El desarraigo de los desplazados armenios de Stepanakert

Emmanuel PEUCHOT
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Tuvieron que abandonar hogares, ganado, cultivos, bienes: lo perdieron todo. En Stepanakert, capital de la región de Nagorno Karabaj, los armenios desplazados por el conflicto con Azerbaiyán viven su cotidiano en el más absoluto desarraigo.

Entre 75.000 y 90.000, sobre los aproximadamente 150.000 habitantes de esta región, huyeron de los combates que duraron seis semanas en el otoño boreal.

Casi 20.000 pudieron regresar a sus casas tras finalizar los combates con el acuerdo firmado el 9 de noviembre, que consagra la derrota armenia.

Pero entre los territorios conquistados por los azerbaiyanos durante esta lucha y los que fueron restituidos merced al acuerdo, muchos armenios perdieron todas sus pertenencias sin excepción.

En Stepanakert, han sido dispuestos de forma provisional varios hoteles para alojar a los desplazados y centenares de ellos hacen a diario una interminable cola para obtener alimentos distribuidos por la Cruz Roja.

- "¡Váyanse!" -

Elmira Grigorian, de 70 años, acaba de recibir una pequeña bolsa de plástico conteniendo pasta seca, azúcar, conservas, pasteles... Vivía en un poblado en el límite entre el distrito de Martuni con el de Aghdam, retrocedido el 20 de noviembre a Azerbaiyán.

Ese mismo día los soldados de Bakú "llegaron de inmediato, nos apuntaron con sus fusiles y nos dijeron: '¡Váyanse!', todo esto es nuestro, de los azerbaiyanos. 'Entonces nos fuimos, abandonándolo todo'", se lamenta la septuagenaria.

"El viernes nos dijeron que regresáramos, con soldados (armenios y rusos de la fuerza de paz) y recogiéramos todos nuestros bienes. Aunque fuimos con soldados y esperamos durante todo el día (...) Ellos (los azerbaiyanos) nos dijeron: '¡Váyanse, no le daremos nada!'".

Marine Sargassian, de 55 años, junto a su nuera Angelika Astribabaian, de 23, y los hijos de ésta, un varón de 3 años y una bebé de 6 meses ocupan provisionalmente una habitación con tres camas y sin ventanas en un modesto hotel.

Vivían en la localidad de Shusha, a ocho km de Stepanakert, tomada por las tropas de Bakú el 8 de noviembre, víspera del cese el fuego.

Durante el tiempo que duró el conflicto bélico, se refugiaron al norte de Ereván, capital de Armenia. "Regresamos, pero no hemos encontrado una vivienda para alquilar. Las autoridades nos ofrecieron este hotel", dijo la mujer cincuentona, cuyo hijo es miembro de la policía militar.

En Shusha, poseían un apartamento de tres habitaciones y ganado en el campo cercano. "Ahora, no nos queda nada".

"Es terrible ser refugiados, sobre todo cuando tienes niños pequeños", confía Angelika. "Actualmente dispongo de 5.000 drams (divisa armenia, menos de 10 euros) para los próximos días. Pero luego no sé cómo voy a hacer...", añade con su mirada perdida.

- "No tengo más nada" -

Eric Mangassarian está irritado. Este hombre, de 35 años, con su rostro lleno de cicatrices, duerme en casa de amigos, y a veces en su coche. Muestra a los periodistas de la AFP un video filmado con su celular en el cual aparece junto a otros hombres capturando a dos soldados azerbaiyanos.

"Miren lo que hicimos. Yo no soy soldado pero combatí durante toda la guerra para defender mi tierra, nuestra tierra. Pero, tuve que huir, abandonar mi casa, mi pueblo, y ahora no tengo más nada y tampoco nos brindan nada. Nos sentimos desamparados", comentó con los ojos enrojecidos.

En un pequeño mercado techado de la capital, Nelson Arian, de 47 años, trabaja en un puesto de carnes. "No me pregunten cómo tuve que partir de mi pueblo", ahora territorio azerbaiyano, advierte con aire sombrío.

Recientemente fue empleado aquí. Se aloja con una hija y un hijo en un apartamento cuyo propietario es un vecino de su poblado, quien lo ayuda "puesto que cuenta con más recursos que yo".

"El Estado nos aporta ayuda, pero nos corresponde a nosotros mismos buscar trabajo y no depender solamente del Estado", afirma. "Si tienes brazos y piernas fuertes, entonces debes trabajar", insiste con renovado optimismo.

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