Desafío total cumple 30 años, el clásico que Arnold Schwarzenegger salvó del infierno

Cómo olvidar las patadas voladoras de Sharon Stone contra un portento físico como Arnold Schwarzenegger, a la mujer de los tres pechos, al taxi-robot o al Marte visionado por Desafío total. El clásico de la ciencia ficción se estrenó hace 30 años un 1 de junio de 1990, coronando a Arnie como héroe futurista en una película que ha logrado superar al paso del tiempo.

Y es que hay muy pocos largometrajes del género recién salidos de los 80s que hayan logrado envejecer tan bien como esta película. Sin embargo, sacarla adelante no fue nada fácil. No solo debemos agradecer al director Paul Verhoeven por hacer una película que nos haya dejado tantos recuerdos, sino también al mismísimo Schwarzenegger. Él fue el salvador real de Desafío total.

© 1990 Columbia/TriStar Pictures

La cinta, que por increíble que parezca cumple tres décadas, fue de las más costosas para la época con un presupuesto estimado entre los 44€/$50 y 53€/$60 millones, pero la apuesta salió redonda catapultando a Arnie como héroe futurista (ya era villano del futuro gracias a Terminator) y logrando una taquilla mundial que superó los 230€/$260 millones. Nada mal para un proyecto que tuvo un desarrollo infernal.

Desafío total está basada en un cuento de 1966 escrito por Philip K. Dick -Podemos recordarlo todo por usted- que contaba la misma historia de Douglas Quaid, un hombre ordinario que al no poder viajar a Marte decide cumplir su sueño con las memorias implantadas que ofrece una compañía, solo para recordar que era un agente secreto al que le habían borrado la memoria. La idea de convertirla en película se remonta casi 20 o 15 años antes de que llegara a los cines. Fueron los guionistas de Alien, Dan O’Bannon y Ronald Shusett, los que pensaron que sería buena idea plasmarla al celuloide y compraron los derechos de la historia cuando el autor todavía estaba con vida. Pero la idea iba a necesitar de un presupuesto importante y encontrar productores que quisieran financiar la locura fue imposible. Ningún estudio parecía interesado y durante varios años fue pasando por diferentes manos llegando a escribirse unos 40 guiones diferentes.

Fue recién a mediados de los 80s que el legendario productor Dino De Laurentiis quiso darle una oportunidad. La idea era que Richard Dreyfuss o Patrick Swayze la protagonizaran, dos nombres que ya nos indican que la versión de Douglas Quaid que veríamos aquí sería muy diferente a la de Arnie, quizás más dramática y bajo las órdenes del australiano Bruce Beresford (Paseando a Miss Daisy, 1989). La idea se estancó de nuevo hasta que el productor decidió darle el proyecto a un visionario como David Cronenberg. Pero la cosa salió muy mal. El director quería a un protagonista dramático como William Hurt y terminó peleándose con uno de los guionistas porque quería hacer una versión fiel al libro, y los escritores querían “una Indiana Jones en Marte”. Y si bien la idea de los mutantes marcianos y el personaje de Kuato fueron idea de Cronenberg, el cineasta terminó alejándose del proyecto mientras De Laurentiis tiraba la toalla tras el fracaso económico de Dune.

Y así, llegó el salvador… Arnold Schwarzenegger.

Arnie moría de ganas por interpretar a Douglas Quaid y el éxito lo avalaba. Venía de haber dejado huella con largometrajes como Conan (1982), Terminator (1984), Commando (1985), y otras dos historias futuristas y ciencia ficción como Perseguido (1987) y Depredador (1987). Incluso había demostrado su vis cómica en Los gemelos golpean dos veces (1988). Era una buena apuesta, tan buena que consiguió algo impensable: hizo que la productora Carolco comprara los derechos por 2,66€/$3 millones y le pagara a él un salario de 8,85€/$10 millones que incluía no solo el papel protagonista sino también poder absoluto para tomar decisiones, incluso por encima del director, productores, guionistas, reparto y hasta de marketing. Todo pasaría por él y si algo no le gustaba tenía la voz final. Él era la voz cantante. Desafío total era su película.

Fue él quien fichó a Paul Verhoeven para la silla de director después de quedarse impresionado por lo que había conseguido con RoboCop (1987). Fue Arnie también quien contrató a Gary Oldman para que ayudara a Ronald Shusett a desarrollar el acto final de la historia.

Y de esta manera, Arnie se salió con la suya. Su presencia convirtió a la cinta en una película de acción futurista que no solo regalaba escenas de infarto, sino que aportaba dosis de humor con una trama compleja en donde había espionaje, misterio, romance, traición y viajes interplanetarios con mensaje medioambiental incluido. Y hasta había acción punk y sátira, junto a una violencia que varios críticos calificaron de “extrema” pero que hoy se iguala al avance de las historias que hemos visto en pantalla con el paso de los años. Era una producción redonda. Desafío total fue una película completa, de esas que podemos volver a ver 30 años después y disfrutarla como el primer día aunque algunos efectos visuales hayan caducado. Desafío total sirvió de influencia para decenas de largometrajes que llegaron más tarde (donde no incluimos al fracasado remake de 2012), y todo esto hay que agradecérselo a Arnie.

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