerdos de inversión chinos.

Pero China no solo tiene dinero en juego en Afganistán. Los dos países comparten una frontera en una porción de Asia Central donde se sabe que operan movimientos separatistas islamitas. Pekín ha expresado su preocupación por la agitación social que se filtra a través de las fronteras internacionales. Estas preocupaciones son pronunciadas especialmente dado el escrutinio reciente de Occidente a la política de China en la región de Sinkiang, adyacente a Afganistán, donde Estados Unidos calcula que más de un millón de uigures han sido detenidos, pues China teme a sus conexiones con fuerzas proscritas, como el Movimiento Islámico del Turquestán Oriental (MITO) o el Partido Islámico de Turquestán, las cuales han operado en Afganistán.

En comentarios compartidos con Newsweek por la embajada china en Washington, Wang Yi, ministro chino del exterior, expuso una agenda de tres puntos de lo que él identificó como “las prioridades más apremiantes” para Afganistán.

“Primera, evitar que se expanda más el conflicto en Afganistán y, en particular, una guerra civil total”, dijo Wang en unos comentarios originalmente expresados en un viaje a Tayikistán. “Segunda, reiniciar la negociación al interior de Afganistán tan pronto como sea posible para lograr la reconciliación política. Tercera, evitar que todos los tipos de fuerzas terroristas se aprovechen de la situación para crecer en Afganistán y no permitir que Afganistán de nuevo se convierta en un centro de reunión de terroristas”.

Como Rusia e Irán, China al principio recibió con beneplácito la intervención estadounidense en 2001 contra un Afganistán que por entonces estaba controlado principalmente por los talibanes, y donde también operaban otros grupos como Al-Qaeda y MITO. Pero la visión de Pekín se volvió negativa al paso del tiempo, al igual que la de Moscú, Teherán y muchas otras potencias internacionales. Ahora los funcionarios chinos han dejado en claro que considerarán a Washington responsable de cualquier lío político que surja después de la retirada estadounidense.

“La guerra iniciada por Estados Unidos en Afganistán ha durado 20 años, pero la paz todavía no ha llegado”, comentó Wang recientemente. “Durante este tiempo, decenas de miles de ciudadanos afganos han perdido sus vidas en operaciones militares estadounidenses, y decenas de millones han sido desplazados y convertido en refugiados”.

Sergey Lavrov, ministro ruso del exterior. (Foto: Ministerio Ruso del Exterior/TASS/Getty)

Sin embargo, al igual que Rusia, China ve a Estados Unidos teniendo una participación en Afganistán más adelante. “Conforme Estados Unidos se retire de Afganistán, debería reflexionar sobre el papel que ha tenido en el problema afgano”, expresó Wang. “Y pensar en cómo cumplir sus obligaciones con la reconciliación y reconstrucción de Afganistán”.

Pero China también busca un papel más proactivo más allá de la Troika ampliada en las acciones para resolver el conflicto sin resolver entre el gobierno afgano y Kabul. Mientras que la capital diplomática de Rusia se ha dado la oportunidad de reunir a las facciones afganas rivales, la influencia económica de China también ha resultado ser atractiva para ambos bandos. Y Pekín ve un potencial en los talibanes, siempre y cuando cumplan con las promesas de cortar sus lazos con los combatientes transnacionales.

“Al paso de los años, el gobierno afgano ha hecho grandes esfuerzos para conservar la unidad nacional y la estabilidad social y para mejorar las condiciones de vida de la gente, lo cual se debe reconocer justamente”, dijo Wang en sus comentarios en Dusambé. “Los talibanes, como una fuerza militar importante en Afganistán, deberían reconocer su responsabilidad para con el país y la nación, cortar por lo sano con todas las fuerzas terroristas y regresar a la política establecida de Afganistán con un sentido de la responsabilidad para con el país y la gente”. 

Un día después de los comentarios de Wang, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) —un bloque regional que incluye a China, India, Kazajistán, Pakistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán— publicó una declaración conjunta que incluía un énfasis en contener las aspiraciones de los grupos combatientes. “Notamos que la actividad de organizaciones terroristas internacionales sigue siendo un factor clave de inestabilidad en ese país”, rezaba la declaración, también referida a Newsweek por la embajada china en Washington. “Nos preocupa profundamente la tensión creciente en las provincias norteñas de Afganistán provocada por la concentración aumentada de varios grupos terroristas, separatistas y extremistas. Consideramos que es importante redoblar las acciones conjuntas de los Estados miembros de la OCS para contrarrestar el terrorismo, separatismo y extremismo”.

Esta trifecta de amenazas es un concepto familiar en los comentarios chinos sobre la región. Los funcionarios a menudo las categorizan como “los tres males” y las consideran como los riesgos primarios de los intereses chinos, los cuales los talibanes, por su parte, han prometido respetar.

En una entrevista previamente este mes con “This Week in Asia” del South China Morning Post, Suhail Shaheen, un portavoz de los talibanes, presumió las “buenas relaciones” con China, y prometió salvaguardar la presencia económica del país en Afganistán.

“Les damos la bienvenida”, comentó Shaheen. “Si tienen inversiones, por supuesto que garantizaremos su seguridad. Su seguridad es muy importante para nosotros”.

