El desafío de San Antonio: equilibrar el crecimiento con el patrimonio

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En 2019, cuando la Torre Frost Bank de 23 pisos abrió en San Antonio, el molinete de ocho lados de cristal representaba una década renaciente del desarrollo del centro de la ciudad. Fue la primera nueva torre de oficinas que se inauguraba ahí en tres décadas.

Para Randy Smith, el director ejecutivo de Weston Urban, una de las desarrolladoras detrás del proyecto, fue el comienzo de una nueva ola de actividad. Ahora que las oficinas han llegado al centro, lo que sigue es una nueva cascada de residentes.

Este año, comenzará la construcción de uno de los próximos grandes proyectos de la firma, una torre residencial de ladrillo de 32 pisos ubicada a unas cuadras de distancia.

“La Torre Frost Bank es un gran símbolo visible de una nueva era del centro de la ciudad”, comentó Smith. “Y la torre residencial será lo mismo”.

Sin embargo, defensores de la comunidad se oponen a una parte de este crecimiento, pues consideran que las nuevas torres de oficinas y apartamentos están invadiendo los vecindarios históricos de la ciudad que han formado un núcleo cultural del patrimonio mexicano-estadounidense.

“San Antonio tiene un centro histórico con un grado de conservación maravilloso, una reserva de edificios históricos y el Paseo del Río, y esa es la imagen que la ciudad le proyecta al mundo”, comentó Ian Caine, director del Centro de Investigación de Planeación Urbana y Regional en la Universidad de Texas, campus San Antonio. “Y por otra parte, es una de las ciudades de más rápido crecimiento en Estados Unidos, famosa por ser bicultural y un área de minorías-mayorías, así como una de las ciudades más segregadas y pobres de Estados Unidos”.

“Mientras San Antonio avanza, también intenta encontrarles sentido a estas historias contrastantes”, agregó Caine.

Un obrero trabaja en una construcción de la Universidad de Texas, campus San Antonio, desde donde se ve la Torre Frost Bank a la distancia, el 20 de septiembre de 2021. (Christopher Lee/The New York Times).
Un obrero trabaja en una construcción de la Universidad de Texas, campus San Antonio, desde donde se ve la Torre Frost Bank a la distancia, el 20 de septiembre de 2021. (Christopher Lee/The New York Times).

Aunque a menudo se le subestima al compararla con otras ciudades importantes de Texas, San Antonio ha sido una de las regiones metropolitanas de más rápido crecimiento en Estados Unidos desde hace años. Su población creció un 8,1 por ciento en la última década y se predice que albergará a un millón de personas más para 2040. Las desarrolladoras se están movilizando a un paso igual de veloz.

Varios proyectos a gran escala reafirmarán el reciente crecimiento del centro. La construcción del distrito Lone Star de 700 millones de dólares debería empezar este año; Essex Modern City, un distrito multiusos de 150 millones de dólares, por fin superó los obstáculos regulatorios y de financiamiento; y la segunda fase de redesarrollo dentro del parque Hemisfair iniciará este otoño. Entre otros proyectos notables se encuentran una torre de oficinas de madera maciza llamada Soto, una renovación de 450 millones de dólares del distrito histórico de Alamo Plaza y el desarrollo de nuevos parques y áreas verdes a lo largo del arroyo San Pedro.

“San Antonio sigue pasando desapercibido y, en mi opinión, es el secreto mejor guardado en Estados Unidos”, mencionó Jake Harris, socio gerente de Harris Bay, una desarrolladora con sede en Sacramento, California, que está detrás de varios proyectos en San Antonio, incluido el de Essex Modern City. “El crecimiento todavía no se ha traducido en los precios de los bienes raíces, por eso todavía se pueden encontrar buenas ofertas en lo que el capital institucional empieza a llegar”.

El nexo que junta estos hilos podría ser la expansión significativa del campus de la Universidad de Texas en San Antonio que se encuentra en el centro, el cual celebró un inicio de obra virtual en enero. La universidad, que espera atraer 15.000 alumnos más durante la próxima década, está agregando paisajes urbanos e instalaciones académicas, entre ellas la Escuela de Ciencia de Datos y el Centro de Colaboración en Seguridad Nacional, para impulsar el crecimiento en industrias del futuro.

