Descubren geoglifo de 2000 años en forma de gato en la zona de líneas de Nasca, Perú

Tiffany May
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Una foto proporcionada por el Plan de Gestión Nasca-Palpa del Ministerio de Cultura muestra la figura de un felino en una colina en Nasca, Perú, el 9 de octubre de 2020. (Johny Isla/Plan de Gestión Nasca-Palpa del Ministerio de Cultura de Perú vía The New York Times)
Una foto proporcionada por el Plan de Gestión Nasca-Palpa del Ministerio de Cultura muestra la figura de un felino en una colina en Nasca, Perú, el 9 de octubre de 2020. (Johny Isla/Plan de Gestión Nasca-Palpa del Ministerio de Cultura de Perú vía The New York Times)

La imagen, con una longitud de casi 37 metros, muestra a una criatura con oreja puntiagudas, ojos esféricos y una larga cola rayada que se extiende sobre una ladera en Perú. Parece ser un gato descansando, como suelen hacer los felinos.

El Ministerio de Cultura de Perú anunció la semana pasada que los arqueólogos se toparon con el desdibujado grabado mientras realizaban trabajos de remodelación en una sección de la zona de líneas y geoglifos de Nasca y Palpa, inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

El geoglifo felino, que según los expertos data del periodo entre los años 200 a. C. y 100 a. C., es el hallazgo más reciente de los majestuosos grabados de animales y plantas encontrados previamente entre las poblaciones de Nasca y Palpa, en una llanura desértica ubicada unos 400 kilómetros al sureste de la capital, Lima.

“Con este descubrimiento se pone en evidencia, una vez más, el rico y variado legado cultural que alberga la zona”, afirmó el ministerio en un comunicado.

En 1927, un topógrafo aéreo peruano descubrió las líneas de Nasca. En el sitio se hallaron imágenes de un colibrí, un mono y una orca. La UNESCO designó en 1994 las líneas y geoglifos de Nasca y Palpa como Patrimonio de la Humanidad.

Se presume que la figura del gato es más antigua que cualquiera de los geoglifos prehistóricos previamente descubiertos en Nasca.

“Llama la atención que todavía se puedan identificar figuras nuevas, pero sabemos que hay otras que se pueden encontrar”, le dijo Johny Isla, arqueólogo responsable del Plan de Gestión Nasca-Palpa del Ministerio de Cultura de Perú, a EFE, una agencia de noticias en español.

Se cree que los diseños fueron creados cuando antiguos habitantes del territorio peruano rasparon una capa de tierra oscura y rocosa que contrasta con la arena más clara de abajo. Los investigadores creen que las figuras sirvieron alguna vez como señalizaciones de viaje.

La fotografía con drones ha conducido a varios descubrimientos en los últimos años, afirmó Isla. En 2019, un grupo de investigadores japoneses, con la ayuda de fotografías satelitales y tecnología de imágenes tridimensionales, halló más de 140 geoglifos nuevos en la zona.

Las labores de investigación y conservación en el sitio han continuado incluso durante la pandemia del coronavirus, la cual ha mantenido cerrados la mayoría de los sitios turísticos. Un grupo de arqueólogos y empleados estaban trabajando en un mirador natural del sitio protegido cuando comenzaron a desenterrar algo intrigante. Al limpiar la colina, quedaron al descubierto líneas claras que mostraban el cuerpo sinuoso de un gato.

“La figura apenas era visible y estaba a punto de desaparecer debido a que se localiza en una ladera de pendiente bastante pronunciada y a los efectos de la erosión natural”, informó el Ministerio de Cultura en un comunicado.

Las autoridades afirmaron que incluso una huella en el sitio incorrecto podría estropear el frágil terreno. Por eso, han impuesto reglas estrictas para evitar los ingresos no autorizados al lugar. Antes de que la pandemia obligara a suspender los recorridos turísticos, a los visitantes ya solo se les permitía observar las líneas y figuras desde aviones y miradores.

Sin embargo, ya han ocurrido algunas alteraciones en las líneas de Nasca en el pasado, lo que ha provocado críticas generalizadas.

En 2014, un grupo de activistas de Greenpeace dejaron marcas de zapatos cerca de un enorme diseño de colibrí al colocar un letrero que promovía el uso de energías renovables, mencionaron las autoridades peruanas.

“Si uno camina allí, la huella va a durar cientos o miles de años”, le dijo Luis Jaime Castillo, un arqueólogo y funcionario peruano, a The Guardian en aquel momento. “Y la línea que han destruido es la más visible y reconocida de todas”.

En 2018, el conductor de un tractor con remolque fue arrestado tras hacer pasar su vehículo intencionalmente sobre tres líneas de geoglifos.

Aunque el país se esfuerza por preservar sus sitios antiguos, las autoridades peruanas reabrieron Machu Picchu este mes para un turista afortunado que se quedó varado durante la pandemia y tuvo que esperar siete meses para ver la ciudadela inca del siglo XVI.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company