IRÁN

Las conexiones de Irán con su vecino Afganistán son en cierta forma más profundas aún, plenas no solo de lazos históricos, sino también de conexiones culturales e incluso lingüísticas.

Pero aun cuando ambos países se consideran repúblicas islámicas, difieren tremendamente en ideología y gobierno, una brecha que posiblemente se amplíe con un mayor control de los talibanes sobre Afganistán.

Cuando los talibanes asumieron el poder por primera vez, en la década de 1990, Irán fue un partidario crucial de la Alianza del Norte, junto con Rusia y una serie de naciones regionales en Asia Occidental, Oriental y Central. En gran medida como en la guerra de una década antes, Arabia Saudita y Pakistán apoyaron a los talibanes.

Pero esta vez Estados Unidos se mantuvo en gran medida al margen hasta que tomó acciones económicas contra los talibanes después de los atentados de Al-Qaeda en 1998 contra las embajadas de Washington en Tanzania y Kenia, para luego intervenir militarmente en nombre de la Alianza del Norte en 2001.

Un combatiente afgano vigila en un puesto de avanzada en busca de insurgentes talibanes en el distrito Charkint de la provincia de Balj. (Foto: Farshad Usyan/AFP/Getty)

El mismo año en que Estados Unidos cambió por primera vez su postura con respecto a Afganistán, tuvo lugar otro incidente que sigue estando muy arraigado en la memoria colectiva nacional de Irán. Conforme los talibanes avanzaban hacia Mazar-e Sarif, los combatientes sitiaron el consulado iraní y al final asesinaron a 11 personas, incluidos ocho diplomáticos iraníes y un periodista iraní.

Cuando Estados Unidos se involucró, Irán le ofreció asistencia. Sin embargo, se ha obtenido poca buena voluntad, pues el país terminó en la lista del “Eje del Mal” del expresidente George W. Bush junto con Irak y Corea del Norte.

Irán de nuevo buscó una cooperación con Estados Unidos, esta vez de forma abierta, como parte del acuerdo nuclear multilateral alcanzado en 2015 con el expresidente Barack Obama. Pero fue despreciado de nuevo tres años más tarde cuando el expresidente Donald Trump abandonó el acuerdo y restableció las sanciones, las cuales siguen en vigor hoy con otro presidente estadounidense, Joe Biden, mientras Washington y Teherán tienen problemas para coordinar un reingreso al acuerdo.

Hoy Irán le ha dado su propia respuesta al tristemente célebre discurso de Bush, un así llamado “Eje de Resistencia”, que incluye una red de combatientes aliados que operan en Líbano, Irak, Siria y Yemen. Uno de estos grupos, conocido como Fatemiyoun, proveniente de la comunidad hazara, predominantemente chiita, de Afganistán, donde son una minoría étnica que se ha levantado en armas contra los triunfos talibanes.

Pero, a pesar de la especulación acumulada, tanto Irán como los Fatemiyoun han negado una acción concertada de llevar las fuerzas paramilitares que lucharon contra el grupo combatiente Estado Islámico (ISIS) de Siria a Afganistán.

En comentarios recientes enviados a Newsweek, Shahrokh Nazemi, director de la oficina mediática de la misión permanente de Irán ante Naciones Unidas, dijo que Teherán antes que nada buscaba una solución diplomática en Afganistán.

“La República Islámica de Irán no interfiere en los asuntos internos de otros países, y ello incluye a nuestro buen vecino Afganistán”, comentó Nazemi. “Sin embargo, Irán en varias ocasiones ha reafirmado su apoyo a que se celebren negociaciones destinadas a establecer la paz y ponerle fin al conflicto en Afganistán”.

Al igual que Rusia, Irán ha celebrado reuniones al interior de Afganistán, incluida una ronda de discusiones previamente este mes, en la cual Mohammad Javad Zarif, ministro iraní del exterior, instó a los dos bandos a tomar “decisiones difíciles” para lograr una paz duradera para su país.

“Lo que quiero de ustedes —dijo el más alto diplomático iraní— es que aprovechen esta oportunidad y terminen con la guerra en Afganistán tan pronto como sea posible y le den al pueblo de Afganistán una oportunidad de desarrollo”.

Al referirse a este formato, Nazemi comentó que “cualesquiera asuntos de interés común se pueden abordar dentro del marco de estas negociaciones”.

No obstante, las propuestas recientes de Irán a los talibanes han resultado ser tremendamente controvertidas en casa, y la clase legisladora del país todavía no tiene un consenso claro de cómo proceder. Esto es especialmente importante, ya que Teherán considera las necesidades de sus fraternos chiitas que tratan de detener los avances de los poderosos talibanes, principalmente suníes, junto con el interés más amplio de conservar una relación de trabajo con el grupo que ahora supuestamente tiene el control total de la frontera entre Afganistán e Irán.

Finalmente, Irán, que ya alberga una población enorme de refugiados e inmigrantes afganos a causa de las décadas de agitación social, busca sobre todo la estabilidad de la nación a lo largo de su frontera oriental.

“No se debe olvidar que Irán ha sido (y es hoy día) el hogar de millones de refugiados afganos”, comentó Nazemi. “Y la paz es importante para Irán como un país vecino y para quienes desean regresar a su patria para reconstruir sus vidas allá”. N

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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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