En verano no se te ocurra descongelar los alimentos a temperatura ambiente

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Hay congeladores que son un erial. Que pasan su existencia apenas habitados por una triste bolsa de cubitos de hielo y algún que otro tupper olvidado y de enigmático contenido. Sin embargo, la congelación es un gran método de conservación de alimentos que nos da la oportunidad de disfrutar de productos fuera de su temporada y nos permite ahorrar tiempo y dinero. Eso sin contar que es un aliado imprescindible para quienes practican el batch-cooking o para quienes odian –o no saben– cocinar y acostumbran a hacer acopio de platos preparados cuando visitan a padres o abuelos.

Dejar la comida descongelando a temperatura ambiente no es buena idea Foto: Getty Creative
Dejar la comida descongelando a temperatura ambiente no es buena idea Foto: Getty Creative

Un congelador bien surtido es un bonus extra en la vida doméstica que se traduce automáticamente en ese lujo cada vez más cotizado que es el tiempo libre. Pero, ojo, porque saber descongelar correctamente es esencial para disfrutar de los alimentos en un estado organoléptico idóneo (textura, sabor, color, aroma…). Y, sobre todo, para evitar el riesgo de infecciones tóxicas por las bacterias que pueden desarrollar los alimentos sometidos a una descongelación inapropiada.

La clave para descongelar adecuadamente es utilizar el frigorífico”, dice Marta Roldán López, licenciada en Tecnología de los Alimentos y profesora de FP de Procesos y Calidad de la Industria Alimentaria. “Los alimentos deben ser descongelados en frío, a temperatura menor a 5ºC. El lugar ideal para hacerlo es la balda inferior del frigorífico.”

Recurrir a la solución exprés de descongelar a temperatura ambiente nunca es una buena idea. Y menos aún en verano. Es mucho más rápido que descongelar en frío, pero es como jugar a la ruleta rusa en lo que a seguridad alimentaria se refiere. ¿La causa? La rápida proliferación de microbios generada por el brusco contraste de temperatura entre el alimento congelado y el calor ambiental fuera de la nevera.

La mejor idea para descongelar es cambiar la comida de sitio: del congelador al frigorífico. Foto: Getty Creative
La mejor idea para descongelar es cambiar la comida de sitio: del congelador al frigorífico. Foto: Getty Creative

Hay que saber que “los alimentos tienen microorganismos, no son estériles”, dice Roldán. Y “la congelación como método de conservación no destruye estos microorganismos, simplemente detiene su crecimiento”, explica. Al descongelar a temperatura ambiente, la superficie externa se atempera rápidamente y puede alcanzar en seguida los 20-25ºC, incluso más, mientras el interior aún sigue congelado. “Esas altas temperaturas van a propiciar que esos microorganismos presentes en los alimentos se multipliquen. Además, los exudados que se liberan durante la descongelación –ese liquidillo que pierde el alimento–, es un nutriente para estos microbios. La suma de calor y nutrientes es un combo ideal para su desarrollo”, añade la experta.

Esta peligrosa dinámica puede dar lugar a toxiinfecciones por ingestión de alimentos en mal estado. Las más comunes a nivel doméstico son salmonelosis y campylobacteriosis. Descongelar en el frigorífico es más lento, sí; pero siempre es más seguro porque “garantizamos la regularidad térmica en toda la masa del alimento a lo largo del proceso. Y, como el frío impide que la mayoría de los microorganismos crezcan, estaremos evitando muchos riesgos”, dice la tecnóloga.

Descongelar por inmersión en agua es una opción. Foto: Getty Creative
Descongelar por inmersión en agua es una opción. Foto: Getty Creative

Para evitar la contaminación cruzada entre el alimento que estamos descongelando y lo que tenemos en la nevera, Marta Roldán recomienda “colocar los alimentos congelados en el frigorífico sobre un plato o bandeja que recoja los exudados, evitando que estos entren en contacto con el resto”.

El riesgo de desarrollar microorganismos es más elevado en los alimentos que se congelaron crudos que en los cocinados, ya que "un adecuado tratamiento térmico acompañado de una correcta manipulación permite que la carga microbiana sea menor”, explica Marta Roldán. Así mismo, “el riesgo de producir toxiinfecciones alimentarias es más elevado en alimentos de origen animal” que en los que no lo son.

Los olvidadizos, desorganizados o aquellos que siempre van con prisas deben tener en cuenta que no hay trucos para acortar el tiempo de descongelación. “La planificación es el mejor aliado”. Dependerá del tamaño del alimento, “pero de forma general hacen falta unas 24 horas dentro del frigorífico para que el proceso culmine de forma segura”. Sin embargo, sí hay dos métodos que pueden abreviar ligeramente este plazo.

¿Hay alguna opción más? “La descongelación por inmersión en agua es una opción, siempre y cuando se emplee agua fría que hay que renovar cada 20 minutos”, indica Marta Roldán. La experta aconseja “sumergir el alimento en agua dentro de un recipiente hermético o bien envuelto en film de uso alimentario y moverlo regularmente para que la pérdida de temperatura sea homogénea. Y no hacerlo nunca en agua caliente”.

El microondas es una buena opción para descongelar. Foto: Getty Creative
El microondas es una buena opción para descongelar. Foto: Getty Creative

Otra opción exprés es el microondas. “Hay que utilizar la función defrost, programando el tiempo según el peso del alimento. Puede realizarse tapado al principio y destapado al final, removiendo de vez en cuando para que la descongelación vaya acompasada.”

De cara al momento de consumo, “lo más importante es controlar que el producto se haya descongelado completamente, porque si no el cocinado será irregular y en el centro de la pieza –que al estar más frío tardará más en cocinarse– podrían sobrevivir los microorganismos”.

Y no perder de vista jamás una regla básica: el sentido común. “El hecho de que un alimento huela mal o tenga un color o aspecto extraños son indicios suficientes para no consumirlo”, alerta Marta Roldán. La pauta siempre ha de ser manipular de forma correcta los alimentos en nuestro hogar, ya que “algunas de las toxiinfecciones más peligrosas pueden producirse por alimentos aparentemente no deteriorados”. Para descongelar, tanto en inverno como en verano, la mejor opción es siempre el frigorífico.

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