Poder desarrollar este sitio se siente como la creación de un “distrito completo”, comentó Corrina Green, vicepresidenta adjunta de inmuebles, construcción y planeación de la universidad.

La expansión tiene el potencial de ser una incubadora de desarrollo, pero también es probable que catalice más desarrollo comercial y residencial en el centro de la ciudad, lo cual preocupa a algunos grupos de la comunidad.

En décadas recientes, el centro relativamente pequeño y caminable de San Antonio —gracias en parte a las calles que van en paralelo a los canales de irrigación de la era colonial española llamados acequias— ha sido superado por el desarrollo y el crecimiento suburbanos. Incluso ahora, los suburbios de ingresos más altos ofrecen 2,45 millones de metros cuadrados de espacio para oficinas en comparación con los 45.500 metros cuadrados del centro.

Los primeros proyectos destacaron el potencial de la zona, en especial la renovación de una cervecería que realizó Christopher Goldsbury, ex director ejecutivo de Pace Foods, que se convirtió en el distrito Pearl, un destino de entretenimiento. Sin embargo, las inversiones comenzaron a crecer de forma significativa en 2010, cuando el alcalde de aquel entonces Julián Castro emprendió la iniciativa Decade of Downtown.

Eso cambió el cálculo tradicional de la construcción del centro, comentó Kamil Alavi, socio de GrayStreet Partners, empresa que está desarrollando el sitio de Lone Star. Los proyectos que requerían la demolición y el remplazo de edificios viejos no fueron rentables ni tampoco algunos con terrenos no desarrollados, aunque estos límites fomentaron un reúso adaptativo que ha acentuado el patrimonio arquitectónico de la ciudad.

Ahora, hay más oportunidades, con 223.000 metros cuadrados de inmuebles en construcción en el centro, comentó Ryan Metz, un asesor de corretaje en ECR.

“Hay una disparidad entre la demanda de bienes raíces y lo que es el centro de la ciudad en la actualidad que no se solucionará pronto”, comentó Alavi.

Esa demanda y la necesidad de nuevas viviendas han preocupado a los defensores y los miembros de la comunidad de Westside, un vecindario de tienditas y casas muy unidas para una sola familia que es una fuente de viviendas asequibles para residentes de medianos y bajos ingresos, donde las casas a menudo se heredan de generación en generación.

“La gente ha vivido aquí durante generaciones, aquí es donde comenzó el movimiento chicano y hay una historia muy rica”, comentó Levar Martin, director de programas de la Asociación Nacional de Constructores de Activos de la Comunidad Latina, con sede en San Antonio. “No solo se trata de conservar las viviendas en existencia. Se trata de la cultura y la vida de la gente”.

El Centro Esperanza de Paz y Justicia ha ejercido presión a favor de las viviendas asequibles y el reconocimiento de la arquitectura histórica, y está restaurando once casitas y edificios históricos y reconstruyendo un museo donde se resalte la historia de Westside para crear el Rinconcito de Esperanza, un distrito cultural histórico.

La iniciativa Decade of Downtown invirtió en viviendas para la gente recién llegada a la ciudad, pero no para quienes habían vivido en el centro durante generaciones, señaló Graciela Sánchez, la directora del centro.

“Este vecindario es la isla Ellis de los mexicano-estadounidenses”, mencionó Sánchez, quien ha batallado para protegerlo, como cuando se unió a las manifestaciones comunitarias del año pasado en contra de los planes para demoler y reconstruir Alazán-Apache Courts, un proyecto histórico de viviendas públicas.

Autoridades de la ciudad y de vivienda están tratando de resolver lo que se avecina, en especial en el tema del acceso y la asequibilidad. El desarrollo anterior se enfocó más en aumentar la cantidad total de casas en el centro, comentó Mia Loseff, analista de políticas de Texas Housers, una organización sin fines de lucro centrada en las viviendas para gente de bajos ingresos. Las nuevas políticas e iniciativas deben estar más en sintonía con el fomento de viviendas para todos los niveles de ingresos y la consciencia de que “las viviendas más asequibles son las estructuras que ya tenemos”, agregó Loseff.

© 2021 The New York Times Company

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